Al menos cinco personas murieron este viernes en tres atentados contra la Policía en El Cairo, en plena campaña de represión contra los islamistas en la víspera del tercer aniversario de la revuelta que expulsó al presidente Hosni Mubarak del poder.
Poco después del amanecer, un hombre esperó a que los agentes levantaran un retén para empotrar su automóvil abarrotado de explosivos contra la pesada verja que cierra el acceso a la sede de la Dirección de la Policía en el centro de la capital, contó un policía herido levemente en la cabeza a la AFP.
Según los investigadores, todavía no se sabe si el hombre estaba al volante del vehículo cuando la bomba estalló.
La explosión provocó un profundo cráter y destrozó la fachada del edificio y del Museo de Arte Islámico, donde varias piezas resultaron destruidas, según el ministerio de Antigüedades.
El atentado dejó cuatro muertos y más de 70 heridos, señaló el ministerio de Sanidad.
Tres horas más tarde, una bomba de escasa potencia estalló al paso de un coche policial en el centro de la capital, matando a un policía e hiriendo a otros cuatro, según la misma fuente.
Poco después, un tercer artefacto estalló cerca de una comisaría en una avenida que lleva a las grandes pirámides de Giza, sin causar muertos.
El gobierno instaurado por el jefe de las fuerzas armadas, Abdel Fatah Al Sisi, reprime violentamente toda manifestación de los partidarios de Mursi.
Más de un millar murieron y otros varios miles fueron encarcelados, mayoritariamente miembros de los Hermanos Musulmanes, la influyente organización de Mursi.
Al mismo tiempo, decenas de policías y soldados murieron en atentados, los más mortíferos de los cuales fueron reivindicados por un grupo de la península del Sinaí inspirado en Al Qaeda, en represalia, según Sisi, por la «masacre» de los manifestantes pro Mursi.
El jueves, cinco policías murieron en un atentado contra un puesto de control en una carretera en Beni Suef, a un centenar de kilómetros al sur de la capital.
El Gobierno atribuye por su parte los atentados a los Hermanos Musulmanes, decretada «organización terrorista».
Un día lleno de peligros

Egipto celebrará el sábado el aniversario de la revolución del 25 de enero, lanzada en 2011 en el tumulto de la 'Primavera árabe'. En preparación de esta jornada, considerada de alta tensión en un país profundamente dividido, policías y soldados se despliegan, sobretodo, en el centro de El Cairo, donde está la emblemática Plaza Tahrir.
Los seguidores de Mursi, liderados por los Hermanos Musulmanes, llaman a manifestarse durante 18 días, la misma duración de la revuelta popular que puso fin, el 11 de febrero de 2011, a tres décadas de poder de Hosni Mubarak.
Pero el ministro de Interior advirtió de que las fuerzas del orden responderán con «firmeza» a cualquier intento «de los Hermanos Musulmanes de sabotear las ceremonias», e instó a los egipcios a salir en masa a la calle para celebrar el 25 de enero y respaldar al Gobierno.

Este viernes, poco después del atentado contra la dirección de la Policía, en medio de los restos de cristales, hierro y madera, decenas de habitantes se congregaron para abuchear a los Hermanos Musulmanes, como ya ocurrió después de los últimos ataques. Varios blandían retratos del general Sisi, que también es viceprimer ministro y ministro de Defensa y que no esconde sus intenciones de presentarse a las presidenciales prometidas para 2014.
Tras la marcha de Mubarak, las fuerzas armadas tomaron las riendas del poder durante 16 meses antes de entregárselas a Mursi. Un año después, millones de egipcios se manifestaban para exigir su marcha, acusándole de acaparar todos los poderes en beneficio de su organización y de querer islamizar la sociedad a marchas forzadas.
En respuesta a esta «nueva revolución», el Ejército derrocó a Mursi. Desde entonces, Sisi y el gobierno que formó son muy populares entre los egipcios, que
mayoritariamente quieren poner fin a tres años de «caos». Pero algunos intelectuales y figuras de la revolución de 2011 temen un regreso a los métodos de Mubarak, con la represión impacable de cualquier contestación.