- “Mi papá me decía que me lesionara para evitar la pelea con Calderón, pero fui, aunque yo sabía lo que me esperaba. Lastimosamente en mi etapa fui el campeón más olvidado”.
- Eduardo Márquez , excampeón del mundo.
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Eduardo “Ray” Márquez es un victimario anónimo. Luego de 11 años de su coronación por el título de la OMB en España, frente a Jorge Mata, no disfrutó lo que es ser campeón del mundo. Su apoderado Mario Arce le tenía los días contados al organizarle una pelea contra el máximo exponente de los pesos pequeños de la última década, el puertorriqueño Iván Calderón.
Había trampa en la función. “Me amenazó de que si no peleaba me iban a quitar el título, yo estaba cortado de mi pelea anterior y gordo de tantas invitaciones a comer y me dio solo 28 días, cuando lo normal es que se descanse tres meses para la siguiente pelea”, rememoró Márquez, entre los recuerdos de su pasado y la nostalgia del olvido.
“El Faraón”, como se le conoció a Márquez, se da cuerda todas las mañanas y se echa a andar a una ardua labor en El Halcón, como bodeguero. “La vida fuera del boxeo es más dura todavía, siempre se trabaja solo para la comidita”, indicó.
Ahora para “Ray”, su anonimato se ha convertido en una forma de muerte, a pesar de que su técnica era un antónimo de depuración y su defensa tan vulnerable, pasó a ser parte de la historia del boxeo, siendo campeón absoluto de las 105 libras.
“Un boxeador nunca olvida el boxeo”, dice mientras ve cómo las oportunidades laborales dentro del mundo de los puños le son cerradas. “Cuando ganó Enrique Armas, me dije que lo iba a buscar para que me diera una oportunidad para ser entrenador, que es lo que sé hacer; sin embargo, me dijo que él no podía hacer nada”, agregó.
La sencillez de Márquez hace de él alguien reflexivo, aunque en su vida, la invisibilidad se ha convertido en un estado de eternidad, y a pesar de su situación económica espera que su hijo se gradúe.
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