Román González ha cambiado. A pesar de que su semblante parezca un espejismo de su pasado, los problemas con su papá al dejarlo fuera del cuerpo de entrenamiento unos días, el ser indiferente con su entrenador Arnulfo Obando y el posible quiebre de la relación con su apoderado, Silvio Conrado, ha formado una nueva era para el púgil nicaragüense. No es la clásica situación de inconformidad.
Carlos Blandón, abogado de Román desde su divorcio, se ha inmiscuido más allá de ese caso.
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“No creo que renovemos, es un golpe duro para la promotora Prodesa, porque sin duda es un buen boxeador con mucho talento, pero la vida continúa. Sin embargo, si al final se renueva el contrato sería diferente, distinto en el sentido de respeto ante todas las partes involucradas, pero es difícil que se siga”, aseguró Conrado, refiriéndose al contrato de manejadores que finaliza el próximo 26 de junio.
El boxeador en ocasiones anteriores había declarado que sí y otras veces cambiaba de opinión en referencia a la renovación. “No, en Japón lo estuve pensando y posiblemente no”, había indicado el dos veces campeón del mundo.
El caso de su entrenador
El inicio de la fractura con su entrenador, Arnulfo Obando, no fue en su regreso a los entrenamientos luego de su combate en Japón, donde inició nuevamente los entrenamientos solo con su preparador físico, Wilmer Hernández, obviando a su estratega.
“Todo empezó en Japón cuando hacía a un lado a Obando en la ciudad asiática, y el día del pesaje fue solamente con su abogado, Carlos Blandón, apartando a Arnulfo, cuando todos sabemos que lo normal es que cada boxeador llegue con su esquina al pesaje, me comunicaron desde allá”, subrayó Conrado, presidente de Prodesa.
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