El Palo de mayo en Beholden

Solo aquí se baila Palo de mayo esta noche. Solo aquí, en este patio iluminado del barrio creole de Beholden, alrededor de este palo colorido y frágil, sacado de ese bosque tropical, al oeste de Bluefields, se congrega media docena de bailantes después de las 10:00 de la noche. Todos tienen más de 50 años.

Amalia Morales

Solo aquí se baila Palo de mayo esta noche. Solo aquí, en este patio iluminado del barrio creole de Beholden, alrededor de este palo colorido y frágil, sacado de ese bosque tropical, al oeste de Bluefields, se congrega media docena de bailantes después de las 10:00 de la noche. Todos tienen más de 50 años.

Son cinco mujeres y un hombre vestidos a la vieja usanza. Ellas con faldas largas, blusas de vuelos y con las cabezas envueltas con pañuelos coloridos; y él de camisa blanca y pantalón negro como si fuera a un culto religioso. De alguna manera lo es.

Cuando los parlantes inunden este patio con las canciones y tambores de Dimensión Costeña, los seis bailantes con el estrépito de sus caderas van a recordar cómo era una verdadera fiesta de Palo de mayo, aquellas que despuntaban casi a la medianoche y se prolongaban hasta el amanecer. En las que no participaban chavalos ni se enseñaba el cuerpo con escotes y minifaldas.

El historiador costeño Hugo Sujo ha dicho que hay dos versiones del Palo de mayo, una liberal y otra conservadora.

El propósito de esta fiesta ha sido agradecer la llegada de la lluvia, celebrar a Mayaya, la diosa de la fertilidad.

Ahora ni ha llovido en esta parte del Caribe. Cayó una brisa en la víspera, pero esta noche de 16 de mayo aún no ha caído un aguacero diluviano como los de antaño que solían paralizar las calles del comercio en Bluefields.

Verónica Johnson, concejal municipal, criada y nacida en Beholden, comenta que el Palo de mayo “nació aquí, en lo que llaman Lanfields… Era como un ritual. No era un baile vulgar”.

Johnson es parte de la comisión organizadora de la fiesta cuyos preparativos arrancan desde el jueves. El acicalamiento del barrio comienza desde temprano, un día antes. Se barre y recoge la basura de las calles. Se pinta la cancha y aceras. Se cuelgan banderines amarillos, verdes, rosados en las calles más transitadas. Se quita la maleza de algunos patios, donde se van a instalar los palos y juegos como brinca brinca el día de la fiesta.

El alma de la organización es Dalila Marquines, más conocida como Popó, una lideresa de Bluefields y de la comunidad creole.

En la misma sintonía de Johnson, la Popó ha anunciado que esta será una fiesta inolvidable, en la que sí se bailará Palo de mayo “como el de antes”. Para eso la Popó convocó a las mujeres más antiguas del vecindario, entre ellas a su mamá, Graciela Garth, quien, del mismo modo que su hija, es más conocido por su apodo: Puná, La Puná ronda los 80 años. Su hija repite varias veces que su mamá bailaba en los patios en la época que llegaba a Bluefields a celebrar el Palo de Mayo el dictador Anastasio Somoza.

Las organizadoras de la fiesta, sobre todo Johnson, lamentan que a estas alturas de mayo, casi a mediados, no se ha celebrado un buen Palo de mayo en ningún barrio de Bluefields.

“Es lamentable que hoy estamos a 15 de mayo y no hemos tenido un buen Palo de mayo. No hay participación de la gente, porque es una cultura de nosotros, pero como que se está perdiendo el espíritu del Palo de Mayo. Este año las autoridades han tratado de tener un buen baile, que llegue hasta tarde, en el que la gente no se cansa en bailar”.

SIN AGUA NO HAY FIESTA

Fuera de Beholden, el resto de Bluefields, no parece compartir la fiesta de mayo. La ciudad parece ensimismada, inmersa en el problema de agua. El distintivo más común de los blufileños en estos días es cargar una botella o un balde plástico.

Este año, los 60,000 habitantes de esa ciudad caribeña han resentido como nunca la escasez y la mala calidad del agua.

“A Enacal le decimos Enasal aquí, porque el agua que sale del grifo es pura sal”, dice Joaquín Malespín, resumiendo la situación que enfrentan. Malespín, un hombre de 60 años, dice que este es un problema eterno, pero que en los últimos se ha agudizado.

Ante la falta de agua se incrementa la dependencia de la población de las aguas, las gaseosas y los jugos que vienen en botellas plásticas. Ese consumo plástico, arroja por mes 40 toneladas de basura al municipio, de los cuales solo se procesan siete, según estimaciones oficiales.

“El agua sale blanca, con espuma”. “Tenemos que comprar agua en botellones”. “Vamos a los pozos comunales a traer agua”. “Dicen que los filtros de la planta son orgánicos, que los traen de España y que no duran más de tres meses, por eso el agua sale salada”, son algunas de las expresiones y explicaciones que se oyen entre los pobladores de esta bahía de aguas azules contaminadas desde hace muchos años.

FIESTA DE POESÍA

El jueves por la tarde, mientras la Popó y sus amigas adornan con frutas el palo que se va a enterrar en el solar que está frente a su casa, a unas seis cuadras, en el parque de los Reyes, estallan morteros al pie del monumento que simboliza el encuentro de las seis etnias que viven en el Caribe nicaragüense.

Al interior del parque se ha puesto una tarima, con toldo por si llueve, y rodeada de sillas. Por la avenida que sube del muelle hasta el parque viene un gentío entre gigantonas, chicheros, arrastrando maletas con ruedas y cargando mochilas. Se trata de una delegación de poetas nacionales y extranjeros que vienen al III Festival Internacional Centroamericano de Poesía. Han recorrido los 388 kilómetros desde Managua, en bus y en panga. Son unos sesenta poetas. Algunos vienen desde lejos. Hay poetas de Brasil y Croacia, pero también de Centroamérica y Estados Unidos. No faltan los costeños como Carlos Rigby y David Mcfields, que no viven en Bluefields.

El acto de bienvenida abunda a los poetas abunda en discursos. Cuando todo parece indicar que la poesía va a quedar para la jornada del día siguiente, se oyen poemas en una ensalada de idiomas: portugués con acento de samba, croata, creole, español, inglés.

Esa noche, previa a la celebración del Palo de mayo en Beholden, cambia el ambiente. Bluefields es casi una fiesta.

A la mañana siguiente, en el marco del festival, los poetas van a los colegios de la ciudad. Recorren las calles, se meten a los callejones y vericuetos de Fátima, Pointeen, Old Bank, Punta Fría.

Mientras tanto Beholden se prepara para ser el epicentro de la música y el baile. La embajada de Estados Unidos trajo a Reviva, una banda de reggae de Nuevo México, que empieza a tocar a eso de las 5:00 de la tarde. Nadie tararea sus canciones. Pero el ritmo, suave y pegajoso, invita a moverse.

A menos de una cuadra hay un juego de brinca brinca cargado de niños. De los parlantes gigantes se desprenden los temas de siempre de Dimensión Costeña, que van a repetirse en la eternidad de esta noche.

Verónica Johnson dice que la gente en el Pacífico no sabe lo que dicen las canciones del Palo de mayo. “Cuentan anécdotas de la gente de aquí”, dice Johnson, quien anda vestida como si fuera a bailar. Una de las letras habla de una lancha que se dio vuelta, “lanch ton ova, lanch ton ova”. Su autor Silvester Hodgson también escribió otra en la que habla de los pechos enormes de su mujer. Muchos de los temas los popularizó el cantante José Sinclair, a quien todo Bluefields reconocía por Mango Ghost.

En el patio donde está clavado el palo de mayo sin flores amarillas se respira cierto jolgorio. Familias de Beholden se congregan en plan cervecero. Socas, calipsos aderezan el ambiente. La Popó, que va descalza, está inclinada sobre una olla de arroz y frijoles —rice and been— que se fríe con aceite de coco. Dice que es para más noche. “No se va a vender nada. Todo es para compartir”, dice mientras mueve la cuchara como un remo en la porra de comida.

La Popó, quien hace un programa en una radio local, cuenta que el barrio ha cambiado mucho. “Antes la mayoría de la gente vivía vendiendo drogas. Yo también vendía drogas y no tengo pena de decirlo, pero he dejado de hacerlo desde que mi hijo tiene 4 años, gracias a Dios, y ahora tiene 23”, explica.

Todavía en muchos barrios mestizos de Bluefields se habla de la “cancha de Beholden” como de un lugar de cuidado.

“Hay gente que no conoce, y solo oyen lo que se dice, pero si nos vamos a delincuencia, delincuencia hay en el Pacífico, y en abundancia”, dice la Popó, quien además de cocinar, organizar, más tarde anima presentación de la “miss mayo” y los concursos de música de la cancha.

LA SANGRE SE PONE CALIENTE

El patio de la Popó entra en calor con música, comida y baile. Por uno de sus costados asoman las hermanas Garth de 65, 68 y 40 años. Vienen con sus trajes de baile: faldas largas, pañuelos en las cabezas, camisas voladas y holgadas para dejar que las manos vuelen. Una de ellas, Clotilde, quien trae a una nieta de la mano, dice que por la mañana Popó fue a su casa y las invitó a bailar esta noche.

Su hermana Melba no trae puesto el pañuelo y Clotilde, la más ducha en arreglos de vestuario, le coloca el trapo en la cabeza. La cancha está que arde. Después de Reviva se improvisa un concurso de Palo de mayo con niños. Entra en juego esa versión liberal de la fiesta. En cuestión de segundos, y con la agilidad de una gimnasta, una niña salta sobre su pareja, engarza las piernas en la cintura de él, quien a su vez la toma por la espalda para que no se caiga, mientras ella mueve los hombros con un frenesí epiléptico. Otra pareja repta en el suelo. El niño se echa para atrás y su pareja pasa por encima con las piernas abiertas. La gente grita y les hace rueda. Algunos extranjeros filman y sacan fotos con celulares al semillero de bailarines. Después de una larga eliminatoria la pareja ganadora se lleva un celular cada uno.

Después de las 10:00 de la noche, la fiesta queda agotada en la cancha y se traslada al patio.

La Popó, rayando en el protagonismo, ofrece una larga explicación del baile y de las bailarinas antiguas que se disponen alrededor del Palo.

Las canciones son las mismas, pero el baile al comienzo es distinto, más cadencioso, las mujeres de faldas largas se siguen unas a otras, giran alrededor del palo, al que le cuelgan unas piñas raquíticas. Las mujeres bailan dentro de un cuadro, el público está detrás de una pequeña barrera saca fotos con las cámaras de los celulares. Hay varias mesas con invitados alrededor, entre ellos poetas visitantes y autoridades de la ciudad. El reflector alumbra como una luna llena la pista improvisada en el que el grupo mueve sus caderas. Estos cuerpos añejos y gozosos repiten, a su ritmo, algunos de los pasos eléctricos que hacían las niñas en la cancha. El único hombre de la pista se frota la cadera con una de las bailarinas, y ella se le cuelga con las piernas. La gente se desarma en aplausos y risas. Miss Puná con un par de pasos deja claro que fue gran bailarina. Antes que el DJ cese la canción que ha alargado por unos diez minutos, ella se detiene como una muñeca a la que se le acaba la cuerda. Le pasan una silla y se vuelve una espectadora de la fiesta que se prolonga hasta que los cuerpos se marearon de bailar Palo de Mayo.

1849 La penetración de la Iglesia morava en el Caribe provocó crisis en la fiesta del Palo de mayo. Se bebía y se comía, y esta iglesia consideró que era una fiesta que incitaba a bailar de manera provocativa. La Iglesia morava que cumplió un papel evangelizador alejó a muchos costeños de la tradicional celebración.

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COMENTARIOS

  1. Mauricio Davila Wills
    Hace 12 años

    La gente de la Costa Caribe abriga en su historia y tradicion a varias culturas, idiomas, rituales y danzas: La Britanica, principalmente la Escocesa (vease Migracion Escocesa a Nicaragua); la Garifuna y la Miskito; la Afro descendiente; y la Iberica por parte de los Conquistadores (vease Gil Gonzalez Davila, y otros Conquistadores). Todas estas culturas se fusionan y hacen en si (para la Costa Atlantica) una rica mezcla de costumbres, tradiciones y valores muy autoctonos y unica de la region.

  2. Juan Claros
    Hace 12 años

    Que hermosa tradiciòn que es un ejempo ,para el mundo, sigan cultivandola….

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