Pineda y los tramposos

La brea sobre el cuello del lanzador Michael Pineda tenía misma la sutileza que los tatuajes de Mike Tyson en la cara. Se podía mirar sin tener que ir hasta el montículo.

[imported_image_97956]

Edgard Rodríguez

Zona de Strikes

La brea sobre el cuello del lanzador Michael Pineda tenía misma la sutileza que los tatuajes de Mike Tyson en la cara. Se podía mirar sin tener que ir hasta el montículo.

Quizá por eso ahora quedó como un tonto, tras haber roto una regla que tampoco es muy inteligente. Es poco lo que consigue en beneficio quien hace esas trampas.

Sin embargo, el punto es que Pineda violó una norma y eso no se justifica. La regla 8.02 establece que no se permite sustancias extrañas en la bola o el guante.

Y Pineda no tenía la brea en el cuello para verse mejor. Lo que eso refleja es la falta de confianza en sus propias habilidades, algo quizá comprensible tras sus cirugías.

Sin embargo, ahora cargará con una suspensión, que altera la rotación de los Yanquis, ya afectada tras la pérdida de Iván Nova, quien va en ruta hacia el quirófano.

Pero la lección que el caso deja es que los atajos no son la mejor opción y cuando se compite sobre un andamiaje legal establecido, te guste o no, tenés que someterte.

UNA VIEJA HISTORIA

Además de afectar a los Yanquis, el caso Pineda ha servido para revisar tantas historias sobre otros peloteros que por diversas motivaciones hicieron trampa.

El caso de mayor dimensión en la historia ha sido el de los esteroides. Toda una generación, o al menos su mayor parte, se vio envuelta en esa irregularidad.

Sin embargo, siempre se recuerda la saliva sobre la bola de Gaylord Perry, quien además recurrió a la vaselina para hacer que sus disparos deslizaran al ser impactados.

Joe Niekro recurría a una lija para conseguir un mejor agarre de la bola. Y Whitey Ford raspaba la pelota con su anillo de bodas o con la máscara de sus receptores.

Sammy Sosa y antes Albert Belle fueron pillados utilizando corcho en sus bates. Aparentemente eso los volvía más livianos y podían imprimirle más velocidad.

Hay muchos más casos, pero siempre me llamó la atención el de la familia Bossard, encargada de cuidar estadios en Chicago y Cleveland.

Cuando lanzaba alguien de su equipo experto en sinker, se excedían con el agua en el infield para que la bola muriera. Si eran pícheres veloces, metían las bolas en la hielera para darles más peso.

Puede interesarte

COMENTARIOS

  1. ribete
    Hace 12 años

    En conclusión, este es un deporte lleno de tramposos..porque al comparar el numero de personas que hacen trampa en otros deportes vrs el numero de practicantes, el Béisbol se vuela la barda y con creces…

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí