Manny Pacquiao parecía estar en medio del desierto enterrando una cadena de malos recuerdos con su victoria ante Timothy Bradley por decisión unánime (116-112 y 118-110). El filipino sepultó las dudas de su futuro y acrecentó sus valores luego de un pasado reciente fragmentado. La noche del sábado frente a Bradley, obtuvo su anhelada revancha, y más aún, como un parpadeo, el mundo boxístico sufrió de amnesia. Pacquiao venció y nació de nuevo.
“Manny peleó con el corazón, y he perdido ante uno de los mejores púgiles del mundo”, indicó el estadounidense, mientras veía su récord antes invicto, mancharse con el sabor de la derrota.
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Timothy Bradley se disfrazó de Juan Manuel Márquez. Despreció su boxeo ágil de entrar y salir, no quiso ser un fantasma en el cuadrilátero, a pesar de que durante toda la pelea mostró unos movimientos de cintura como de un malabarista. La furia contenida solo iba a ser saciada con un nocaut para Bradley, que abandonó su estrategia ejecutada en la primera pelea y optó por el espectáculo, esperar el momento oportuno para cargar y disparar su potente derecha.
El “Pac-man” no tuvo oposición desde el quinto asalto, parecía caminar por un bulevar de Las Vegas, con alerta por evitar un golpe como el de Márquez, pero siempre sobre su rival como si fuera un huracán. Timothy en algunas ocasiones lució inmóvil, no huyó como acostumbraba y se equivocó, fue como si tratara de asaltar la casa de Pacquiao con una sola bala o si se vistiera de samurái sin espada.
En los primeros cuatro rounds decir que el combate era una paridad debió ser ley, con golpes de fortaleza por ambos bandos e inmutable defensa. En ese cuarto episodio Pacquiao recibió un volado de derecha que lo hizo retroceder. El sismógrafo se activó, pero solo fue un rumor de caída. Manny se convirtió en una sanguijuela que chupó round tras round las ambiciones de Bradley.

Un tipo como Bradley, con la cabeza llena de palabras y que en las entrevistas hablaba como si hubiera desayunado con Sugar Ray Leonard, o si Mohammed Alí le hubiera prestado sus puños, se confió demasiado, habló de más y en el centro del cuadrilátero cuando declararon ganador al filipino del título welter de la Organización Mundial de Boxeo (OMB), tapó su rostro en un sarcófago.
Por su parte el filipino en la conferencia de prensa, declaró que Bradley, “ha sido un rival muy difícil y ambos hicimos un buen combate. No ha sido fácil porque me golpeó en el mentón con dureza, pero esta vez sí seguí las instrucciones de mi esquina”, aseguró el púgil, quien recuperó la corona conseguida en el 2009 frente a Miguel Cotto.
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