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Con un estreno tardío, puesto que la película en que se basa el juego es de hace más de un año, Lego: El Hobbit busca conquistarte. En realidad, no le importa el tiempo a esta franquicia, pues sus fans están dispuestos a internarse en la Tierra Media en cualquier momento y pasearse por Rivendel, Hobbiton o el resto de localizaciones de ese mundo de fantasía.
Lego: El Hobbit está basado solo en las dos primeras entregas de la trilogía, lo que acaba dejando una sensación de producto inacabado.
El juego, como no podía ser de otra forma, es fiel a la fórmula habitual de Traveller’s Tales, como el tiempo que lleva en completar su aventura, unas 12 horas aproximadamente.
Esto lo coloca por encima de su anterior entrega, el videojuego basado en la película de Lego que se quedaba bastante corto en ese sentido.
Además, como es habitual, se puede decir que el final es otro comienzo, ya que hasta haber completado la aventura y desbloqueado ciertos personajes, es imposible recoger todas las recompensas. El alto grado de re-jugabilidad con el que cuenta el título es al que nos tienen acostumbrados, y sin duda uno de sus puntos fuertes.
Poner una mecánica de juego que ya hemos visto en un universo que también hemos visto no hace muchos meses, era una idea arriesgada y la apuesta no ha salido del todo bien.
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