Ramón García Gibson (*)
Con motivo de unos cursos de capacitación que impartí durante la presente semana, consideré oportuno compartir con usted, estimado lector, la reflexión sobre la necesidad de que las empresas y entidades tanto del sector gubernamental como privado sin importar su tamaño cuenten con un robusto programa de control interno que les proporcione certeza con respecto al logro de sus objetivos así como que dichos objetivos estén siempre apegados a la normatividad aplicable.
En este sentido, el Comité de Organizaciones Patrocinadoras (Committee of Sponsoring Organizations, COSO) ha definido el control interno como: un proceso, efectuado por la junta de directores, la gerencia y demás personal, diseñado para proporcionar seguridad razonable, relacionada con el logro de objetivos en las siguientes categorías: Confiabilidad en la presentación de informes financieros; efectividad y eficiencia de las operaciones, y cumplimiento de las leyes y regulaciones aplicables.
De acuerdo con diversos especialistas en el tema, el ambiente de control es la base de los componentes del control interno, razón por la cual constituye una parte fundamental de la estructura de control interno y consiste en actitudes, conocimiento, acciones de los directores, miembros de consejos de administración y en general del personal clave respecto de los controles internos y la importancia que tienen para la institución. Asimismo, establece el nivel de exigencia que tiene la entidad e influye en la conciencia de control del personal, contribuyendo no solo a la calidad de los controles sino que también a la confiabilidad de los informes financieros. Un ambiente de control favorable requiere de apoyo y dirección de la administración superior.
Los tratadistas mencionan que, un aspecto importante del sistema de monitoreo de una empresa o entidad es la función de auditoría interna. Los auditores internos investigan y evalúan el control interno y la eficiencia con que las diversas unidades de la organización realizan sus funciones asignadas y reportan sus hallazgos y recomendaciones a la gerencia. Como representantes de la alta administración los auditores internos están interesados en determinar si cada área o departamento entiende claramente su labor, si cuenta con personal adecuado, si mantiene buen nivel de información, si custodia adecuadamente los activos de valor, y se comunica con los demás departamentos.
El problema de esperar a que una auditoría ya sea interna o externa detecte el que existe un pésimo ambiente de control dentro de la empresa es que dicho dictamen refleja una situación que ya ha causado un daño. Se tiene que ser preventivo y en esa actitud el consejo de administración y alta dirección deben jugar un papel fundamental.
Por considerar que la implementación de un programa robusto de control interno puede resultar en extremo difícil, algunas empresas y entidades tanto gubernamentales como privadas no cuentan dichos programas exponiéndose a diversos riesgos como el fraude así como incumplimiento con la normatividad aplicable.
Peter Drucker abogado y tratadista austríaco, quien es considerado el mayor filósofo de la administración en el siglo XX dijo: “La mejor estructura no garantizará los resultados ni el rendimiento. Pero la estructura equivocada es una garantía de fracaso”. ¿Usted qué opina estimado lector?
(*) Experto en prevención de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo.
Publicado en Forbes, México.
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