Lo emocionante de Thief es que su jugabilidad es fácil de explicar: infíltrate en una ciudad casi completamente abierta y roba sin que te vean. Ese podría ser el resumen, pero quedarnos con eso sería olvidarnos de la esencia de lo que hace único a Thief.
Lo más recomendable es jugarlo en un nivel alto de dificultad para sacarle más provecho, pero en términos generales es un título que deja mucho que desear tanto a nivel de historia como a nivel de exploración.
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Para empezar estamos hablando de un título con una importante carga argumental.
LA TRAMA
Más allá de lo que pueda parecer la historia de Garrett se vuelve más atractiva conforme avanzamos en la campaña y descubrimos los oscuros secretos que se nos ocultan casi desde las primeras escenas del propio tutorial.
Sin querer revelar detalles importantes, Garrett tendrá que luchar por salvar a La Ciudad de una plaga que él mismo ha visto nacer. Mientras, lidiará con sus demonios interiores con la historia girando continuamente para engancharnos con diferentes giros argumentales.
LA OTRA CARA
Lo bueno, y a la vez lo malo del argumento de Thief es que se basa en acciones y no en construcciones de personaje complejas. Lo importante es lo que haces y lo que pasa, no los devaneos sentimentales o psicológicos de los personajes en pantalla.
Esto es así porque en buena medida el personaje más importante no es el protagonista de la aventura, sino La Ciudad que sirve como marco continuo para las acciones que llevamos a cabo. Se trata de una urbe abierta y repleta de secretos que exuda carácter y pide a gritos ser explorada.
Thief es uno de los juegos que se hizo esperar desde su primer gameplay pero que se alejó bastante de lo que parecía. Aunque de inicio es un buen título, se vuelve repetitivo, con áreas exageradamente pequeñas. Solo las personas que le tengan buen gusto al sigilo lo van a disfrutar.
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