Eduardo Cruz
Emilio Álvarez Montalván aprovechó que en julio del 2009 el Gobierno le otorgó la condecoración José T. de Marcoleta para criticar lo que él llamó “abuso de poder” por parte del presidente Daniel Ortega.
Ya una vez, Álvarez Montalván también había criticado de frente a un presidente. Anastasio Somoza Debayle le había confiscado una lancha a Tito Chamorro porque en ella se movilizaban guerrilleros y luego, recién ocurrido el terremoto de 1972, Somoza Debayle invitó a Álvarez Montalván a dar un paseo por la isla Zapatera. “Ahora que ya le devolviste la lancha a Tito Chamorro”, le contestó la invitación y Somoza le replicó: “Aaaah, no te componés, siempre tan radical”. No siguieron hablando.
Así era Álvarez Montalván, nacido en la Managua de 1919, a la que él llamaba “una aldea polvorienta en el verano y lodosa en el invierno”.
Desde 1949, cuando regresó de Santiago, Chile, donde estudió medicina, Álvarez Montalván alternó su profesión de médico con su actividad política, casi siempre como opositor. Relataba que su profesión la utilizaba para realizarse como persona y para mantener a su familia, mientras que estaba en política para “servir en cuanto pudiese al país”.
En el club social de Managua de los años cuarenta conoció a quien sería su esposa, Carmen Guerra Molina, hija de Adán Guerra. Álvarez Montalván recordaba que en un “carro viejo” sacaba a pasear a Guerra, porque “así se enamoraba en esos tiempos” y luego se casaron en 1950. En 2013 falleció Guerra, cuando tenían 63 años de casados y habían procreado seis hijos.
Desde entonces los días se hicieron más tristes para Álvarez Montalván, confinado en su casa, en Carretera Sur, en una propiedad conocida como Mayales. La ancianidad fue una etapa de su vida muy dura. “Todos los días es domingo”, decía.
[doap_box title=»Dos veces preso» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]En 1954, cuando los llamados Sucesos de Abril que intentaban derrocar a Anastasio Somoza García, Emilio Álvarez Montalván estuvo 18 meses preso. Relataba que la Guardia Nacional lo tenía “fichado” y por eso, cuando en septiembre de 1956 Rigoberto López Pérez mató a Somoza García, también cayó preso.
A pesar de que realmente estuvo involucrado en la conspiración de abril del 54 contra Somoza, Álvarez Montalván asegura que él y Pedro Joaquín Chamorro jamás estuvieron de acuerdo en matar a una persona indefensa.
En 1979, poco antes del triunfo de los sandinistas, el venezolano Carlos Andrés Pérez llamó a Álvarez Montalván para consultarle si deseaba ser incluido como miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN). “No tengo confianza en los sandinistas”, fue la respuesta de Álvarez Montalván.
Y en 1989, cuando se conformó la Unión Nacional Opositora (UNO) que llevó a la presidencia a Violeta Barrios de Chamorro, Álvarez Montalván fue una pieza clave en la conformación de la alianza.
Montalván fue influyente en muchos episodios de la historia del país, y también un crítico que con sus opiniones ayudó a la consolidación de la democracia en el país.[/doap_box]
Ya en 1978 Álvarez Montalván había pasado por uno de los más dolorosos momentos de su vida, cuando cadetes de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) mataron a su hijo Carlos Roberto, quien pasaba cerca de la escuela militar para ir a traer a su padre que estaba trabajando en su clínica.
UNA NIÑEZ “COMPLICADA”
Su progenitora, Juanita Montalván Herdocia, falleció cuando él solo tenía dos años de edad. “Como mi padre (el juez local e historiador Emilio Álvarez Lejarza) quedó viudo, me crié con mi abuela materna Pilar Herdocia”, relataba.
Álvarez Montalván afirmaba que le correspondió “una niñez complicada”, porque a veces estaba con su abuela Pilar, en una casona donde reinaba la opulencia, y otras veces estaba donde su padre, donde había pobreza. “Me gustaba más estar donde mi abuela”, admitía.
En la casa de la abuela Pilar, procedente de una familia ganadera de León, había muchos dormitorios, cuatro corredores, un jardín y secciones especiales para los trabajadores que ordeñaban el ganado y procesaban el queso y también para los empleados domésticos. Allí también acostumbraba jugar rayuela, trompo y saltar la cuerda con sus primas Haydée, Adela, Pilar y Raúl.
La abuela Pilar tenía tanto dinero que ni siquiera iba a las tiendas, sino que mandaba a llamar al comerciante libanés Asad Zogaib y compraba prendas de vestir sin preguntar precios.
En la casa de su padre no había comodidades, pero sí muchos libros de política, derecho e historia.
En Managua, Álvarez Montalván rememoraba que vivía “aburrido” porque “no pasaba nada”. “La dictadura de Somoza controlaba todo”, solía decir. Pero la vida le cambió cuando su padre lo mandó a Santiago, Chile, a estudiar Medicina General, y luego a Buenos Aires, Argentina, a especializarse en oftalmología. “Me di cuenta que el mundo era mucho más amplio”, confesó a LA PRENSA recientemente.
En 1949, cuando regresó a Nicaragua, se sumergió en la política criolla. Junto a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y otros jóvenes fundó la Unión Nacional de Acción Popular (UNAP), una organización política que no duró mucho, según el propio Álvarez Montalván porque “necesitaban otros métodos” para tener incidencia en la vida política del país.
ESTUDIOSO DE LA CULTURA POLÍTICA
A pesar de que estuvo inmerso en la política nicaragüense por más de 50 años, Álvarez Montalván aseguraba que nunca quiso ser presidente ni ostentar ningún otro cargo, aunque confesó que fue algo muy grandioso para él que Arnoldo Alemán lo hubiese nombrado canciller de la República.
Lo que siempre le gustó fue la oftalmología y estudiar la cultura política del nicaragüense. “La política para mí es una actividad peligrosa, porque se requieren cualidades que yo no tenía. Yo más bien, mi interés era investigar el porqué Nicaragua permanece tan atrasada y por eso publiqué el libro de la cultura política nicaragüense”, explicó recientemente en LA PRENSA.

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