He leído que en la Grecia actual, para la celebración del Año Nuevo se acostumbra hacer pasteles o panes en cuyo interior se pone una moneda. El pan o pastel se parte en pedazos que se distribuyen entre los celebrantes y, a quien le toque el trozo que contiene la moneda, ese tendrá buena suerte durante todo el año.
Sin embargo no he podido encontrar ninguna información acerca de alguna divinidad mitológica y celebración el año nuevo en los tiempos antiguos. No digo que no exista tal información, sólo que yo no la he podido encontrar.
Por el contrario, en los textos sobre la mitología romana sí se encuentra con facilidad la referencia a esa celebración. Januales, se llamaban las fiestas del nuevo año en la Roma antigua que tenían lugar precisamente en el día primero de enero.
Según el mitólogo francés, Jean Francois Michel Noël, en las Januales del primer día de enero, la gente danzaba en las calles, se hacían banquetes y realizaban otras alegrías públicas. Ese día las personas vestían sus mejores ropas (o confeccionaban ropa nueva para la ocasión) y se adornaban con joyas. Luego se reunían en un lugar público y, encabezados por las autoridades, desfilaban hacia el Capitolio (que era el centro político y religioso de la ciudad) donde se hacían sacrificios a Júpiter.
También se intercambiaban regalos, se felicitaban con abrazos y palabras de buenos deseos y durante ese día se cuidaban de no decir nada que pudiese ser de mal augurio para el año que comenzaba.
Aunque comenzaban con los sacrificios a Júpiter, las fiestas estaban dedicadas específicamente al dios Jano, de ahí que las llamaran Januales. Por eso, después de hacer los sacrificios en el Capitolio, los romanos iban al templo de Jano para ofrecerle dátiles (frutos comestibles de las palmeras), higos, miel y una torta especial que llamaban Janual. “La dulzura de estas ofrendas era considerada símbolo de presagios favorables para el año”, dice el autor antes citado.
Jano era un dios particular de los romanos, o sea que no tenía equivalente en la mitología griega de la cual Roma tomó casi todos sus dioses y creencias. Jano era el dios de las puertas, tanto de entrada como de salida, presidía el comienzo del año y todos los comienzos. A él se le invocaba todas las mañanas al levantarse y se le dedicaba el primer mes, al que llamaban Ianuarius, de donde se deriva enero en español.
Según creían los antiguos romanos, Jano, para beneficio de ellos había inventado el lenguaje, la agricultura, el dinero, la arquitectura, la navegación e incluso la organización estatal. De allí la gran importancia y participación que tenían los festejos en su honor, durante las calendas de enero, o sea el primer día de este mes.
Ccuando Roma estuviese en guerra (o sea, casi siempre) el templo de Jano debía tener las puertas abiertas, y cerradas en tiempo de paz. Se cuenta que esa regla se remontaba hasta los tiempos de Rómulo, uno de los dos hermanos fundadores legendarios de la ciudad de Roma. El otro fue Remo. Según la leyenda, cuando ellos fundaron la ciudad de Roma sólo había hombres allí. De manera que fueron a la tierra cercana donde habitaba la tribu de los sabinos y raptaron a las mujeres que necesitaban para unirse con ellas, reproducirse y poblar la ciudad. Pero los sabinos fueron a rescatar a sus mujeres, hicieron la guerra a los romanos y lograron entrar a la recién fundada ciudad. Los sabinos eran excelentes guerreros y a punto estaban de vencer a los romanos, cuando acudió Jano e hizo brotar de la tierra un potente chorro de agua caliente que obligó a los sabinos a retirarse.
Para entonces el calendario romano solo tenía diez meses y no incluía enero. Fue por decisión de Numa, uno de los primeros reyes legendarios de Roma, que se creó enero como primer del año y se estableció la costumbre de mantener abiertas las puertas del templo de Jano, durante las guerras, para que el dios de las puertas pudiera salir pronto en defensa de la ciudad, en caso de ser atacada.
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