El capitán retirado del Ejército venezolano, William Biancucci, camina por su despacho sin muchos muebles en Caracas, sosteniendo un ejemplar encuadernado en rojo de la constitución socialista de Hugo Chávez. Está discutiendo sus planes para comprar un avión privado y así viajar con mayor comodidad hacia y desde su finca en la selva del Amazonas, en Brasil. Desde una franja amplia de tierra con pasturas, ha fletado miles de vacas en barcos con destino a Venezuela.
Biancucci, de 55 años, quien creció en la pobreza, dice que obtuvo contratos para abastecer de ganado a Venezuela gracias a su amistad con oficiales militares que están actualmente en el gobierno. Su voz se carga de emoción al decir que ha sido admirador de Chávez desde el colegio militar, cuando el fallecido líder era su profesor de historia. En 1992, Biancucci se sumó a otros 140 oficiales con el fin de organizar un intento de golpe encabezado por Chávez. Si bien el golpe falló, Chávez fue electo presidente seis años más tarde, y los negocios de Biancucci prosperaron.
“El Socialismo es la solución para la pobreza”, dice Biancucci. En su caso, el socialismo de Chávez lo volvió rico, dice. “Soy socialista, pero me gusta tener billetes en mis manos”, dice, agitando el puño con un fajo de billetes imaginario. “Socialismo es riqueza”.
Biancucci pertenece a una camarilla de venezolanos allegados a Chávez que adquirieron riqueza durante sus 14 años en el poder y con su sucesor, el exconductor de autobuses y líder sindical, Nicolás Maduro. Las compañías de estos hombres de negocios han recibido miles de millones de dólares del Gobierno desde que Chávez asumió en 1999, por la distribución de alimentos, servicios bancarios y otras actividades, según registros públicos. Un análisis atento de quiénes son estas personas y cómo hicieron sus fortunas permite comprender por qué Venezuela, un país bendecido con las reservas petroleras más grandes del mundo, ha caído en el caos y la parálisis, mientras que individuos conectados políticamente se han vuelto ricos.
MANSIONES, AVIONES
El destino de Venezuela cambió dramáticamente en 1914, cuando la compañía que actualmente es Royal Dutch Shell Plc perforó el primer pozo petrolero comercial. Para 1935, Venezuela había pasado a ser el mayor exportador de petróleo del mundo, derramando riqueza a un grupo de élite cuyo patrimonio dependía de hacer negocios con el Estado, dice Kim Morse, profesora de historia venezolana en la Universidad Washburn en Topeka, Kansas.
El 4 de febrero de 1992, Chávez, que por entonces era teniente coronel comandante de paracaidistas, encabezó un intento fallido de derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez en medio de huelgas por recortes en el gasto público. Pérez encarceló a Chávez durante dos años. Esas acciones y el encarcelamiento hicieron que el líder carismático conquistara el apoyo del pueblo y allanaron el camino a la victoria presidencial aplastante de Chávez en 1998.
En tanto ayudaba a los pobres construyendo viviendas asequibles y brindando educación gratuita, Chávez también dejaba el poder económico en manos de una nueva élite, dice Morse. “Chávez simplemente cambió el funcionamiento del clientelismo, incorporando a gente nueva al sistema”, dice Morse, que coescribió ‘Venezuela: Latin America in Focus’ (ABC-CLIO, 2010). “La vieja clase alta fue reemplazada por los nuevos ricos elegidos por Chávez”.
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Algunos de los que se beneficiaron haciendo negocios con el Estado viven en mansiones y apartamentos de lujo, son dueños de criaderos de caballos en Florida, viajan en avión privado y juegan al polo.
Venezuela es, según muchos indicadores, una economía en quiebra. Escasean productos como carne, harina, plástico, autopartes y hasta el agua. La inflación anual alcanzó 61 por ciento en mayo, la tasa más alta entre 122 países monitoreados por Bloomberg.
En Venezuela, la economía dominada por el Estado es manejada por oficiales militares y sus intereses comerciales y los gubernamentales están entrelazados. Oficiales activos o retirados ocupan un cuarto de los 31 cargos a nivel de gabinete en la presidencia de Maduro, incluidos los ministerios de Finanzas, Electricidad, Alimentación e Interior. “Permitir que las fuerzas armadas, que tienen la mayor posibilidad de coaccionar al pueblo, ingresen en la actividad empresarial como lo han hecho representa un riesgo”, dice Harold Trinkunas, investigador sénior en Brookings Institution en Washington que ha publicado extensas investigaciones sobre el país.
Chávez, quien murió de cáncer el año pasado a los 58 años, hizo promesas audaces. Prometió utilizar la riqueza petrolera de Venezuela para ayudar a los pobres y transformar al país en una economía próspera y equitativa siguiendo el modelo de Cuba. Confiscó alrededor de 1,200 fincas, comercios y fábricas privados —en algunos casos durante el transcurso de su emisión televisiva semanal— y redujo a las empresas extranjeras a roles menores en los yacimientos petroleros del país.
Chávez —y posteriormente Maduro— también volvieron ricos a algunos de sus amigos con lucrativos contratos estatales, dice Henrique Capriles, gobernador del estado de Miranda que perdió por estrecho margen la elección presidencial frente a Maduro en abril de 2013.
ESCASEZ DE ALIMENTOS
Un área donde los amigos privilegiados de Chávez tienen un poder inmenso es la distribución de alimentos. Más de 20,000 tiendas y cantinas estatales están encargadas de abastecer a los venezolanos de productos básicos baratos como arroz, leche y carne vacuna. Chávez comenzó a construir esta red de distribución en 2003, tomando 40,000 dólares de millones anuales de los ingresos por las exportaciones petroleras.
A pesar de esa financiación, en mayo la producción de carne se había desplomado 36 por ciento respecto del mismo período el año anterior, según la Asociación Venezolana de Frigoríficos y Mataderos Industriales. Los trabajadores abandonaron muchas fincas y granjas que Chávez había confiscado en la medida que les resultaba muy difícil seguir funcionando debido a los controles de precios y la falta de insumos. En enero escaseaba más de uno de cada cuatro productos básicos, muestran las estadísticas más recientes del banco central.
LARGAS FILAS
La gente hace cola frente a un depósito estatal de alimentos con techo de carpa que es custodiado por soldados armados de ametralladoras. Los compradores sostienen firmemente los tickets que les otorgan el derecho a comprar pollo congelado, arroz y aceite de cocina subsidiados. Los alimentos se acaban antes de que los que esperan afuera puedan ingresar en la carpa.
El sistema estatal de alimentos ha estado plagado de deficiencias, una contabilidad laxa, pérdida de documentos y falta de auditoría y supervisión, según demostró la Contraloría General de la República en un informe del mes de abril.
El deficiente sistema de distribución de alimentos de Venezuela frustra al pueblo en tanto enriquece a individuos con conexiones políticas, dice Neidy Rosal, legisladora del estado de Carabobo que desde hace cinco años investiga el mal manejo del sistema. “Muchos están ganando dinero con la desesperación de la gente por la comida”, dice. “Están usando el hambre y el acceso a los alimentos para hacerse ricos. Es una desgracia”.
CONTROL GUBERNAMENTAL
El exministro de Alimentación, Félix Osorio, coronel del ejército, dijo en respuesta a una pregunta de Bloomberg Markets en una conferencia de prensa el 21 de marzo que el gobierno había eliminado los procedimientos deficientes que llevaron a que se pudrieran alimentos en los muelles comprándolos directamente a gobiernos amigos, como el de Brasil. “El Estado es el principal distribuidor de alimentos actualmente en Venezuela”, dijo Osorio, que fue reemplazado por el general Hebert García Plaza en junio. Tanto Maduro como García se negaron a hacer declaraciones para este artículo.
El Gobierno ha ido dando gradualmente un papel mayor a los militares en el sistema de distribución de alimentos, dice la legisladora Rosal. Biancucci, el capitán del ejército retirado que tiene el negocio de exportación de ganado en Brasil, dice que cuando las fuerzas armadas tengan un mayor control, se solucionará el problema de la mala administración que generó escasez. Exsoldados, como él, están sirviendo a su país, dice. “Todos en el sector alimentario son militares retirados”, dice. “Eso ayuda porque garantiza disciplina, orden”.
Biancucci fue contratista de construcción antes de entrar en el negocio de los alimentos con la administración Chávez. Inició su negocio en Brasil (habla portugués pues su madre es brasileña) en 2006, cuando compró una finca cerca de Belem, en la selva amazónica. Carga su ganado en barcos en Vila do Conde, un puerto en el delta del Río Amazonas. “Puedo cargar hasta 5,000 vacas por mes desde mis tierras”, dice Biancucci, vestido con una camisa safari de mangas cortas sobre una camiseta roja como las que vestía Chávez.
BANQUERO EXITOSO
Uno de los individuos más destacados en la élite del país de la era Chávez es Víctor Vargas Irausquin. Es presidente de Banco Occidental de Descuento, de Banco Universal CA, con sede en Maracaibo, conocido como BOD, el cuarto banco no estatal más grande de Venezuela. Vargas, expresidente de la Asociación Bancaria Venezolana, juega al polo en su propio equipo profesional, Lechuza Caracas.
Vargas lleva años celebrando públicamente las políticas económicas de Chávez y Maduro. En un discurso que pronunció el 5 de junio en Maracaibo, corazón de la industria petrolera de Venezuela, Vargas elogió a Chávez por ayudar a los pobres a obtener hipotecas. “Tenemos un sistema financiero sólido, robusto”, dijo. “Aquí sí me siento socialista porque le dimos la oportunidad a los más necesitados. Chávez restituyó el crédito hipotecario”.
Vargas era un banquero exitoso antes de que Chávez llegara al poder. En 1993, una sociedad anónima propiedad de Vargas compró BOD, dice Andrés Pérez Capriles, vicepresidente ejecutivo de BOD. En aquella época, BOD era un banco regional que operaba en el estado de Zulia. El banco de Vargas creció hasta convertirse en una franquicia nacional en tiempos de Chávez, cuando el presidente nacionalizó los bancos que no apoyaban a su gobierno. Ahora. Vargas es dueño de 95 por ciento del capital accionario de BOD, dice Pérez.
BOD ganó dinero recibiendo más depósitos públicos que ningún otro banco privado, según documentación obligatoria presentada ante Sudeban, el regulador bancario de Venezuela. Al 31 de diciembre de 2013, BOD tenía al menos 50 por ciento más de depósitos que cualquier otro banco privado, muestran datos de Sudeban.
NEGOCIOS RENTABLES
Hacer negocios con el gobierno es valioso para BOD, dice Pérez. “BOD participa activamente en dicho sector, fortaleciendo su relación con las empresas del Estado que manejan recursos del petróleo y otros minerales, así como, aquellos recursos provenientes de ingresos de alcaldes, gobernaciones e Institutos Autónomos”, dice Pérez.
Mientras Chávez vociferaba contra los ricos en su programa televisivo semanal, Vargas gastaba en un estilo de vida lujoso. En 2005, una mansión en West Palm Beach fue adquirida por 33.6 millones de dólares a través de una compañía donde un abogado de Vargas figura como alto ejecutivo, muestran registros inmobiliarios y corporativos. Tres años más tarde, una casa frente al mar se vendió por 68.5 millones de dólares a una empresa codirigida por el mismo abogado.
Quienes se enriquecen haciendo negocios con el gobierno venezolano pueden unas veces gozar de favores y otras veces perderlos, es lo que le sucedió a Ricardo Fernández. Antes de que Chávez llegara al poder, Fernández, con 49 años en la actualidad, ya tenía barcos de pesca, molinos de azúcar y harina y camiones de reparto. Se ganó el agradecimiento de Chávez en 2002 por no sumarse a una huelga petrolera nacional, dice Rodrigo Agudo, consultor de la industria alimentaria en Caracas.
Fernández ordenó a sus camiones que entregaran los alimentos, y Chávez recompensó a Fernández con contratos para abastecer al sistema de distribución en ciernes. “Fernández creció mucho gracias a la ayuda que le brindó a Chávez durante la huelga”, dice Agudo.
EMPRESARIO MULTIMILLONARIO
En un plazo de tres años, Fernández pasó a ser dueño de 41 empresas en cinco países, incluido su molino harinero en Puerto Cabello, una flota de pesca de atún en Panamá y una empresa forestal con sede en el Amazonas brasileño, según una auditoría con fecha 31 de diciembre de 2005 que encargó a KPMG LLP para sus banqueros. Su patrimonio neto ascendía a 1,600 millones de dólares, concluyó KPMG.
Transcurrida una década bajo el régimen de Chávez, Fernández descendió tan rápido como había ascendido. En 2009, Chávez tenía miedo de que algunos de sus magnates empresarios recién acuñados estuvieran volviéndose más poderosos que el presidente, dice Capriles, gobernador del estado de Miranda. En noviembre de 2009, fiscales de Caracas acusaron a Fernández de utilizar ilegalmente depósitos y préstamos de bancos en quiebra que había comprado al Estado el año anterior, muestran registros judiciales. El Gobierno lo encarceló por tres años. Pasó un año de ese lapso entre internaciones y altas en hospitales militares.
Mientras Fernández estaba en la cárcel, el Gobierno absorbió sus activos en Venezuela. El 6 de diciembre de 2012, un informe de Fogade, la agencia estatal que garantiza los depósitos bancarios, llegó a la conclusión de que Fernández no había desempeñado ningún papel en la malversación de fondos bancarios. Nunca tuvo un juicio.
En un país petrolero manejado por dirigentes que han prometido crear una economía socialista que beneficie a los pobres, millones de personas luchan cada día por conseguir lo básico. En este país bendecido con abundantes recursos naturales, son los amigos de Chávez y sus ministros —gente como Biancucci— los que han acumulado riqueza. “Hay un nuevo grupo social que floreció desde Chávez, una nueva élite, de la cual formo parte”, dice Biancucci.