Josué Bravo
Corresponsal / Costa Rica
La construcción de la polémica carretera fronteriza que ha enfrentado a Costa Rica y Nicaragua debe terminarse, no solo por razones estratégicas y de seguridad que ella representa; sino por la integración y desarrollo económico y social que representa para las comunidades de la zona.
En ello coinciden los candidatos presidenciales Luis Guillermo Solís, del Partido Acción Ciudadana (Pac) y el de Liberación Nacional (PLN), Johnny Araya, quienes disputarán la presidencia en una segunda ronda electoral en el mes de abril.
Según Solís, a la carretera fronteriza de 160 kilómetros que bordea el río San Juan, la cual aquí llaman trocha, hay que “terminarla y terminarla bien”.
“Creo que hay que hacerlo aunque cueste mucha plata, aunque debimos haberla hecho bien la primera vez; pero es una carretera que es de fundamental importancia para el país y no por razones de seguridad y estrategia, sino por razones económicas y de desarrollo para las comunidades de esa región del país”, dijo el candidato.
Araya añadió que esta obra, destruida al primer invierno por su mala construcción, es importante para su país porque reafirma la soberanía sobre esos territorios, además del “impacto social que ya ha tenido”.
“A pesar de los traspiés y de que la obra no ha sido concluida, no hay duda de que muchas comunidades se han integrado al país, ya les ha llegado energía eléctrica, ya tienen una vía de acceso parta poder sacar sus productos y mi posición es que la trocha hay que terminarla.
Esa obra es un compromiso que yo asumo, de terminar con los controles debidos, con cero tolerancias a los actos de corrupción que deben ser desterrados”, indicó.
Aunque la mandataria Laura Chinchilla anunció que se enfocaría en avanzar en la reconstrucción de esta vía, lo cierto es que quedará a medio palo cuando entregue el poder el 8 de mayo próximo.
Cuando Chinchilla salga del gobierno dejará listo el diseño de 5 tramos de reconstrucción, luego de solventar atrasos legales en la adjudicación de los mismos.
Esta carretera debió ser el proyecto emblema de Chinchilla, iniciada sin planos ni estudios de impacto ambiental en el año 2011, en pleno conflicto fronterizo con Nicaragua, pero en cambió se convirtió en el símbolo de los escándalos de corrupción de su gobierno.
En total se han invertido unos 40 millones de dólares en su primera etapa y en su reconstrucción, se mejorarán puentes o se harán nuevos, alcantarillas, drenajes y estabilización de taludes, entre otras cosas.