William José Aragón
A tan solo cuatro kilómetros al oeste de Totogalpa, Madriz, se encuentra la comunidad indígena de San José de Palmira, considerada un modelo en el desarrollo ecoturístico rural. Es todo un paraíso para el disfrute familiar. Ahí se encuentra un ecoalbergue, un invernadero de más de 27 especies y variedades de orquídeas, además de fauna, fuentes hídricas y un territorio boscoso con senderos que ofrecen aventura a los visitantes.
También se puede disfrutar de un fresco clima y apacible ambiente de campo, montar a caballo o bicicleta, recorrer sitios históricos y conocer las leyendas como las cuevas de las tres señoritas. Es fácil ver animales como los guazalos o lagartos, venados, armadillos, zorros meón, tigrillos, garrobos, iguanas, conejos, mapachín, pizotes, lagartijas, culebras, pericos lerdos, palomas, gavilanes, corraleras, chiricas y correcaminos, entre otras especies.
En este sitio se puede participar de las ceremonias de los indígenas y desayunar, almorzar o cenar comidas típicas preparadas por las mujeres del campo.
Al caer la noche los grupos locales amenizan con sus guitarras, acordeones, flautas y chicheros con sones autóctonos, las danzas del tradicional teatro callejero de la “Mojiganga o el baile de la Gigantona” con sus mantudos y la infaltable danza regional de grupos de jóvenes.
- El proyecto turístico de las 235 familias campesinas, en San José de Palmira, ha abierto oportunidades a los jóvenes para crear sus propios negocios.
75 córdobas hasta cien córdobas cuesta el platillo de comida típica.
10 dólares, hasta 20 dólares cuesta el servicio de guías para los recorridos por senderos y otros puntos turísticos de la zona.
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El contacto es Armando Rodríguez Portillo, teléfono 86592181 o Martha Merari Blandón 84275504.
Palmira Ecológica es un proyecto turístico en el que se complementan las actividades comunitarias de San José de Palmira con las del ecoalbergue. En el asentamiento las familias tienen la capacidad de brindar hospedaje a los turistas.
El ecoalbergue cuenta con los servicios de hospedaje, alimentación, ciclismo, campismo, senderismo guiado y cabalgatas. Los visitantes pueden ir al orquideario en el que se cultivan especies propias de la zona, visitar el centro de artesanías, donde hay objetos de barro, palma, tule y jícaras.
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TODA UNA HISTORIA
Palmira está compuesta por más de 235 familias que llegaron procedentes de diversas zonas para asentarse en esas tierras en la década de los años ochenta, cuando su propietario Maximiliano Paguaga falleció, dejando la finca de 200 manzanas sin dueño.
Estas tierras fueron legalizadas años después a favor de las familias campesinas que ya las habitaban, gracias a que el Instituto de Promoción Humana (Inprhu) de la ciudad de Somoto compró las tierras y creó el asentamiento que en un inicio se le denominó “La Tierra Prometida”.
Al inicio las familias construían sus humildes casas con barro, adobe, varillas, bambú, plástico negro, tablas viejas y otros materiales, y apenas se dedicaban al cultivo de granos de maíz y frijol como una forma de subsistencia, pero un proyecto impulsado por el Inprhu de Somoto permitió que tuvieran mejores viviendas.
El proyecto fue presentado al ayuntamiento de Alicante, gestionado por la Fundación Dasyc de Valencia, España, y fue aprobado a finales del 2007.
Walter Samuel Miranda, guía turístico y presidente de la Cooperativa Agroturística de Palmira, destacó que la iniciativa promovida por el Inprhu de Somoto ha ayudado a las familias pobres a tener alternativas de empleo y fuentes de ingresos, trabajando juntos en diversas tareas de desarrollo turístico, “ofertamos un servicio integral de atención turística a los visitantes”, dijo.
Gladys Cáceres, directora del Inprhu en Somoto, explicó que en el 2009 iniciaron un proyecto integral de desarrollo comunitario turístico, de beneficio para las familias pobres asentadas en este lugar. “Comenzamos con la construcción de unas cincuenta viviendas con un modelo que ya teníamos diseñado y en un periodo de dos años fuimos haciendo el resto hasta lograr que todos tuvieran un hogar digno”, expresó.
Detalló que el proyecto contempló que cada vivienda contara con una habitación adicional para recibir turistas extranjeros o nacionales que pudieran llegar a esta comunidad a convivir con las familias y vivir una experiencia inolvidable de campo.
“Pensamos en que la comunidad de Palmira podía ser un referente turístico a nivel nacional, aprovechando el potencial existente, recursos humanos y preservando y cuidando el medioambiente, con altos niveles de producción que permitieran la autosostenibilidad, profesionalización y mejor condición de vida de sus habitantes”, destacó.
En cuatro años los esfuerzos comenzaron a verse en todos los campos: mejoramiento social, infraestructura, medioambiente, promoción turística, educación, salud y producción, reconocen líderes de la comunidad.
A Palmira han llegado turistas de Estados Unidos, Canadá, Japón, España y de otros países. “En las familias albergamos cuatro personas y les brindamos una alimentación típica elaborada en casa y los atendemos con mucho cariño y esmero”, dijo Blanca Azucena López Muñoz.
SUEÑOS QUE SE HACEN REALIDAD
Cada familia de San José de Palmira percibe un ingreso mensual de entre 4,000 y 6,000 córdobas, aparte que se trabaja en el campo en tareas productivas.
Se establecieron proyectos de bosques energéticos, frutales, cultivo de orquídeas, jardín botánico, mariposario, ranarios, reserva de flora y fauna, cosecha de agua, turismo rural, renta de bestias y bicicletas, guías turísticos y se trabaja en la diversificación de cultivos en sus parcelas.
Otros trabajan en los talleres de artesanía, confección de ropa, elaboración de alimentos, pan, producción de miel.
“Estamos muy orgullosos de las familias de la comunidad de San José de Palmira, en Totogalpa, porque han sabido trabajar unidos para su propio bienestar al desarrollar un sistema de modelo único de agroturismo, que atrae a extranjeros y nacionales admirados de sus culturas y costumbres”, dijo Cáceres.
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