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ELa mala hora del frijol rojo comercialización

comercialización Amalia Morales E n Jalapa, a unos pocos kilómetros de la frontera con Honduras, Ariel Laguna se alista para arrancar frijoles en la cosecha de primera, contrario a lo que ocurre en el Pacífico y Occidente del país, donde la sequía ocasionada por el fenómeno climático de El Niño prácticamente ha malogrado la primera […]

comercialización

Amalia Morales

E

n Jalapa, a unos pocos kilómetros de la frontera con Honduras, Ariel Laguna se alista para arrancar frijoles en la cosecha de primera, contrario a lo que ocurre en el Pacífico y Occidente del país, donde la sequía ocasionada por el fenómeno climático de El Niño prácticamente ha malogrado la primera cosecha de frijol. Aunque la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG) está considerando incluir a Jalapa en el Corredor Seco por la falta de agua, Laguna dice que allí sí está lloviendo y que habrá frijol en la siembra de primera.

“Va a haber frijol en Santa Clara, San Fernando, Quilalí, Jalapa, Jícaro, Teotecacinte (frontera con Honduras), Guanacastillo”, describe este reciente productor de frijol.

Laguna, de 33 años y originario de Estelí, entró al mundo del cultivo de frijol hace unos siete años.

Antes, desde los 12 años, solo se había dedicado a comercializar con este grano básico que siembran unos 140,000 productores en todo el país, según cifras de la UNAG. La venta de frijol es un negocio familiar para Laguna. Su mamá, María del Carmen Benavídez, lleva treinta años dedicados a comercializar frijol al por mayor en el mercado de Estelí.

Comprando y vendiendo frijol, Laguna ha recorrido de arriba abajo el país. Dice que a veces va a San Carlos, El Rama, Siuna a comprar este grano del que los nicaragüenses consumen cerca de tres millones de quintales anuales.

Pero el frijol que Laguna compra pocas veces sirve para abastecer el mercado nacional. Él trabaja con salvadoreños, hondureños y costarricenses, quienes cada vez más vienen a comprar el frijol rojo nicaragüense.

Desde hace unas semanas, Laguna dejó Estelí, donde está escaso el frijol rojo, y se trasladó a Jalapa para coordinar la cosecha de las veinte manzanas que sembró. En esa misma tierra plantó chiltomas y tomates. Laguna calcula que en 15 o 20 días en esa zona van a recoger “frijol camagüe”. Y al menos él, y otros productores, ya tienen comprador. Ese frijol camagüe se “va a quedar aquí no más”, dice Laguna, pero no se refiere al mercado local, ni regional, sino a los compradores hondureños que están a unos pocos kilómetros.

“En Honduras están pagando 120 dólares por el frijol rojo”, dice Laguna, quien además del precio ventajoso, por encima de los dos mil córdobas, —quizá el máximo precio que le pueden pagar en el país— no tiene que recorrer trescientos kilómetros de distancia hasta la capital, porque el negociante catracho se lo llega a comprar hasta la puerta de la finca.

Laguna ya tiene casi “amarrada” su cosecha con los catrachos, igual que otros compradores de la zona.

“El mercado del frijol es uno de los más desorganizados”, reconoce Álvaro Fiallos, presidente de la UNAG.

Como resultado de esa “desorganización” este año el precio del frijol se disparó. En los mercados se cotiza por encima de los 24 córdobas, y podría aumentar si no hay cosecha de primera, a pesar de que según las cuentas de los productores se cosechó suficiente frijol para satisfacer la demanda de la población y aun para vender.

Las estimaciones oficiales arrojan una cosecha aproximada de cinco millones y medio de quintales de frijol rojo y negro, de los cuales el mercado local absorbe alrededor de tres millones. Del restante, 1.1 millones de quintales fueron del negro y cerca de un millón del rojo. Gran parte de ese rojo restante ya se exportó.

En la cadena del cultivo: productor, intermediario, consumidor, el hueco ha estado en los intermediarios. Fiallos, a coro con los productores, apunta a los intermediarios y comerciantes de esconder el frijol para especular con el precio.

SIEMBRA PARA SUBSISTIR

La “desorganización” de la que habla Fiallos tiene su origen en el que el productor nacional de granos básicos siembra lo que puede, produce para comer y lo que “sobra”, dice Fiallos, lo vende. “Se siembra por cultura y no por una necesidad de producir riqueza como la agricultura empresarial”, dice el representante de los productores.

Según cálculos de esa organización, en el país existen entre 140,000 y 300,000 productores dedicados a la siembra de granos básicos: frijol y maíz.

Los productores siembran alrededor de dos manzanas de frijol en promedio, anota Fiallos. “Es raro el que siembra más de cinco manzanas”, dice Fiallos, quien explica que sigue un esquema de cosecha simple: parte de la cosecha se deja para el autoconsumo, otra parte se guarda para volver a sembrar en los tres ciclos del año (primera, postrera y apante) y el resto se vende.

“Estimamos que de la producción de frijol puede ser que ande entre el 25 y 30 por ciento de autoconsumo. El resto va al mercado local y a la exportación”, dice Fiallos, quien aclara que ese “lo que sobra” puede ser hasta un setenta por ciento para vender.

“Te encontrás con gente que ha sembrado con las lluvias, pero siembra porque tiene que comer”, no tanto por el precio en el mercado, insiste el representante de los productores, quien pronostica que “va a haber problemas a partir de agosto” si no llueve.

EL MUNDO INTERMEDIARIO

De las veinte manzanas sembradas, Ariel Laguna espera cosechar unos 350 quintales de frijol, de los cuales venderá la mayoría. Si todo le sale de acuerdo con sus cálculos, va a guardar para semilla cuarenta quintales, seis para el autoconsumo y el resto, alrededor de 250, para la venta.

Laguna dice que, si bien el frijol está a 120 dólares en Honduras, la cosecha de los otros productores él va a pagar alrededor de dos mil córdobas, porque a eso hay que sumarle los siete dólares que se pagan en la frontera por pasar el producto.

En el circulo vicioso del frijol, Fiallos dice que “los intermediarios se aprovechan del pequeño productor, le van a comprar a la puerta de su finca y le pagan lo que les da la gana. Siempre hemos puesto el ejemplo que el productor vendió entre 600 y 1,200 córdobas, este año”.

“Sin embargo vos en el mercado comprás tu frijol a 1,500, después de a 2,000 o 2,500, esa diferencia de precios ¿quién la tiene? No la tiene el productor, la tiene el intermediario”.

“Los márgenes de ganancia son pocos”, dice Miguel Casco, acopiador de frijoles en Condega, quien explica que en estos tiempos de escasez, dos mil córdobas es el precio mínimo que se puede pagar por un quintal de frijoles.

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Los acopiadores de Condega consultados hablan de una ganancia que oscila entre los 30 y 50 córdobas.

“En este país sobrevivimos, nadie se hace millonario”, dice Casco, quien acopia frijoles en ese municipio desde hace unos 18 años.

Fiallos no cree que la ganancia sea tan poca. “Vos nunca has oído a la marchante del mercado diciendo ‘no te puedo bajar más mamita porque ya estoy perdiendo’, eso misma pasa con el intermediario”, apunta.

Según Casco, en Condega hay unos 18 acopiadores de frijol que viajan hasta las fincas de los productores y luego revenden el frijol en Estelí, la cabecera departamental, que está a unos 25 kilómetros.

En época de cosecha, acopiadores como Casco y Heriberto Hernández viajan hasta las fincas y recogen diariamente entre 200 y 300 quintales de frijol.

Pero ahora, Casco dice que no está saliendo porque no hay producción. “Aquí nadie tiene”, dice Casco, mostrando los últimos dos sacos de frijol que están en su bodega revueltos con sacos de maíz.

Ese “residuo” lo ha dejado para el consumo de su casa y para venderlo menudeado en su pulpería, en una esquina a pocas cuadras del parque central.

Otra opción de estos acopiadores es la cooperativa local, que acopia la producción de sus socios y se las vende al grupo de acopiadores. “Aquí la cooperativa Fundenuse compra y nos vende los frijoles, nos dicen que por diez pesos no van a ir a Managua para venderlo allá, mejor lo dejo aquí”, explica Hernández.

En estos días, la economía de Condega parece deprimida, hay poco movimiento en el comercio. Los pulperos y vendedores temen que la “palmazón” se agudice después de agosto si no sale la cosecha de primera.

“Ha llovido poco”, dice Heriberto Hernández, otro acopiador de frijol. En la bodega de Hernández, donde caben unos quinientos sacos, no hay sacos de frijol, solo de maíz.

“El que viene del Mayoreo dice ‘está a tanto en Managua’ y entonces ese va a ser el precio y así es también el extranjero”, explica Casco.

Hernández dice que el “comprador de Managua viene a comprar aquí para revender a los mercados” capitalinos.

Algunos intermediarios de Condega y Estelí reconocen que trabajan para compradores más grandes, quienes los llaman por celular y les preguntan qué cantidad tienen para mover un camión o una rastra.María del Carmen Benavídez, comerciante de frijol desde hace treinta años, a veces reúne hasta setecientos quintales para llenarle un camión a unos clientes salvadoreños, quienes le pagan por adelantado y le envían el vehículo para transportar el producto.

Los campesinos también venden su cosecha al precio que le impone el comprador porque no tienen tiempo de esperar. “Vos estás en tu finca no te movés o le debés a la pulpería o le debés a alguien que te prestó y además tenés otras necesidades que tenés que resolver porque en la economía del campesino no hay tiempo para esperar”, explica Fiallos sobre la cadena del frijol.

LAS RESTAS

La cadena de intermediarios de frijol es más intrincada de lo que parece. A veces los acopiadores también hacen las veces de intermediarios del grano.

Hernández dice que en las comunidades hay compradores que luego se las venden a acopiadores como él. “En las comunidades hay compradores, entonces ellos hacen los enlaces con nosotros, trabajamos así con gente de Wamblán, Estelí, Ayapal, Yalí y con gente de alrededor de Condega”, dice Hernández, quien asegura que en esa zona no se ha acaparado el frijol, como dijo el Gobierno semanas atrás, que declaró una guerra a los supuestos especuladores.

Aunque la UNAG no cree que sembrar frijol negro haya impactado en la crisis del frijol rojo, algunos acopiadores sí creen que el cultivo de chía restó la cosecha del grano rojo.

“Por la chía no hubo muchos frijoles porque la gente sembró bastante chía”, dice Hernández.

Los comerciantes de Condega y Estelí también culpan de la especulación a Enabas (Empresa Nicaragüense de Alimentos Básicos) ya que estuvo en la zona comprando a 600 y 800 córdobas el quintal.

Según Casco, Enabas y Albanisa entraron a comprar frijol y maíz en febrero y marzo. Algunos dicen que en la época de los sismos el Gobierno mandó a comprar granos básicos al norte del país.

En la zona de Jalapa, Laguna recuerda que vio camiones de Enabas en la etapa de la cosecha de primera del año pasado y lo compraban a seiscientos córdobas.

Al productor no le gusta venderle a Enabas, según Laguna, porque tenés que limpiarlo, quitarle impurezas, y eso representa más trabajo para el productor.

No obstante, Fiallos dice que Enabas no tiene capacidad para adquirir más del diez por ciento del total de la cosecha y cree que lo acopiado por Enabas probablemente ya se sacó.

Laguna cree que ese primer lote es parte del frijol solidario que se ha vendido en barrios capitalinos a 15 y 16 córdobas, del que la población se queja de que es bastante duro. “Ese frijol se cuece a los 150 minutos”, dice y explica que uno suave es el que se cuece en cuarenta minutos o en menos de una hora.

SI LLUEVE

Una alternativa que se está explorando para mejorar el precio del frijol es que se venda a acopiadores organizadores que pagarían un poco más, pero los productores tendrían que garantizar un frijol limpio, seco y empacado.

Este tipo de acopios, que apenas se están estableciendo en el norte del país, ahora dan empleo a unas mil mujeres, que según Fiallos, son más detallistas a la hora de espulgar el grano rojo.

Otra alternativa para acercar al productor con el consumidor y romper con el eslabón del intermediario son las ferias de productores en las ciudades.

Laguna, uno de los pocos que siembran con más fines comerciales que de autoconsumo, cree que en algún momento del año el frijol volverá a bajar.

Eso va a depender de la cosecha que en zonas como Condega no es muy alentadora. Por falta de agua en algunas zonas se ha secado el sesenta por ciento de lo sembrado, según calculan directivos de Fundenuse (la cooperativa local).

Según sus pronósticos, el quintal volverá a oscilar entre los 1,500 y 1,200 córdobas, pero eso va a depender de lo que decida “el de arriba”, va a depender de la lluvia.

No se habla tanto de la crisis de maíz como de frijol, tal vez porque los productores sembraron y guardaron para su autoconsumo o más bien porque el Gobierno ha importado este grano, que tiene más peso en la dieta de los nicaragüenses que el frijol.

Según Álvaro Fiallos, la economía nicaragüense consume alrededor de 11,000 millones de quintales al año de maíz, eso representa tres veces más de lo que se consume de frijol, que oscila entre los 2.7 a 3 millones de quintales. Fiallos dice que no hay frijol. Sin embargo, en Condega y en Jalapa productores e intermediarios aseguran que tienen maíz, pero que no es un cultivo atractivo para vender. “Aquí los productores están desmoralizados con el maíz, no lo quieren sembrar, más que el que se van a comer”, dice Ariel Laguna, productor de Jalapa.

“El maíz lo estamos comprando a tres y medio (350 córdobas) para darlo a cuatrocientos y el sorgo a 370 para darlo a cuatro (400 córdobas), pero no tiene mucha demanda. Aquí el que pega duro es el frijol”, dice Heriberto Hernández, acopiador de Condega.

Mientras que en Managua el precio del maíz oscila entre los cuatro y cinco pesos.

140,000 productores de frijol existen en el país, según cálculos de la UNAG. Los productores siembran un promedio de dos manzanas. El productor de frijol combina este cultivo con la siembra de maíz y tubérculos y hortalizas.

5.5 millones y medio de quintales de frijol se produjeron este año, de los cuales alrededor de 2.7 millones son consumidos por los nicaragüenses. Alrededor de un millón de quintales se dispusieron para la exportación.

1,100,000 quintales de frijol negro se produjeron. Este frijol tiene demanda en muchos países; sin embargo, su producción apuntó al mercado venezolano. Algunos creen que la siembra de frijol negro habría afectado la del rojo.

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