Juan Vega Gonzales (*)
En varias ocasiones pregunté a personas de algunos de los países más ricos del mundo, a qué atribuían la riqueza de sus naciones.
Uno podría pensar en una variedad de razones, que van desde haber aprovechado la riqueza que generaron en periodos coloniales, hasta el impulso de sus universidades en el desarrollo tecnológico; pero la razón que me expusieron, según su propia percepción, fue mucho más sencilla.
La respuesta general fue “somos más ricos y nos desarrollamos más porque cumplimos con nuestros contratos”. El ciudadano promedio tiene en su “chip mental” la percepción y la actitud de que “las leyes/contratos se cumplen”.
Esa percepción general hace que se incremente la confianza en las inversiones, aumentando el volumen de transacciones, comercio y en general de actividad económica no solo a nivel privado pero también a nivel de gobierno, con una mayor recaudación impositiva y una mayor inversión social del Estado.
Esa mayor responsabilidad se puede percibir en tres ámbitos: a) la puntualidad (en el transporte, las entregas de trabajos y documentos), b) la responsabilidad por resultados y calidad de los mismos y c) la transparencia o veracidad de la información. Aspectos importantes para el éxito de todo negocio.
Las leyes en sí mismas no implican su cumplimiento; sino más bien el control social y administrativo que se da con la denuncia de las irregularidades y la efectiva aplicación de sanciones a los infractores.
Este “control social” es un producto y una gran responsabilidad que se desarrolla (o no) dentro del sistema educativo. Por supuesto esto no significa (sería ingenuo pensar) que no hay contratos que se incumplen, pero en general el índice de corrupción en estos países es menor al promedio mundial.
El perfil, status, formación y grado de exigencia académica, tanto con alumnos como con profesores hacen a la imagen pública y al rol del sistema educativo en su papel de formar/inculcar en el “chip mental de los alumnos”, el respeto y deseo de que las cosas funcionen bien (las leyes se cumplan).
En países de mayor desarrollo la profesión de maestro o educador es una de las más respetadas y así debe serlo, porque en última instancia, ese “cumplir contratos”, es consecuencia y producto del sistema educativo, que forma e inculca en la mente de sus alumnos “el chip del cumplimiento”.
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