En un país como Nicaragua, en el que a menudo se habla de megaproyectos que ya se sabe que no se van a realizar, uno se resiste a creer que el Estadio Nacional de Beisbol será nombrado en una misma lista junto al puerto de aguas profundas en El Bluff, una red ferroviaria que una a Managua y Granada, y una súper-refinería en occidente.
Sin embargo, la construcción del estadio de beisbol, impulsada por el Gobierno de Taiwán y completada por el de Nicaragua, parece estar en el limbo. Y hasta ahora, no hay información oficial sobre las causas del retraso, a pesar que se aseguró que en marzo se pondría en marcha el proyecto que sería realizado por empresas chinas.
“¿Cuándo se iniciará la construcción del estadio?, consulté ayer a la embajadora de Taiwán, Ingrid Y. W. Hsing… “Eso mismo quisiera saber yo”, fue la respuesta en el tono jovial que acostumbra la diplomática taiwanesa. “Nosotros estamos listos para cuando el Gobierno de Nicaragua nos diga”, agregó.
Hay versiones que afirman que ninguna de las propuestas de las dos empresas de Taiwán que participaron en la licitación, satisfizo al gobierno nica. Una no respondió a las expectativas con su diseño. La otra, se habría ido alto en su presupuesto.
“El estadio estará en 2017. Lo demás son especulaciones”, ha dicho el vicealcalde de Managua, Enrique Armas. Quizá convendría explicar qué sucede, y mejor que eso, comenzar a edificar una instalación menos importante que un hospital o una escuela, pero valiosa para la salud mental del país.
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