Rezaye Álvarez M.
El trabajo infantil en América Latina y el Caribe afecta a 12.5 millones de niños, niñas y adolescentes de entre 5 y 17 años. Es la agricultura la mayor fuente de empleo (48 por ciento) para este grupo de edad, revela el Estudio sobre trabajo infantil para América Latina y el Caribe 2008-2012, de la Organización Internacional del Trabajo OIT).
El organismo alerta a la región sobre el hecho de que 9.6 millones de niños, niñas y adolescentes del hemisferio se desempeñan en “labores peligrosas (principalmente la agricultura), que constituyen un riesgo para su integridad física y psicológica”.
¿Por qué los niños y adolescentes se están incorporando a trabajar en la agricultura? La OIT dice que esto “constituye, normalmente, una respuesta a problemas sociales que afectan a una importante proporción de la población rural, como la pobreza, la falta de oportunidades, el difícil acceso a la educación y la baja calidad de esta; la imperiosa necesidad de generar recursos para la subsistencia familiar”.
El organismo internacional califica el trabajo infantil en la agricultura como una “actividad peligrosa”, principalmente “aquel que se realiza en jornadas muy largas, condiciones climáticas extremas, lugares insalubres, utilizando sustancias, herramientas o equipos peligrosos, sin contar con la capacitación ni protección para hacerlo y aquellas en que se cargan herramientas o cajones muy pesados”.
La participación en el trabajo infantil es mucho mayor entre los niños que entre las niñas en el grupo de edad de 5 a 17 años.
Se estima que 99.8 millones de niños trabajan en agricultura, en comparación con 68.2 millones de niñas.
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las cifras locales
En Nicaragua hay 238,827 niños, niñas y adolescentes trabajadores, según la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil y Adolescente que la OIT realizó en el país en 2005.
Solo en Jinotega se contabilizan 175 mil niños trabajadores, según datos facilitados en días recientes por Álvaro Sánchez García, facilitador de Educación de Cáritas en Jinotega. En ese departamento se desarrolla principalmente la caficultura, que deja al país más de 400 millones de dólares en ingresos por exportaciones.
Ni la OIT ni las entidades del Gobierno tienen cifras públicas de cuántos niños han salido del mercado laboral desde 2005, pero ambos están convencidos de que Nicaragua ha dado pasos significativos hacia ese objetivo.
En declaraciones recientes, la oficial nacional de la OIT, Bertha Rosa Guerra, admitió que “el tema de las estadísticas (sobre la reducción del trabajo infantil) en Nicaragua es un caso pendiente”, pero estimó que en 2005 el 53 por ciento de niños que trabajaban no iban a la escuela y ahora la cifra podría reducirse a un 12 por ciento.
Los datos de 2005 señalaban que de los 238,827 niños, niñas y adolescentes trabajadores que hay en el país, el 17 por ciento no asistía a clases diariamente.
En ese sentido, el nuevo informe de la OIT a nivel regional, indica que
cuando los niños trabajan, su nivel de concentración y rendimiento académico suelen ser bajos, sea por las continuas inasistencias o por el cansancio con que llegan los días que asisten. En el caso de las niñas la sobrecarga de trabajo es a veces mayor que la de los varones, ya que deben combinar labores agrícolas, estudios, trabajos domésticos y de cuidado.
“Este conjunto de situaciones tiende a producir el abandono prematuro del ciclo escolar para dedicarse al trabajo”, alerta el estudio.
Pero ¿cómo erradicar el trabajo infantil? En el ámbito educativo, la OIT recomienda incluir como parte del currículum de la escuela los riesgos que implica el trabajo infantil en la agricultura. Es necesario “asegurar la asistencia de los niños, niñas y adolescentes a los establecimientos educacionales y reinsertar a aquellos que abandonaron la enseñanza regular y desean volver, estableciendo programas de nivelación”.
Y en materia legal, aconseja “avanzar hacia la creación y aplicación efectiva de las disposiciones que inciden directa o indirectamente en la prevención y erradicación del trabajo infantil agrícola y mejorar las normas de seguridad y de salud y su fiscalización”.
662 niños nicaragüenses fueron retirados del trabajo infantil y otros 872 han disminuido su actividad laboral para dedicarse al estudio y otras actividades entre 2008 y 2011, como parte del Programa Amor que impulsa el Gobierno.
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