Tania Sirias
Dos noches sin dormir llevaba Dora María Téllez aquel 19 de julio de 1979. Tenía una tarea muy importante, la de llevar a su tropa, el Frente Occidental “Rigoberto López Pérez” de León hasta Managua y celebrar el triunfo de la revolución popular.
Las noches anteriores habían sido tensas para los comandantes, ya que desde Costa Rica se negociaba la salida del dictador Anastasio Somoza Debayle. En esas pláticas participaron el exvicepresidente Sergio Ramírez y Humberto Ortega por parte del Frente Sandinista y delegados del expresidente de Estados Unidos, Jimmy Carter.
“Los jefes de guerra estábamos al tanto de los términos que se habían establecido, entre esos, que Somoza tenía que salir (del país) el 17 de julio y que su avión saldría en la madrugada. Que (Francisco) Urcuyo (Maliaños) iba a quedar ejerciendo los poderes de presidente, mientras se entregaba la banda a la Junta de Gobierno, la cual se trasladaba hacía Managua”, recordó Téllez, también conocida como la comandante Dos.
Lo más dramático, recuerda Téllez, fue la madrugada del 17 de julio de 1979, cuando por el cielo cruzaba el avión que llevaba a Somoza Debayle. Era el momento que habían esperado por décadas los nicaragüenses.
“No podría describirlo, era un sentimiento de irrealidad. Después, el 20 de julio al ver a la gente en las calles, era una emoción elevada y combinada, ya que se tenía un sabor agridulce por los compañeros que habían caído los días y meses antes al triunfo de la revolución”, recordó Téllez.
CENSURA Y FRAUDES ELECTORALES
Los motivos por lo que muchos jóvenes se fueron a la lucha armada era porque en el país no había libertad de pensamiento, de expresión y sobre todo los múltiples fraudes electorales. Téllez expresó que la dictadura somocista reprimió ya en el último periodo, pues años antes habían logrado que el mismo pueblo se autocensurara, de forma que “todos sabían qué decir para no meterse en problemas”.
En 1973, el Frente Sandinista capta entre sus filas a un seminarista estudiante de Filosofía. Su trabajo fue asumir la dirigencia del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León). Luego, en 1978 fue el impulsor del Movimiento Pueblo Unido (MPU) y a fines de este mismo año, Víctor Hugo Tinoco pasa a la clandestinidad, siendo trasladado a la columna “Pedro Altamirano”.
“Incluso esos recursos se pueden utilizar para mejorar los salarios de los nicaragüenses, que están tan deprimidos. Hoy los nicaragüenses ganan menos que hace diez años, es decir, se ha venido empobreciendo la población nicaragüense. Esas campañas publicitarias tan caras no tienen piedad de la pobreza que está pasando Nicaragua”, lamentó Tinoco.
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- “La revolución ha sido traicionada, ha sido usurpada y manoseada, para sostener de manera indefinida un gobierno dictatorial. Eso no fue lo que se soñó en la revolución”. Vilma Núñez de Escorcia, activista de los derechos humanos en el país.
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Para Tinoco, el significado de la revolución era ponerle fin a una dictadura familiar, la cual había durado más de medio siglo en el país.
“Es una fecha histórica, porque significó desmontar toda la estructura que el somocismo había creado en décadas. Era destruir todo el sistema judicial, militar, policial, por lo que es considerado uno de los hechos políticos más importantes del fin de siglo de Nicaragua”, dijo Tinoco.
DICTADURA EN EL FSLN
Téllez reafirma que aquellos jóvenes revolucionarios lograron acabar con una dictadura, pero lo que no se logró fue “derrotar el sistema político del somocismo que quedó en la cabeza de mucha gente”, incluso, en las mismas filas del Frente Sandinista.
“Aún hay vestigios de ese modelo autoritario, dictatorial, intolerante, restrictivo de la libertad, caudillista, clientelista y que dominaron el sistema político del país”, sostuvo Téllez.
¿Ese modelo se aplica a lo interno del Frente? Se le preguntó a la guerrillera, a lo que respondió que “la evidencia dice que sí”.
Téllez agregó que el Frente Sandinista de hoy no es el de 1979, tampoco el de 1985, sino que es “un partido político clientelista, con una corrupción elevada y con rasgos muy similares a lo que fue la dictadura somocista en sus tiempos de tranquilidad, ya que al igual que el somocismo reprimen con paramilitares y grupos de choques, además que hay complicidad con los organismos militares y policiales.
UN CULTO A ORTEGA
Para los protagonistas de la revolución, en nada se asemeja aquella celebración histórica del pueblo con lo que ahora se observa en las tarimas llenas de flores, donde solo se destaca el culto a la personalidad del presidente inconstitucional Daniel Ortega.
“Es una ironía, ya que el actual 19 de julio sirve para tratar de fortalecer lo que destruyó la revolución del 79, que era acabar con una dictadura familiar. Estos 19 de julio se caracterizan por el culto a la personalidad, la alabanza al gobernante y al poder de la familia gobernante. Es lo contrario por lo que se luchó”, lamentó Tinoco.
Con voz entrecortada, Vilma Núñez de Escorcia recuerda lo que significó aquel 19 de julio de 1979. Para ella fue un festejo nacional donde la población se autoconvocó a la Plaza de la República, todo lo contrario a lo que ahora ocurre, cuando muchos trabajadores del Estado son obligados a participar en este evento, bajo la amenaza de despidos si no son vistos en este acto político.
“La familia Ortega Murillo ha puesto en duda la espontaneidad de la movilización de la población, ya que en los años noventa la gente se autoconvocaba, pero ahora los obligan a llegar. Para mí esta celebración causa tristeza, porque es sentir en carne propia la traición”, expresó Núñez de Escorcia.
Núñez recuerda que todavía en 1990 ella formaba parte de la celebración oficial del Frente Sandinista, pero fue en 1998, luego de la denuncia por violación que hiciera Zoilamérica en contra de Daniel Ortega, que ya no volvió a participar en los actos del 19 de julio.
“Lo que hoy celebra el Frente Sandinista no es más que una caricatura de lo que fue aquel 19 de julio de 1979, el triunfo de la revolución”, indicó Núñez de Escorcia, quien sufrió hasta “carceleadas” por luchar en contra de la dictadura somocista.
Lo más lamentable de esta celebración, expresó Dora María Téllez, es que toda la sangre derramada, que fue trágica para las madres, padres, esposas, hijos y hermanos, vean que cada 19 de julio lo celebran una familia que está emulando a la dinastía de los Somoza.
Todo el sentir de una generación es echado por la borda y comprometen el futuro de este país por los intereses de una familia. “¿Qué es lo que queda?”, se cuestiona Téllez, a lo que se responde: “Seguir luchando para que en Nicaragua haya libertad y democracia”.

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