A través de tropas que en un momento parecieron verdaderas colecciones de talento, Miguel Castillo colocó bien alto la vara por la cual se mide a los equipos del Bóer.
En una época se juntó a Nemesio Porras, Ramón Padilla, Freddy García, Orlando Ocampo, Barney Baltodano y Sandy Moreno, y el boerista se hizo exigente.
Y cuando Castillo agregó a los cubanos Alberto Torres Chacón, Carlos Mesa, Evenecer Godínez, y Omar Ajete, estructuró un plantel que no ha sido igualado todavía.
Sin embargo, esa referencia hace que con frecuencia se cuestione la consistencia de los nuevos clubes, incluyendo el actual de Julio Sánchez, que está en semifinal.
¡Es que este de equipo no batea mucho! escucho decir a menudo. Falso. En su line up, Julio Sánchez tiene ocho bateadores de .300, y el que no llega a esa cifra, tiene .294.
¡Su picheo es flojo! No es tan así. 3.63 no es para hacer fiesta, pero vale recordar que el Bóer perdió a Danilo Álvarez y tuvo lastimados a Róger Marín y Juan Serrano.
¡No tiene bullpen! No es uno de sus mejores rubros, pero el Bóer clasificó y no solo gracias a los abridores. Fulvio Delgado salvó 13 juegos y ganó cinco partidos.
¡Su defensa es insegura! Es probable, pero ha resuelto. Por lo general se está más pendiente del peso de Jass Vargas que de su aporte con el guante, y con el bate.
Está claro que este Bóer no se parece en nada a los que armaba Miguel Castillo, pero subestimarlo es ridículo. Y eso lo sabe mejor el Rivas, su rival en semifinal.
Precisamente, el Bóer le ganó la serie 3-1 al Frente Sur, y aunque eso es pasado, no deja de ser una referencia a considerar para proyectar lo que puede suceder, en una serie que debe ser peleada.
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