El hacer teatro, contar cuentos y escribir sus historias son para el teatrista Roberto Lechado, su razón para vivir. Asimismo confiesa que para su futuro piensa “dirigir grupos de teatro y abrir un espacio independiente” para poner en escena comedias atractivas para el público.
Actor nacido en Managua en 1991, ha impartido clases de teatro en el Colegio Alemán Nicaragüense, la Escuela de Teatro Justo Rufino Garay, ha escrito Roberto lleno eres de cuentos y trabajado en publicidad.
“Creo en la independencia, por eso busco crear mi propia marca en el teatro y mi estilo; porque al final quiero vivir de esto que me gusta”, declara este joven.
Lechado a simple vista aparenta ser tímido y hasta olvidadizo; pero en escena, cuando vive su teatro, la comedia se apodera de él. Aún en acciones de relatos o dramas, cuenta Lechado, se le sale el humor y la improvisación, chispa que logra atrapar al público con sus risas.
¿Cómo inicia tu historia en el teatro?
Lechado desde 2010 a la fecha ha participado en varias obras de teatro de creación colectiva, festivales, y presentaciones de cuenta-cuentos, entre ellas: Mundo de papel; Inocencia con alas rotas; Narratón de miedo; Cuentos para ilustrar el universo; en el Festival Internacional de Teatro Monólogos, diálogos y más; el II Festival Nacional de Teatro; y la Muestra Centroamericana Lagartija, entre otras.
Ha participado de talleres de danza, acrobacia, dramaturgia y actuación con maestros extranjeros como Alexis Herrera Alquijay, Daniel Abreu, Jennifer Chinny Maesa, Samuel Puppo, Guillermo Heras, entre otros. [/doap_box]
Comencé a escribir poemas; luego me metí a talleres literarios con el poeta Julio Valle-Castillo, el alemán Timo Berger y otros. Después leí algunos en uno de los festivales de poesía del Micrófono abierto, en Granada. Siendo estudiante de marketing en la Universidad Centroamericana, me di cuenta que el Teatro Justo Rufino Garay están dando becas, aplique, y comence a recibir clases con Lucero Millán, René Medina y Jhosay Peralta; luego llegué al Teatro del Guachipilín.
De tus actuaciones ¿qué me dices?
De sueños, tetas y otras piruetas , fue un espectáculo que sacamos con los chavalos en el primer año de estudio; en el segundo, Todo lo que toca, tucos de esperanza , ahí presenté un monólogo que escribí sobre el personaje de Sofía que lo caractericé. Ella es una mujer que planea la muerte de su marido dándole de comer muchos tipos de comidas para que le diera un ataque al corazón.
En el segundo año me invitan a la obra Inocencia con alas rotas , y participé con el Grupo de Teatro Justo Rufino Garay. En mi tercer año lo dediqué a escribir, escribir y escribir. Esta pasión la mejoré con un taller técnico que me dio Zoa Meza sobre dramaturgia.
Nicaragua tiene sus dramaturgos conocidos como Rolando Steiner, Ernesto Soto o Harold Agurto, entre otros, ¿te atraen sus trabajos?
Soy más de la Zoa Meza. Ella también me ha compartido textos dramáticos, que me gustan. Ahora estoy reescribiendo para teatro un guion que aborda el abuso sexual. Este se basa en la historia de un abusador que repite su patrón de conducta. Me gusta contar historias.
El maestro
¿La docencia cómo la vivís?
El devolver los conocimientos adquiridos en el Teatro Justo Rufino Garay, es parte del plan de este espacio; así comencé a impartir un taller a chavalos del barrio Jorge Dimitrov, otros en la Universidad Centroamericana. Eso fue en 2010.
Al egresar del Justo Rufino di cursos para estudiantes de primaria y secundaria del Colegio Alemán Nicaragüense; después como maestro sustituto en el Teatro Justo Rufino Garay; y ahora en la Alianza Francesa de Managua. Tengo cupo lleno.
Este taller es parte de devolver lo aprendido en el taller Memoria y olvido , impartido por Arístides Vargas y Charo Francés, a inicios de este año en El Salvador, durante el encuentro de actores y actrices centroamericanos, del proyecto Lagartija . Este arranque me gusta, porque me perfila como un Roberto docente.
Retos
Vivir el mercado con el teatro?
Por supuesto que sí. Por ejemplo mi espectáculo Roberto lleno eres de cuentos , lo presenté en El Salvador en enero; luego hablé con gente del Justo Rufino Garay, y una pizzería.
Después creé mi nombre de Roberto Lechado; usé las redes sociales e hice que la gente llegara.
La obra reúne un repertorio de ocho cuentos anecdóticos; los narré en 50 minutos, y gustó.
¿Qué opinás de esos jóvenes que actúan en las redes sociales?
Eso son los videoblog, los he visto pero no me llaman la atención mucho. Me interesa más el teatro real, que la gente vaya a ver a los actores, a reírse, de conocerse. He ahí mi enfoque de energía.
¿En un futuro cercano cómo te ves?
Me gustaría formar un grupo y crear nuestras propias obras; contar con un espacio independiente para ponerlas en escena para que el público llegue a disfrutarlas y que cada día se enamore más del teatro.
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