Es esencial que prestes atención a la impactante introducción de Dark Souls II porque contiene toda la información argumental que necesitarás en el juego.
Una vez más estás maldito, tu realidad se ha evaporado. Toca sumergirse en lo innombrable y visitar Drangleic, el nuevo mundo exánime de la saga; quizá así recuperes tu vida y posiblemente consigas alguna meta mayor.
EL ENCLAVE DE
CADENTE
Después de repuesto del shock inicial, tus huesos irán a para a Altar Encantado, un enclave tan decadente y carente de vida como tu propio cuerpo. Solo te acompaña el eco lejano de una tormenta, no hay enemigos, bueno sí, pero no muestran ningún interés hacia ti. Dark Souls comienza con antorchas y miedos.
El primer escenario servirá como tutorial, recordándote, si es que lo habías olvidado, el lote completo de movimientos de tu personaje, prácticamente idéntico al de la primera entrega, pero engalanado en esta ocasión con animaciones mejoradas y una implementación del vestuario y su física realmente espectacular, el efecto del viento sobre las capas es alucinante.
¡HORA DE JUGAR!
Otra obra de arte imperecedera, tan sobresaliente, extensa —entre 70 y 80 horas en tu primera partida si quieres disfrutarlo como merece— y única como el resto de entregas de la saga, que además sabe mejorar según se acerca al final del juego.
Tan difícil como sus antecesores, incluso con las nuevas incorporaciones jugables, pero con ese grado de evolución justo y necesario para que siga mostrándose como un pura sangre.
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