Está en el espacio junto a su nieto. Apenas pueden verse en la penumbra. Javier dice:
—Abuelo, ¿por qué estamos quietos?
—Vamos rapidísimo.
—No entiendo.
—No lo percibes porque no hay puntos de referencia.
—¿Y cómo sabes que nos movemos?
—¿Recuerdas cuando salimos, la rapidez con que perdimos de vista la tierra y la luna? No hemos encontrado resistencia, así que mantenemos nuestra velocidad.
— ¿Y hacia dónde vamos?
—Al fin del universo.
—Pero es infinito.
—Exactamente.
— ¿Y cómo sabremos que llegamos?
—Porque nada nos detendrá.
Don José nota que Javier se va esclareciendo. Busca la fuente de luz sin encontrar ninguna estrella, ningún sol. Ahora pareciera que el cosmos está iluminándose y en ese preciso momento reconoce la mañana que se acerca. Se esfuerza por no despertar. No quiere abandonar el espacio ni regresar a la tierra, pero la cama en su espalda y la luz tras sus párpados advierten otra realidad.
Abre los ojos.
Permanece recordando el sueño.
Al desayunar, la oscuridad y la luz del cosmos son imágenes borrosas, ilusorias y sonríe sin saber por qué.
*******
Al terminar de comer, cambia canales en el televisor como esperando algo mejor en el siguiente ciclo. Tras repetir la operación por horas, desespera. Reconoce que no puede permanecer así. Se baña, se viste y se frustra cuando está listo para salir desconociendo adónde.Toma sus llaves y sale de compras.
A las tres horas regresa contento.
Del valijero saca una bolsa mediana. Entra y se va directamente al dormitorio.
Tira la bolsa y desempaca su nuevo estetoscopio. Examina la caja una vez más y lee acerca del amplificador digital que posee. Se desnuda, se acuesta, inserta los auriculares en sus oídos y coloca la membrana sobre el tambor de su pecho.
Don José piensa que la vida carece de color, olor y textura, pero que sí posee un sonido. Se apena al reconocer que su existencia se reduce al movimiento de una válvula.
Se pregunta: ¿si me quedara un número determinado de latidos, y asumo que entre más me emocione, más rápido el pulso, aprovecharía mis últimos momentos viviendo intensamente o descansaría para vivir más? Y si un día ubico la membrana en el lado izquierdo de mi pecho y no escucho nada, ¿sería como escuchar mi muerte?
Sitúa la campana en distintas partes de su tórax central e izquierdo, bordeando su corazón. Luego baja a su estómago. Su digestión no es rítmica, cuando fluye un líquido parece un río interno que se estanca y después vuelve a fluir.
Regresa al tórax, aspira profundo y percibe un viento interno. A diferencia de sus latidos y sus efusiones digestivas, sí controla el flujo de aire que traspasa su sistema respiratorio.
De acuerdo con la intensidad con que inhala y exhala, genera diferentes sonidos hasta provocar un chillido. Concibe que con práctica armonizaría los tonos y sus pulmones podrían convertirse en instrumento musical.
Escucha su ombligo como buscando reminiscencias prenatales pero tan solo reescucha su digestión. Baja la membrana más y la coloca sobre su testículo izquierdo.
Ausculta un burbujeo y se imagina que si un día utiliza el estetoscopio sobre un hormiguero, sonaría igual. Está listo para guardarlo, cuando se le ocurre poner la campana en su frente, considera que tal vez logre escuchar sus pensamientos.
Pero solo hay silencio. Prueba en distintos puntos de su cabeza con el mismo resultado. Para explicarlo se plantea dos posibilidades: o al estetoscopio le falta potencia o mis reflexiones carecen de intensidad.Luego especula: tal vez justo en el momento que coloqué la membrana en mi frente dejé de pensar, porque mi cerebro no soportaría escucharse a sí mismo.
Antes de dormirse se dice que quizás la razón del silencio es que su propio raciocinio le oculta un secreto.
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Jack Grubstein tiene 45 años y ha publicado su primera novela, Génesis del sueño. Animado por un taller de creación literaria con el novelista Sergio Ramírez hace diez años inició escribiendo cuentos.
Luego las críticas positivas que llegaban sobre sus escritos, y que lo retroalimentaban, lo empujaron a adentrarse en la escritura de la novela.
Dice que cuando adolescente escribía poemas amorosos, “que hoy están abandonados”. También refiere que el camino para llegar a su historia fue largo, angustioso y muy solitario, “llegué a la novela practicando bastante, equivocándome bastante, corrigiendo, pero al final se logró publicar en Costa Rica con Uruck editores”.
Sos ingeniero industrial ¿cómo llegás a la literatura?
Aunque estudié Ingeniería Industrial siempre me gustó leer filosofía. La ingeniería es bastante práctica, pero siento que la literatura es una manera de cuestionar el mundo, de autocuestionarme y de compartir tantas preguntas que tengo y la quiero llevar a los lectores.
Tengo muchas preguntas por hacer y creo que son importantes e interesantes, quiénes somos, para qué estamos aquí, qué pasará después.
LOS CONSEJEROS
¿Qué se ha dicho de tu novela?
Se la enseñé a Claribel Alegría que antes me había comentado algunos cuentos que le gustaron. Ella me ayudó con Uruck editores para que se publicara, que Oscar Castillo la leyera. A Sergio Ramírez se la mostré y le gustó y sus comentarios me ayudaron mucho, lo mismo pasó con Claribel.
La presenté en la Feria del Libro de Costa Rica en agosto del 2013 y fue una experiencia estupenda, nunca había estado en una feria, se vendió bastante de 144 libros que se vendían en el stand de Uruck fue el libro decimotercero en la lista de vendidos y estoy contento, porque soy un total desconocido y la gente empieza a leerme.
Tu novela refleja la vida de un hombre viejo y jubilado que se arrepiente de no haber vivido muchas cosas. ¿Te topaste con alguien así, qué te motivó a escribirla?
Como dijiste es un hombre que está llegando a su jubilación y es una de las últimas etapas en su vida. Una de mis ideas era reflejar lo que hay en la vida, analizarla, y ver esa última etapa como un punto de referencia.
No sé qué filósofo dijo que vivimos la vida hacia adelante pero la entendemos mirando hacia atrás. Al tomar la historia de un jubilado, él puede ver la vida en otras perspectivas por eso tomé a una persona mayor.
¿Está el llamado a ver a los viejos y las situaciones que viven. Es una mirada a la jubilación y los problemas que hay en el país?
Es una posible interpretación. Esa no fue mi intención sino pensar que cuando somos jóvenes hacernos las preguntas a largo plazo, no concentramos en el día a día, y en las recompensas inmediatas, y nos olvidamos del largo alcance y lo más significativo.
La idea es no fijarse en la foto pequeña sino en el gran cuadro.
¿La jubilación te preocupa?
Sí. Pero quiero que el libro se lea como que hay que vivir la vida y no llegar a la jubilación y arrepentirse de haber vivido esa vida.
LOS SUEÑOS
¿Los sueños forman parte inspirativa en todo el proceso de tu escritura?
Me estimuló bastante el mundo de los sueños, continúa siendo un misterio para mí pensar en qué son los sueños, por qué soñamos, qué nos dicen los sueños, quién es más importante el yo que está soñando o el yo despierto, preguntas que no tienen respuestas, pero que vale la pena hacerlas.
Todos nos dormimos y cambiamos cuando soñamos y conocemos muchas personas en los sueños. Es importante saber qué hay en los sueños y espero que en el futuro se llegue a descubrir más sobre ellos para que nos puedan ayudar.
La creatividad que tenemos cuando estamos soñando es impresionante. Cuando estaba escribiendo la novela tenía una grabadora a la orilla de mi cama y me despertaba para grabarme, fue una herramienta que usé para escribir el libro, y que me alimentó porque sé que gozamos de una creatividad al estar dormidos.
LA RACIONALIDAD
¿Por qué abandonaste la poesía?
La escribí cuando era adolescente, vivía momentos más emocionales y por lo menos para mí es una buena vía para expresar las emociones, para desahogarse. La narrativa para mí es más racional menos emotiva y más intelectual, sé que esa visión no es de todos y así es como yo la siento, la emotividad que viví cuando adolescente ya no está, ahora es más racional y más tranquilo.
Desde que comencé a escribir cuentos me sentí más cómodo con esa vía, cuando escribía la poesía estaba triste o apasionado por algo, enamorado, algo así. Para escribir la narrativa es más abierto puedo ser filosófico.
Motivado por un taller de escritura llegaste a escribir novela. ¿Cómo te puede ayudar?
He tomado varios talleres y he leído acerca de cómo escribir y eso me ha nutrido, he aprendido bastante. En mi caso me ha ayudado a reconocer errores que he tenido en la escritura, por ejemplo repetir lo mismo varias veces, y tal vez uno cree que al repetirlo está bien, y no es así, porque se diluye, entonces más resulta ser menos, si ya lo dijiste una vez y está bien dicho, no hay que decirlo dos veces, la economía verbal hay que aplicarla, porque si lo podés decir en menos palabras el mensaje va a llegar más directo que si lo decís en muchas.
Lo otro es procurar ser económico especialmente con los diálogos, porque el diálogo no es lo que se practica todos los días, el diálogo escrito debe ser mucho más condensado, si uno escucha algo en la calle y si lo copiás exacto va a ser aburrídisimo, lo mejor es condensarlo dejar preguntas abiertas para que el lector quiera seguir leyendo y que él se responda esas preguntas o siga preguntando.
¿Cómo viviste el proceso de la creación de la novela, fue difícil o divertido?
Fue un gran reto. Para comenzar no sabía que podía escribir una novela estaba en el proceso y no sabía si la podía terminar, no sabía si podía expresar lo que deseaba, no sabía si el lector la iba a entender según mi intención. Me tomó dos años y medio escribirla, la súper leí, la súper corregí, me saturé de ella, muchas veces me frustré y le dediqué tanto tiempo que solo la podía leer con ojos de autor y no de elector. La engaveté un año, me la sabía de memoria y después la leí con ojos frescos, le eliminé un 15 por ciento, la reedité ya con ojos frescos, y ese fue el resultado.
¿Qué maestros has leído que hayan sido importantes para tu creación?
Somos el producto de lo que hemos vivido, y cuando leemos somos el producto de lo que hemos leído, somos los que leemos, estoy seguro que soy eso. Autores que me influyeron Miguel de Unamuno con La niebla, La vida de Don Quijote y Sancho Panza que es un ensayo de Unamuno que me encantó, de ahí sale la frase que está en el inicio del libro, si me preguntás cuando adolescente Hermann Hesse, George Orwell, Paul Auster, José Saramago, Milán Kundera, Jack London. En Nicaragua Sergio Ramírez, Claribel Alegría, la novela de José Adiak Montoya El sótano del ángel , bueno no conozco mucho de literatura nicaragüense.
Está en auge la práctica de la microliteratura, ¿te inclinás por ella?
No me llama la atención tanto. Tengo cuentos que me gustaría publicar, vos y LA PRENSA fueron los que me abrieron las puertas con un cuento, fue mi primera publicación. He hecho algunos cuentos pero no los llamaría microrrelatos, tal vez he escrito un par de ellos pero no es lo mío.
Ezequiel D’León Masís dijo en una entrevista que los escritores tienen que reconciliarse con la cultura popular y que es preciso jugar en la escritura. ¿Estás de acuerdo, cuál es tu apreciación?
Hice un gran esfuerzo de no ser pesado en mi novela, creo que el lenguaje que apliqué es sencillo, y que si me hice una pregunta también el lector se haga la misma pregunta y que piense.
Creo que lo importante es interesar al lector y entretenerlo, una de ellas es el juego con las palabras, lo cual trato de hacer algunas veces, con respecto a la cultura popular o los clásicos creo que se puede sacar de ambos historias buenas, vidas interesantes, no hay que limitarse a uno o al otro, creo que se puede escribir y leer de lo clásico y lo popular ambos tienen buenos recursos donde se pueden sacar buenas historias. Lo importante es que le guste al lector, le parezca interesante.
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