Amalia Morales
Construir una trilladora de café artesanal es el invento más reciente que perturba la mente de Ventura Rodríguez, un hombre que hace 12 años se preguntaba otra cosa: ¿cómo era eso de producir gas con las heces?
Rodríguez había leído en alguna parte sobre los biodigestores, un sistema que permite aprovechar los residuos humanos, animales y vegetales. Quizá oyó que en países sobrepoblados como China se construyeron biodigestores en el campo para acabar con el problema sanitario que acarreaban los residuos sólidos de millones de personas. De paso, con los biodigestores, además de obtener gas para encender el fuego en los hogares, aprendieron a aprovechar otro de sus derivados: el abono para la tierra.
Rodríguez, quien vive en la comunidad de Aranjuez, Matagalpa, a una altura de 1,300 metros sobre el nivel del mar, bajó un día a Managua a una capacitación del Cipres sobre biodigestores.
Luego fue a Costa Rica, donde le explicaron cómo se construía, a cambio tenía que montar su propio biodigestor. Fue así como se puso manos a la obra en el patio de su casa, un rancho humilde en la comunidad de Aranjuez rodeado de flores y plantas aromáticas, construyó una pila rectangular de unos tres metros de largo, con tubos PVC (Policloruro de vinilo) de seis pulgadas la conectó al inodoro.
Dice que por ahí pasan los excrementos a la pila que está cubierta con un plástico transparente llamado “salinero”, que cuesta alrededor de 50 dólares y se consigue en pocos lugares en el país.
“Cuando caen a la pila de fermentación se produce la fermentación de los materiales y de la composición química sale el gas metano”.
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A mitad de la carpa plástica de la pila está conectada una tubería de PVC más delgada que termina en la cocina. A lo largo de la tubería se halla una pequeña cámara que depura el aire del gas.
Rodríguez es propietario de una pequeña parcela en la que siembra café, el producto rey de la zona, pero no tiene ni cerdos ni vacas, por eso, el único material disponible que encontró para producir biogás fueron sus propias heces.
“Está abastecido con heces humanas, pero se puede alimentar con otros desperdicios como estiércol de ganado y cerdo, y otros desperdicios de las casas”, dice Rodríguez.
En departamentos como Río San Juan y Chontales, algunos ganaderos están instalando biodigestores para aprovechar el estiércol del ganado.
En la casa de Rodríguez no hay muchas personas para alimentar el biodigestor. Solo son él y su esposa Argentina Moreno. A veces están dos hijos. Por eso la producción de biogás no es tan abundante. Él calcula que alrededor de tres cuartos de libra por día.
Pero en un biodigestor familiar, que en promedio es alimentado por cinco o seis personas, puede generar alrededor de 1.5 libras de gas por día.
Rodríguez, quien tras construir su biodigestor viajó a zonas como Jalapa y Waslala para montar otros, dice que en su casa pueden mantener encendida la llama unas seis horas. Sin embargo, en la casa de Rodríguez no se abusa del gas. Todavía usan leña, pero dice que han reducido el consumo hasta en un 50 por ciento. Para cocer frijoles o echar tortillas aún usan leña, cuenta Argentina Moreno, la esposa de Ventura.
Pero el café y otros alimentos de rápida cocción se hacen con el metano que produce el biodigestor.
INODORO ECOLÓGICO
Cuando Rodríguez sale a capacitar sobre los biodigestores, la gente siempre le pregunta “si hiede alrededor o la cocina”. Eso pasa por “desconocimiento”, dice sonriente. Pero no hay malos olores alrededor del biodigestor y esa es una característica.
Otra característica es que el inodoro también es “ecológico” porque se emplea mucho menos agua que en uno convencional. No trae tanque de agua adherido como los tradicionales, sino que solo es la taza y se recomienda enjuagar con “medio balde” de agua nada más. Tampoco se utiliza ningún químico para perfumarlo. Cuando se hace —dice Rodríguez— hay que desviar el tubo que va hacia la pila para no contaminarlo.
Rodríguez y la literatura sobre biodigestores recomiendan no utilizar cáscaras ni restos de cítricos porque pueden arruinar la producción de gas.
El biodigestor que construyó Ventura en su patio tiene otro pequeño tubo por el que recoge abono líquido, que luego va rociando en el patio.
GAS Y ABONO
La producción de abono y de gas para cocinar son las dos ventajas inmediatas del biodigestor. A pesar de su utilidad, es una experiencia que replican muy pocos en las comunidades. “Es muy costoso para una familia”, dice Rodríguez, quien en ese sector de Aranjuez sabe de otra señora que tiene un biodigestor y produce suficiente gas. “Cuece frijoles, tortillas, de todo con el biodigestor, pero es una familia numerosa”, explica Rodríguez, a quien le gusta presentar las mejoras que va haciendo en su finca, y a los visitantes primero les explica que él siempre piensa en aprovechar, pero también en conservar la naturaleza, por eso se dedica a la medicina con plantas, y cuando llega la hora de hablar del biodigestor su frase de presentación es: “Aquí ni la mierda se pierde”.
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