Por Christian Otton
DACCA/AFP
La continuidad en el poder de la primera ministra de Bangladesh, Sheikh Hasina Wajed, está asegurada después de la decisión de la oposición de boicotear las elecciones legislativas del domingo, que podrían agravar la violencia que provocó cientos de muertos en los últimos meses.
La oposición reclama la dimisión del gobierno y su sustitución por un gobierno provisional neutral antes de la organización de las elecciones, como ocurrió en anteriores ocasiones en este país asiático, uno de los más pobres del mundo.
La jefa de gobierno reiteró su intención de llevar a cabo el proceso electoral y acusó a la líder de la oposición, Khaleda Zia, de haber tomado «como rehén al país», al organizar huelgas y bloqueos antes de los comicios legislativos.
El parlamento, escogido por sufragio universal por un mandato de cinco años, elige al primer ministro y al presidente del país, si bien las funciones de este último son más representativas, al no tener funciones reales de gobierno.
El partido gubernamental, Awami League, y sus aliados se presentan sin competencia en 153 de las 300 circunscripciones de este país de 150 millones de habitantes, el tercero del mundo en densidad demográfica (mil habitantes por km2). Sin la participación del Partido Nacionalista de Bangladesh (PNB), principal formación de la oposición, y de sus aliados, la legitimidad de esta posible victoria gubernamental quedaría debilitada.
Según un sondeo divulgado el viernes, el 77% de los electores bangladesíes se oponen a la celebración de los comicios en estas condiciones y únicamente el 41% mostraron su intención de ir a votar. El mismo sondeo publicado por el Dhaka Tribune indicó que el PNB obtendría, en el caso de presentarse, el 37% de los sufragios, por delante de Awami.
La rivalidad entre Hasina y Zia, en detención domiciliaria desde finales de diciembre, impidió negociar cualquier acuerdo.
LA AMENAZA EXTREMISTA
Tras el fracaso de las negociaciones organizadas recientemente por la ONU, Estados Unidos, la Unión Europea y la Commonwealth renunciaron al envío de observadores, lo que debilita un poco más la credibilidad de los comicios y la posición de la actual primera ministra.
Para el país asiático, 2013 representó el año con más muertos en episodios de violencia desde su creación en 1971, tras su independencia de Pakistán. Desde 1975, año del asesinato durante un golpe de estado del fundador del país Cheikh Mujibur Rahman, Bangladesh conoció un gran número de golpes de estado y el asesinato de otro presidente en 1981.
El año pasado se saldó con unos 300 o 500 muertos, según las fuentes, entre ellos 140 en manifestaciones desde octubre. Los episodios de violencia están relacionados también con las condenas a muerte pronunciadas por un controvertido tribunal, que juzga los crímenes de guerra cometidos en 1971.
Los dirigentes y exdirigentes del principal partido islamista Jamaat-e-Islami, aliado del PNB pero cuya participación en las elecciones está prohibida, son los principales acusados en estos procesos. Muchos de ellos han sido ahorcados.
Para el profesor de la universidad de Dacca Imitiaz Ahmed, «la violencia podría agravarse tras las elecciones, si no se busca el consenso» entre la mayoría parlamentaria y la oposición Ahsan H Mansur, del centro de reflexión Policy Research Institute, teme que la confrontación haga finalmente el juego al «extremismo, en este caso, de tipo islámico».
El 90% de los bangladesíes son musulmanes, que conviven con hindúes, budistas y cristianos. El islam es la religión estatal, pero las leyes son seculares, herencia de la colonización británica. Bangladesh, fronterizo con India y Birmania, es el segundo exportador mundial de textil, después de China.
La confección representa el 80% de las exportaciones del país, cuyo PIB se sitúa en los 1,044 dólares por habitante. Según el Banco Mundial, uno de cada tres bangladesíes vive por debajo del umbral de la pobreza.