Tegucigalpa/ACAN-EFE
El ministro de Seguridad de Honduras, Arturo Corrales, dijo hoy que en la muerte violenta del periodista Herlyn Espinal, quien había desaparecido desde el domingo en el norte del país y cuyo cadáver se encontró hoy lunes, se descarta el secuestro.
Corrales no precisó de cuántos disparos murió Espinal, quien trabajaba para un canal de televisión, y el cadáver no presentaba evidencias de torturas.
Espinal, de 30 años, desapareció en la madrugada del domingo después de haber estado departiendo con amigos, según versiones difundidas por la prensa local.
Corrales dijo que, antes de su desaparición, Espinal estuvo en tres sitios en Santa Rita, de donde era originario.
«Se sabe dónde estuvo, con quiénes estuvo, hasta qué horas estuvo, qué movilizaciones hizo», indicó el alto funcionario, quien además explicó que algunos detalles no podía revelarlos porque las investigaciones del caso continúan.
Dijo además que hay información sobre las llamadas telefónicas que Espinal hizo antes de su desaparición y los lugares desde donde las hizo, lo que facilitó el hallazgo de sus restos.
Agregó que hasta ahora nada hace suponer que Espinal haya sido asesinado por asuntos ligados al ejercicio de su profesión.
Los restos de Espinal fueron hallados hacia el mediodía en Centroamérica en un predio cercano a una carretera entre La Barca y Santa Rita, departamento de Yoro.
Hasta las 17.30 horas locales (23.30 GMT) del lunes los equipos de medicina forense no habían llegado a la escena del crimen para levantar el cuerpo del comunicador, de 30 años.
Sobre el caso han trascendido al menos dos hipótesis, sobre las que Corrales dijo que por ahora no entrará en detalles porque las investigaciones no han concluido.
Según el informe preliminar del titular de Seguridad, cuando se produjo el hallazgo de Espinal habían transcurrido «varias horas» de su muerte. Espinal trabajaba para el Canal 3 de la Corporación Televicentro en San Pedro Sula, norte de Honduras.
Según el estatal Comisionado de los Derechos Humanos, unos 43 periodistas fueron asesinados en Honduras entre 2003 y 2013, sin que la mayoría de los casos hayan sido esclarecidos.