Ana Cruz
La próxima vez que usted camine frente a Plaza Inter e intente tomar una foto al monumento de Hugo Chávez o a los “árboles de la vida” que adornan la Avenida Bolívar, podría no poder hacerlo. Tarde o temprano esos monumentos representativos del Gobierno actual podrían no existir pues lo más probable es que un futuro gobernante ordenará derribarlos. Si corren con mejor suerte, esos monumentos quedarán en el abandono.
Eso es lo que ha pasado con los monumentos que se han construido durante los últimos gobiernos, empezando por los murales históricos que artistas nacionales e internacionales pintaron en los años ochenta, en el parque Luis Alfonso Velásquez Flores y en la Avenida Bolívar, durante el primer gobierno sandinista, y que a inicios de los noventa, bajo las órdenes de Arnoldo Alemán, fueron “borrados” por la Alcaldía de Managua.
Y los casos más recientes fueron las destrucciones que hizo el actual gobierno del presidente inconstitucional Daniel Ortega del Faro de la Paz y la Concha Acústica, el primero construido durante la administración de Violeta Barrios de Chamorro y la segunda durante la administración de Herty Lewites en la Alcaldía capitalina.
El Faro de la Paz, donde están enterrados 15 mil fusiles de la guerra civil de los ochenta, tuvo un costo de un millón 200 mil dólares de la época. Estaba casi en ruinas por el descuido y se necesitaban unos 600 mil dólares para activarlo. La Concha Acústica, aunque las autoridades dijeron que era un peligro por los temblores, fue difícil de demoler, constatando que no era necesaria su destrucción.
Otros monumentos han sido destruidos con claras causas políticas, como la Fuente Musical que el expresidente Arnoldo Alemán mandó construir en la Plaza de la Revolución. Al asumir el poder Daniel Ortega, en el año 2007, ordenó destruirla.
A su vez, Alemán había colocado la fuente en el centro de la Plaza de la Revolución, un punto de reunión histórico del sandinismo en el cual celebraban el triunfo de la revolución todos los 19 de julio.
El especialista en temas de cultura, Wilmor López, indica que tanto la Fuente Musical como el Faro de la Paz y la Concha Acústica, tenían poco carácter cultural e histórico porque nunca fueron declarados dentro de lo que se llama patrimonio histórico como tales. “Es una lástima”, dice López.
Conservar el referente histórico es difícil si te quitan el objeto y la palabra, porque las afectaciones en la historia (de la destrucción de monumentos) no solo están en la acción de derribar el objeto, explica Rosales, sino también que con ese objeto se borra la palabra y “cuando se elimina la palabra se va eliminando esa memoria histórica colectiva de raíz”.
Por su parte, el historiador Roberto Sánchez Ramírez lamentó que a veces el pueblo ignora inclusive por qué se llama así el lugar en que vive. “Si te vas a uno de los barrios a preguntar por qué se llama así el lugar en que viven, te vas a encontrar con respuestas lamentables”, afirmó el historiador, quien a su vez destacó la importancia de que la población conozca la historia y el porqué de los nombres de los lugares y monumentos, ya que según él se puede tener el objeto pero si no se sabe lo que se tiene no se puede tener memoria histórica.
El sociólogo Óscar René Vargas también se mostró preocupado por las dificultades que causan las acciones de los gobiernos, ya que según él a la población nicaragüense se le hace difícil el aprendizaje de su historia pero, particularmente Managua porque en otros departamentos no ha habido tantos cambios.
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Además, son tantos los monumentos que se encuentran en total estado de abandono, y muchos otros que son blanco de los delincuentes y “chatarreros”, que los especialistas señalan que en Nicaragua “se está borrando la memoria histórica” del pueblo y no existe una política de Estado a largo plazo para dar mantenimiento a los monumentos.
EGOCENTRISMO DE LOS GOBERNANTES
Dinorah Gutiérrez Medrano, una psicóloga capitalina, llegaba todos los domingos con sus hijos a sentarse en las bancas que estaban alrededor de la Fuente Musical, en la Plaza de la República. Allí escuchaba música clásica y se relajaba con el ambiente placentero que emana del parque central.
A Gutiérrez Medrano le “indignó” la destrucción de la fuente y afirma que a los diferentes gobiernos que han realizado destrucciones de monumentos solo se les puede calificar como “egocentristas”, porque todos han mostrado creer que hacen lo mejor, negando con sus acciones las capacidades de los gobiernos anteriores.
Para la psicóloga la destrucción de los monumentos tiene un efecto mental en la población, ya que la “memoria histórica” está relacionada con “hechos, sucesos u objetos que hacen que el ser humano recuerde una etapa importante en su vida”.
Cuando esos monumentos son destruidos, explica Gutiérrez, “es como que le estés quitando una parte de lo que es propio (del pueblo) y es “borrar la historia, querer que no veamos por lo que luchamos y no reconocer lo que hubo antes”.
El sociólogo Oscar René Vargas reafirmó las palabras de Gutiérrez y explica que los gobiernos destruyen las obras de sus antecesores porque desean borrar lo que hizo la dirección anterior. Pero lo más grave, indica Vargas, porque no tienen políticas de Estado planteadas a largo plazo. Según el sociólogo, las políticas de Estado son las que trascienden de un gobierno a otro.
DERROCHE DE RECURSOS
La destrucción de los monumentos también tiene sus efectos económicos. El economista Luis Murillo Orozco explica que se derrocha el dinero cuando se dejan perder por falta de mantenimiento las obras monumentales.
Según Murillo, los gobiernos no se pueden dar el lujo de quitar o descuidar parte de las atracciones que tiene Nicaragua, cuando este país es visitado por 1.27 millones de turistas cada año, según el informe del Banco Central de Nicaragua (BCN).
Murillo agrega que si se quiere hacer una economía en la que se apueste por el turismo, se debe dejar de anteponer los problemas políticos, porque por lo general se hacen grandes inversiones con una visión política que no propician una ruta de desarrollo.
Aunque la Constitución Política de Nicaragua estipula, en los artículos 126 y 128, el deber que tiene el Estado con el patrimonio histórico del país, según Murillo también se necesita que haya una declaración de utilidad pública de los monumentos, y además es necesario crear una ley para que se destine recursos para cada uno de los monumentos, ya que si todos los gobiernos hubiesen invertido en el patrimonio histórico cultural se tendría un empuje turístico mayor al que se tiene en la actualidad.
“AFECTACIONES EN CULTURA SON MÍNIMAS”
Aunque la destrucción de los monumentos es causa de pesar, el periodista especializado en cultura, Wilmor López, señala que la afectación a la cultura es mínima.
López reconoció que hay algunos monumentos que están en descuido y que deberían de ser renovados, porque se debe de rescatar el arte monumental público de Nicaragua.
Sin embargo, el historiador Roberto Sánchez se muestra preocupado por todas las acciones de los diferentes gobiernos registradas en la historia de Nicaragua, porque todos estamos en el peligro de perder nuestra memoria histórica, y explicó que esto es una responsabilidad compartida de gobiernos, municipalidades y sobre todo de la población.
Al tratarse de la historia de Nicaragua y que siempre hay cambios de monumentos cuando hay cambio de gobierno, entonces, según Sánchez, se hace necesario establecer un inventario a nivel nacional de las condiciones de cada uno de los monumentos y declararlos patrimonio nacional y destinar los recursos económicos para el mantenimiento de los mismos.
En lo que coinciden los especialistas es en que todavía hay muchos monumentos que cuidar. Así que, ya sabe, tome foto de todo monumento que vea, mañana probablemente ya no exista.
