AFP
«¡Es indestructible!»: como en los mejores días de la Revolución naranja de 2004, pero con los rasgos tirantes, en silla de ruedas, Yulia Timoshenko arenga de nuevo a la multitud en el Maidan, en el centro de Kiev, tras la destitución el sábado de su enemigo jurado Viktor Yanukovich.
Apenas salida de la cárcel la tarde del sábado, esta mujer menuda, coronada con su trenza emblemática, se apresuró a acercarse a la capital para dirigirse a sus partidarios y a la oposición antiYanukovich reunidos a miles en la plaza. Pese a las hernias discales que sufre y a los dos años y medio pasados en la cárcel, no ha perdido ni un ápice de su fervor.
«¡Sois unos héroes, sois los mejores de Ucrania!», lanzó entre lágrimas a los manifestantes después del baño de sangre registrado este semana en pleno centro de Kiev que ha conducido a la destitución de hecho del presidente Viktor Yanukovich, votada el sábado por el Parlamento.
La multitud coreaba «Yulia, Yulia, Yulia», aunque ciertos manifestantes se mostraban escépticos acerca de sus capacidades para recuperar la iniciativa en Kiev.
Su retrato de grandes dimensiones figuraba en el centro del Maidan, la plaza de la Independencia de la capital ucraniana, ocupada día y noche desde hace tres meses por manifestantes hostiles al presidente Yanukovich.
Exprimera ministra y adversaria de Yanukovich en las presidenciales de 2010, Timoshenko fue condenada en 2011 a siete años de cárcel por abuso de poder, un caso que ella denunciaba como una «venganza política».
«Nuestros muertos son nuestros liberadores. Nos van a inspirar. ¡Los héroes nunca mueren!», exclamó ante unas 50.000 personas congregabas para recibirla en el Maidan, corazón de la protesta y escenario de violentos choques que han dejado 80 muertos.
«¡Los héroes nunca mueren!», le respondieron a coro numerosos manifestantes del Maidan.
Antes de llegar Timoshenko, se había celebrado una ceremonia fúnebre en la plaza a modo de homenaje a los manifestantes muertos. Un féretro abierto fue depositado en un podio y un sacerdote rindió homenaje a «un patriota muerto por la libertad e independencia de Ucrania».
La gente, entre ellos padres de familia con niños pequeños en brazos, depositó flores y se persignaba ante un muro de duelo improvisado construido con adoquines en la calle Institutska que conduce al Maidan, donde la mayoría de las víctimas murieron a tiros.
«No he reconocido Kiev, con los coches calcinados, las barricadas, pero es otra Ucrania, ¡la Ucrania de los hombre libres!», lanzó Yulia Timoshenko.
«Ahora es como Roosevelt y es indestructible», se entusiasmaba Tetiana Matvitchuk, de 52 años, aludiendo al presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, elegido en cuatro ocasiones y víctima de una enfermedad que lo tuvo en sillas de ruedas.
«Se merece todos los cargos», subrayaba esta mujer llegada de la periferia de Kiev.
Viktoria, una ama de casa y su marido estaban en el Maidan «por Yulia» que siempre han apoyado.
«Los otros responsables de la oposición pueden ser sus adjuntos pero ella es la jefa de verdad», explica Viktoria.
Olexandre Chebotarev, de 53 años, nunca votó a Timoshenko e incluso apoyó a Viktor Yanukovich en 2004 durante la Revolución naranja, pero lo hará si ella se presenta a la presidencial anticipada decretada por el Parlamento el 25 de mayo.
«No esperamos nada bueno de Timoshenko desgraciadamente», explica Svitlana, une manifestante.
«Nadie, aquí en la Maidan, luchó por la liberación de Yulia Timoshenko y pienso que debe proseguir la investigación sobre sus actividades porque los criminales deben ser castigados sea cual sea su fuerza política», añade Viktor.
«Lo que hacía antes no era bueno para el país, esperemos que después de su detención, cambien sus opciones», estimó Ruslan.
El discurso de Timoshenko fue interrumpido varias veces al señalarse desvanecimientos en la multitud.
«No han podido aguantar, es demasiado emotivo», comentaba un manifestante.
Yulia Timoshenko instó a los ucranianos a permanecer en el Maidan hasta que «obtengan lo que quieren» y aseguró que su ejemplo contribuirá a la «instauración de la democracia en otras repúblicas ex soviéticas».