Rumba para principiantes

El cuerpo se agita y comienza a sudar. Los músculos se contraen y extienden creando una sensación que te libera. Al inicio todo va bien, pero al paso de los minutos te sientes en cámara lenta. Tu mente quiere ir rápido, pero tus piernas, brazos, glúteos y cabeza pesan cada vez más.

Por Wendy Quintero Chávez

El cuerpo se agita y comienza a sudar. Los músculos se contraen y extienden creando una sensación que te libera. Al inicio todo va bien, pero al paso de los minutos te sientes en cámara lenta. Tu mente quiere ir rápido, pero tus piernas, brazos, glúteos y cabeza pesan cada vez más.

Al ritmo de una rica salsa cubana Scarlteth Talavera te anima a no desfallecer. Los primeros ejercicios son de calentamiento, luego vienen los que realmente te hacen crujir los huesos. La rutina de cabeza, cuello, hombros y brazos no es nada en comparación con la de cintura y las piernas. Esos sí, te causan un dolor y te hacen dudar si seguir o salir corriendo para volver a tu vida sedentaria.

Me detengo toda sudada y casi sin aliento, y recuerdo por qué estoy allí, en mi primera clase de Salsa Casino. De pequeña siempre me invitaban a las piñatas del barrio y de las cumpleañeras del Colegio La Asunción, en León. Era casi siempre la primera en salir a bailar, incluso sola, es algo que me cultivaron en mi casa donde todos nos alegramos dándole gusto al cuerpo al son de la música.

Salsa, cumbia, vallenato, bachata, rock and roll, vals y hasta folclor entran en el repertorio de mis gustos por la danza. Incluso pertenecí al grupo de baile del colegio donde la profesora Rosalpina nos sacaba el “jugo” para montar a la perfección las coreografías.

Aficionada al baile descubrí que la Salsa Casino tiene sus orígenes en Cuba, donde en los barrios y campos de la isla a finales de la década de los años cincuenta nació para extenderse en el mundo.

En nuestro país desde hace varios años un grupo de bailadores y bailarines promueve lo que ellos llaman Cultura Salsera a través de cursos libres, sin embargo por falta de tiempo y dinero no me había podido inscribir en ninguna de las clases.

Pero para dicha mía, aunque no tanto de mi cuerpo, los chicos de Cultura Salsera abrieron un nuevo horario para que gente con o sin experiencia se animara a aprender y perfeccionarse en la salsa cubana. Todos los lunes y miércoles, de ocho a nueve y media de la noche mi cuerpo se mueve al compás de la música.

El primer día lo qué más me llamó la atención fue ver la cantidad de hombres tomando las clases, quién lo diría, me dije a mí misma, que los varones se estuvieran decidiendo a salir de su zona de confort donde las mujeres hemos reinado como las grandes expertas del baile.

Contabilizo al menos 36 personas, y ojo, la mayoría en ese salón es la primera vez que nos vemos. Unos con licras y zapatos tenis. Otros con jeans y zapatillas. Jóvenes y otros no tanto. No importa nada de eso. Es un mundo de extraños, pero con un mismo objetivo: aprender a bailar salsa casino.

Luego de la rutina de calentamiento quedo exhausta y con una ligazón en pies y piernas, incluso lo confieso, hasta con calambres, Frederick Duarte, otro de los instructores toma el micrófono inalámbrico para explicar en qué consiste este baile que atrapa a grandes y chicos sin importar condición económica, religión u opción sexual.

“Las mujeres, y no se ofendan, deben ser muy perras en la pista”, dice en tono pícaro Frederick, haciendo alusión a que las bailadoras debemos ser muy sensuales cuando se trata de bailar Salsa Casino. Scarlteth recalca en que la sonrisa y gozar cada pieza es sin duda lo mejor que podemos hacer.

Yo pensando que sabía bailar salsa he descubierto que si bien sé mover mis caderas me falta mucho por ser una verdadera bailadora.

Según Frederick, existen bailadoras y bailarines. Los primeros conocen los pasos y hasta pueden elaborar sus propias coreografías en una fiesta social. Los segundos son los profesionales que nos entretienen con sus destrezas y rutinas.

Y allí estoy yo, queriendo aprender desde el 1, 2, 3-5, 6 y 7, el guapeo, dile que no, enchufla, y muchos pasos más. Créanme, coordinar pies y brazos puede ser una tortura, pero con dedicación lográs moverte como una profesional. Lo más vergonzoso en esta clase fue ver quizá que otros asimilan mejor que yo algunos pasos, pero al final como los instructores dicen, lo importante es practicar, practicar y practicar, y gozar del ritmo.

Sin duda alguna en un par de meses mejoraré los pasos y arrasaré en las pistas, porque quiera o no el baile siempre ha sido parte de mi vida. Además, bailar es un pasatiempo que te libera del estrés, te activa el cuerpo, te recarga de energía y puede llevarte a conocer a gente nueva e interesante.

Sección Domingo rumba archivo

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