Los planos del basurero conocido como La Chureca, en Acahualinca, junto al lago de Managua, alcanzan una dimensión épico-lírica, que el ojo humano no percibe en la realidad.
Rossana Lacayo nos muestra a través de los churequeros (personas que vivían en se basurero) partes de Nicaragua que todos conocemos (el mismo cielo con las mismas nubes, el lago, los cerros, los zopilotes que sirven de leitmotiv, como los motociclistas mensajeros de la muerte en El testamento de Orfeo de Cocteau), pero vistas desde la perspectiva de la extrema pobreza; la pobreza “de verdad”.
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Sus fotografías han sido premiadas en la V Bienal Iberoamericana y sus documentales han traspasado fronteras para recibir galardones en Festivales como Berlín y Montreal, entre muchos otros. Incluso uno de ellos fue nominado al Óscar en los años ochenta.
Rossana también ha producido y dirigido cortometrajes de ficción tras fundar la productora Gota Films en 2003.
Su último documental San Francisco en La Chureca, retrata la vida de un hombre de 70 años que convive con una treintena de perros en el basurero de La Chureca.
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Lacayo combina estos planos de gran elocuencia con tomas (mayoritariamente primeros planos) de un churequero campesino de Chichigalpa, Gilberto Montalbán, quien buscando la Managua de sus sueños encontró la de sus pesadillas.
LA VIDA DE GILBERTO
El sentido del filme surge directamente de las palabras de Gilberto que a lo largo de la película nos cuenta su vida. No hay comentarios en “off” de la cineasta que puedan manipular ideológica o sentimentalmente al espectador.
Gilberto hace gala de esa capacidad narrativa del campesino nicaragüense. Nunca pierde el hilo de su narración, ni oscurece su mensaje con faltas de concordancia frecuentes en algunos de nuestros escritores.
Tampoco hay en él planteamientos intelectuales a priori. Como él mismo nos dice, en el mundo que habita. “Nadie piensa allí si algo es bueno o malo”. En ningún momento muestra angustia o amargura.
EL AMOR A LOS PERROS
Gilberto se plantea su amor a los perros callejeros como algo natural, casi inevitable; el título del filme San Francisco en La Chureca (en referencia al Santo de Asís), le podrá parecer un poco exótico. Alto y flaco, es un Quijote que lleva dentro de sí a su propio Sancho.
La cineasta evita las comparaciones obvias (extrema pobreza/extrema riqueza). El espectador tiene la libertad (y el deber) de sacar sus propias conclusiones. No es un filme pensado sino un filme para pensar.
La segunda parte, con un tono más de reportaje, se centra en la construcción de una planta de reciclaje en La Chureca y en la difícil adaptación del protagonista a la pequeña vivienda que le fue asignada como parte del plan.
LA ÁSPERA REALIDAD
Un documental implica mucho más que filmar la realidad. Obliga a seleccionar y compaginar de cierta manera el material filmado; a mover o no mover la cámara. Como dijo Godard: “Un travelling es una cuestión de moral”.
Lacayo cierra su documental con un mensaje de Gilberto, lleno de profunda sabiduría popular: “La felicidad no se vende. La felicidad la hace uno con buenos actos. Usted me puede ver aguantando hambre, pero soy feliz por la paz interior con que me manejo”.
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