Hémera es la luz del día en la mitología griega. “Antes que todas las cosas fue Caos; y después Gea (la Tierra) la de amplio seno, asiento siempre sólido de todos los inmortales que habitan las cumbres del nevado Olimpo y el Tártaro sombrío enclavado en las profundidades de la tierra espaciosa; y después Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales, que rompe las fuerzas, y que de todos los dioses y de todos los hombres domeña la inteligencia y la sabiduría en sus pechos. Y de Caos nacieron Erebo (las Tinieblas) y la negra Nix (la Noche), y Éter y Hémero nacieron, porque los concibió ella tras de unirse de amor a Erebo”.
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De esa manera describe Hesíodo, en la Teogonía, el origen de los dioses primigenios de la antigua Grecia. Hesíodo, poeta e historiador griego de la antigüedad, nació alrededor del año 700 antes de Cristo y, según contó él mismo, era un humilde pastor de ovejas que pastaban al pie del monte Helicón, pero un día se le aparecieron las Musas, quienes le hablaron del origen de los dioses y lo indujeron a hacerse poeta para que lo contara a los mortales. Después de eso Hesíodo escribió la Teogonía, obra en la que explica de manera fantástica el origen de los dioses y del mundo. Y en otra obra titulada Trabajos y días, relató los hechos de los dioses que bajaban a la tierra a vivir entre los mortales, explicó las etapas por las que había pasado la humanidad desde el origen del mundo y sentenció que el trabajo es el origen de todo bien y la ociosidad la causa de todo mal. Ambas obras de Hesíodo, junto con La Ilíada y La Odisea , de Homero, han constituido la fuente para la divulgación y el estudio de los mitos griegos, desde entonces y hasta ahora.
Según Hesíodo la representación de la luz del día era un ser masculino, al que llama Hémero (al menos así es en la versión de la Teogonía que tengo en mi biblioteca). Sin embargo, mitólogos posteriores y actuales, incluyendo al británico Robert Graves, quien es una indiscutible autoridad en la materia, asegurar que se trata de una divinidad femenina (Hémera).
Hémera es hermana de Éter, la atmósfera superior de la Tierra, de Moro (el Destino), Tánato (la Muerte), Hipno (el Sueño, de dormir), los Oniros (los Sueños, de soñar), Momo (el Sarcasmo), Oísis (la Aflicción), Némesis (la Venganza divina), Apate (el Egaño), Filotes (el Afecto), Gera (la Vejez), Éride (la Discordia) y los Ceres (espíritus aéreos que representan el destino de los hombres).
Los mitógrafos españoles contemporáneos Constantino Falcón Martínez, Emilio Fernández Galiano y Raquel López Melero, en su obra común en dos volúmenes titulada Diccionario de Mitología Clásica dicen que “cuando Nicte (por Nix) aparece en el Horizonte, Hémera se precipita en el Tártaro (abismo profundo y tenebroso adonde son enviados quienes han sido condenados por sus malas acciones en vida) y regresa de nuevo a la tierra tan pronto como se aleja de ella su compañera”. Esto es una recreación literaria de lo que escribió Hesíodo en la Teogonía sobre la oscuridad de la noche (Nix) y la luz del Día (Hémera): “Siempre, cuando la una está fuera y se mueve sobre la Tierra, la otra vuelve, aguardando que llegue la hora de su partida. Y Hémera trae la luz penetrante a los hombres terrestres ”
Por cierto que en la ciencia médica se le llama Hemeralopía a la incapacidad que sufren algunas personas para ver con luz muy brillante.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A