Roberto Giusti / EL UNIVERSAL
De trazos firmes, nítidos, resueltos y muy pocas tachaduras, la letra de Leopoldo López habla, más allá de los contenidos, de alguien que mantiene su firmeza de convicciones por medio de un cuestionario que respondió a casi un mes de cautiverio, desde una estrecha celda, aislada, de la prisión militar de Ramo Verde, en Los Teques.
::: ¿Cómo matas tu tiempo tomando en cuenta que estás sometido a un aislamiento relativo?
En la cárcel no mato el tiempo. Lo aprovecho. Decidí hacer de mi encarcelamiento una oportunidad. He desarrollado una rutina que comienza, todos los días, a las 6:00 de la mañana, leyendo La Palabra del Día. Luego, de 6:30 a 8:00 de la mañana, hago ejercicio, entreno, desayuno y cumplo con un primer bloque de lectura de historia. En la tarde escribo y dedico un segundo bloque a la economía, con énfasis en temas petroleros, así como a la literatura. Antes de cenar vuelvo a entrenar y reviso los periódicos que me llegan. Trato de ser muy disciplinado porque estoy consciente de que el principal terreno de mi lucha, en la cárcel, son mi mente y mi espíritu.
::: ¿Tienes acceso a la información? ¿Sabes, a cabalidad qué está pasando en la calle?
Puedo leer los periódicos, cada día con menos páginas y recientemente tuve acceso a un televisor, aunque lo que sale en pantalla, sobre Venezuela, es propaganda y ficción gubernamental. Son las limitaciones impuestas por la agonía de la libertad de expresión.
::: ¿Qué es lo que más extrañas del mundo exterior?
Estar con Lilian y mis hijos, Leopoldo y Manuela, en mi casa. También extraño a mis compañeros de lucha, con quienes no he podido hablar por las limitaciones que han impuesto a las visitas.
::: ¿No temes que tu prisión sea mucho más larga de lo que imaginaste?
Estoy preparado, física, mental, espiritual y familiarmente para asumir el tiempo, que Dios disponga que esté en la cárcel. Mi mejor compañera, en la soledad de la celda, es mi inocencia.
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