La clásica táctica de esgrima se lleva a cabo en un juego en el que el fracaso y el éxito se deciden en cuestión de milisegundos, en ese momento en el que el instinto y la táctica cristalizan y uno de los dos contendientes termina hecho un montón de píxeles.
No dispone de un listado amplio de banda sonora, pero la que trae, escasa eso sí, es idónea y pegadiza, por lo que no será aborrecida con facilidad.
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Es Nidhogg, el juego de esgrima que tiene energía para proporcionarte varias horas de diversión.
CUATRO MUNDOS
El título se divide entre cuatro coloridos mundos muy sencillos y con pequeños adornos, como las nubes de fondo, mientras te dedicas a enfrentarte en duelos individuales.
El estilo pixeleado de Nidhogg es único. En cuanto empiezan los combates, la pantalla se llena de chorros de sangre y si uno de tus enemigos tiene la mala suerte de acabar empalado por tu espada, que se prepare, porque puedes humillarle moviéndola arriba y abajo y salpicar la pantalla con píxeles de color rojo y naranja.
Nuestra misión es llegar al final del nivel, ya sea a la derecha o a la izquierda del mismo.
El primero de los oponentes que consigue matar a su rival consigue un paréntesis de entre cinco y diez segundos, hasta que su némesis vuelve a la vida y el combate comienza de nuevo.
TENSIÓN ES PERMANENTE
Las peleas pueden ser eléctricas y acabar en cuestión de segundos o se pueden convertir en duelos de más de veinte minutos mientras los rivales se estudian y ambos esperan a que el otro baje la guardia.
La mezcla da como resultado un juego en el que la tensión es permanente, pero cuyo resultado final es muy, muy divertido.
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