El cementerio militar del Monte Herzl de Jerusalén se quedó pequeño para albergar a los más de 30,000 israelíes que quisieron arropar a la familia del soldado Max Steinberg, caído en combate en Gaza y a quien la inmensa mayoría ni siquiera conocía.
«No. No lo conocía», era la tácita y reincidente respuesta que Efe obtuvo tras consultar a algunos participantes de la parcela D-8 del gigantesco cementerio, entre los que había militares y civiles, religiosos y laicos, hombres y mujeres, y, según varios llantos a lo lejos, hasta algún que otro bebé. «Le hemos venido a decir que, aunque no lo conociéramos, todo el pueblo de Israel somos su familia», dijo a Efe Aline Szewkies, una israelí oriunda de Brasil de 25 años que destacó que se trataba de un soldado que no tenía familia aquí y que «vino y se alistó voluntario en el Ejército porque creía que esta era su casa».
Para Raia Ashkenazi, de 21 años, es «lo menos que podía hacer por este combatiente». «No me sorprende toda esta gente aquí. Así es Israel», afirmó esta joven marcada por un notorio conjunto de tatuajes y vestimentas veraniegas que contrastaban con la más discreta forma de vestir de los participantes religiosos.
Como ella, tantos otros que conocieron por las redes sociales y los medios de comunicación la historia personal de un soldado que llegó solo desde EE.UU. y al que han querido agradecer «su sacrificio por nuestra seguridad», en palabras de la joven brasileña-israelí. Situado junto a los frondosos bosques de la parte oeste de Jerusalén, en un parque dedicado a honrar la memoria de los principales líderes israelíes y de los caídos en el campo de batalla, el cementerio del Monte Herzl es un «memorial nacional».
En la colina aledaña, está el imponente Museo del Holocausto, que completa la idea de los padres fundadores de Israel de dedicar esa zona de la ciudad santa a perpetuar el recuerdo del pueblo judío en un entorno casi flotante entre lo terrenal y lo celestial.
Con más de 3,400 tumbas, las más antiguas de la primera guerra árabe-israelí de 1948, el cementerio y sus alrededores estuvo hoy abarrotado durante las dos horas que duró el funeral, en el que se leyeron las tradicionales oraciones judías de «El malé rahamim» (Él que está lleno de clemencia») y el «Kadish» (oración fúnebre). «Vino solo, pero no estuvo solo. Miles hemos venido a despedirlo para sentir la unión (con él), la mayoría no lo conocíamos, pero dio su vida por defender Israel y los valores occidentales, por una razón justa», declaró a Efe Marcelo Goldin, de 50 años y que se radicó en este país a mediado de la pasada década de los ochenta.
Goldin, experiodista de origen argentino, rendía así tributo a un soldado del que dijo: «Dio su vida para que los árabes nos dejen vivir en paz, y nosotros dejarles a ellos». «Nosotros no hemos ido a matar a nadie. Nos atacan y tenemos que defendernos. Este soldado fue a Gaza a eso, a defendernos», insistió sobre las razones por las que Israel lanzó la actual ofensiva en Gaza (conocida como «Margen protector»), en la que han muerto más de 600 palestinos, la mayoría civiles, y 32 israelíes, de ellos 30 soldados y oficiales.
Militares que, debido a la situación de perenne conflicto y a que el servicio militar es obligatorio en Israel para hombres y mujeres, se convierten en hijos de toda la sociedad desde el mismo momento en que se visten con el uniforme.
Ellos 36 meses, ellas 24, los jóvenes israelíes ven en el servicio militar casi una obligación divina con la sociedad, y son miles los que se presentan voluntarios a las unidades más arriesgadas, como el fallecido Steinberg. De 24 años y nacido en Los Ángeles en el seno de una familia judía, llegó a Israel en 2012 guiado por fuertes ideales sionistas, una decisión que acabó costándole la vida pero por la que, según su padre, «no siento hoy ningún arrepentimiento».
Steinberg murió la madrugada del sábado al domingo pasados en el castigado barrio gazatí de Shahaiya, cuando una granada antitanque disparada por milicianos palestinos impactó en el viejo vehículo blindado (un M113 cuyas primeras unidades entraron en servicio antes de la Guerra del Vietnam) en el que se desplazaba con otros ocho soldados, siete de los cuales perdieron la vida.
En el devastado barrio han muerto también más de la mitad de los 30 militares israelíes fallecidos en el actual conflicto armado, así como un centenar de palestinos, en su mayoría civiles.
«Sentimos también el dolor por la gente en Gaza, no queremos que muera ningún civil inocente, pero Hamás pone sus cohetes dentro de centros civiles», afirmó Szewkies en respuesta a una pregunta que a la mayoría de los israelíes les cuesta plantearse estos días de luto, en los que entierran «a los hijos de toda la sociedad».