Neymar es el principio y el fin de Brasil. El delantero del Barcelona es el encargado de agitar la ofensiva y desatascar al equipo. Cuando no tiene espacios o apoyos, la “Selecäo” queda huérfana de jugadores revulsivos, a merced de la defensiva para sostener un resultado o evitar la catástrofe.
El 0-0 ante México señaló ayer a Guillermo Ochoa como la figura porque estuvo bien ubicado, pero también resaltó las dificultades que tienen los anfitriones para generar ocasiones claras de gol, mismas que mostró ante Croacia en la inauguración y que las disimuló por la tardía reacción de Pletikosa en los disparos de Neymar y Oscar.
Ochoa mostró mejores reflejos que Pletiklosa, y sobre todo, mejor colocación en su área, porque estuvo en el lugar exacto donde Paulinho (44), Neymar (67) y Thiago Silva (85), dirigieron sus disparos, los únicos de riesgo de Brasil, todos ellos después de resistir el acoso de México, quien lució mejor. Pero solo Neymar (25) le exigió al estirarse.
QUEDA LARGO
Un candidato al título como Brasil dejó dudas al ser dominado la mayor parte del duelo por México, un equipo que no está considerado para llegar más allá de los octavos de final, porque mostró una limitada capacidad para profundizar por dentro o por fuera, debilidad que mejoró un poco con la entrada de Bernard.
Brasil se notó por las jugadas puntales de Fred, Paulinho, Neymar y Thiago. Las dos últimas dejaron la sensación de superioridad porque fueron de frente a Ochoa y en los minutos cuando México estaba desgastado. Sin embargo, en ninguna fue capaz de tocar reiteradamente el balón en el área y a partir de ahí producirlas, a como lo hizo Alemania ante Portugal, que mostró ser un equipo completo por arriba y abajo.
México mantuvo en vilo a Brasil hasta el final con los disparos de Andrés Guardado y Raúl Jiménez (90), principalmente, que exigió los reflejos de Julio César. El arquero brasileño no fue el héroe del encuentro porque a los mexicanos les falta puntería a larga distancia.
Lo mostrado por Brasil deja dudas ante las potencias.
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