La condición universal de Mafalda, una niña “inteligente, irónica, inconformista, contestataria y sensible” que sueña con cambiar el mundo, ha pesado de forma decisiva para que Joaquín Salvador Lavado “Quino”, lograse el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.
Esta es la primera vez que este galardón recae en un humorista gráfico y dibujante como es Quino (Mendoza, Argentina, 1932), aunque en ediciones ya fueron candidatos a este galardón otros como Mingote o Forges.
Quino dejó de dibujarla en 1973, aunque el interés por Mafalda ha seguido vigente hasta la actualidad, con sus libros reimprimiéndose y adaptándose a las nuevas tecnologías, disponibles en formato digital.
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MULTIPREMIADO
El jurado, presidido por el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, quiso en esta ocasión saldar la deuda que tenía pendiente con este género y, prácticamente por unanimidad, ha reconocido el trabajo de este dibujante multipremiado, que alcanzó fama internacional con la creación del universo de Mafalda.
El acta del jurado, hecho público hoy en la capital de Asturias (norte de España), destaca cómo esa niña de melena corta y negra, vestida con trajes de lunares, “percibe la complejidad del mundo desde la sencillez de los ojos infantiles” y cómo sueña con cambiarlo por otro “más digno, justo y respetuoso con los Derechos Humanos”.
Así, puede verse a la filósofa y sabia amiga de Susanita, Manolito, Miguelito y Felipe cómo dice “Sí a la democracia! ¡Sí a la justicia! !Sí a la libertad! ¡Sí a la vida!” en una de sus miles de viñetas.
“Lo malo de la gran familia humana es que todos quieren ser el padre”, asegura en otra y se parte de risa, mientras en otra tira lee la definición de democracia como “Gobierno en el que el pueblo ejerce la soberanía”.
TRASCIENDE
“Al cumplirse el cincuenta aniversario del nacimiento de Mafalda, los lúcidos mensajes de Quino siguen vigentes por haber combinado con sabiduría la simplicidad en el trazo del dibujo con la profundidad de su pensamiento”, señaló el jurado en su acta, en el que destaca también el “enorme valor educativo” de su obra y de unos personajes que “trascienden cualquier geografía, edad y condición social”.
El premio está dotado con una escultura diseñada por Joan Miró —símbolo representativo del galardón—, 50,000 euros en metálico, un diploma y una insignia.
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