Tegucigalpa/ACAN-EFE
El cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez, dijo este domingo que los desplazados y refugiados son una de las mayores tragedias en el mundo, y abogó por los miles de sus compatriotas que por la pobreza tienen que migrar.
«Los desplazados y refugiados, que son una de las mayores tragedias de nuestro tiempo, amenazan con convertirse en uno de los problemas más explosivos de las próximas décadas», subrayó Rodríguez durante la homilía dominical en la catedral de Tegucigalpa.
Agregó que siempre ha habido migraciones y desplazamientos, pero subrayó que «hoy día, cuando el mundo se ha convertido en una aldea global, los flujos migratorios se han agigantado».
«Hoy tenemos que recordar esto, recordar que el Señor sigue siendo Dios con nosotros y asumir que Jesús se hace presente en los desplazados, en los refugiados, en los emigrantes actuales», enfatizó el religioso.
Rodríguez recordó a los miles de hondureños «que han tenido que dejar su país para buscar subsistir».
«Tantos hijos e hijas de familias que han tenido que migrar, tantos padres y madres de familia que han tenido que irse para que subsistan sus hijos, confiados a las abuelitas o a los abuelitos. Es muy triste que eso tenga que suceder», acotó.
Según organismos humanitarios, al menos un centenar de hondureños abandonan diariamente el país en busca de trabajo, en su mayoría con la intención de llegar a Estados Unidos, donde entre residentes legales e indocumentados viven alrededor de 1.2 millones de personas del país centroamericano.
Los inmigrantes hondureños envían cada año alrededor de 3,000 millones de dólares en remesas familiares, según fuentes oficiales.
Rodríguez, quien hoy cumple 71 años, dedicó la mayor parte de la homilía a resaltar el valor y la unidad de la familia, en la que destacó que deben prevalecer el amor, el respeto, la fidelidad, la tolerancia, la solidaridad y la protección de los mayores, entre otros aspectos.
«Hoy nos sentimos urgidos a custodiar con sentido de responsabilidad, con cariño, con ternura, este espacio de comunión, de amor y de vida, que es la familia», expresó el también arzobispo de Tegucigalpa.
Señaló además que «en todas las familias, a pesar de las debilidades, errores o pecados que no dejamos de ver y reconocer, siempre podemos encontrar esa perla preciosa, lo que hay de Dios en cada persona aunque sea muchas veces entre sombras».
El cardenal también dijo que «hoy día tristemente el mundo quiere cambiarle los planes a Dios», y que «ya no se habla de la familia conforme el modelo que Dios nos ha dejado en su palabra».
«Quisieran hacer caricaturas de la familia, poligamia sucesiva, tristeza de niños que como he dicho en otras ocasiones, parecen un juego de ping pong, una semana con uno (de los padres), otra semana con el otro», agregó Rodríguez al referirse a la ruptura de muchas familias.
Los niños, dijo el prelado, «tienen derecho a una familia bien constituida, a tener padre y madre, y eso verdaderamente es un empeño que requiere formación».
Por esa razón, añadió, «la fiesta de la sagrada familia es un compromiso de fe para proteger verdaderamente el plan de Dios», y todas las familias hondureñas deben ser «verdaderamente cristianas, evangelizadas y evangelizadoras».