Hasán Rohani juró su cargo en agosto con una promesa de cambio,  de restablecimiento de relaciones constructivas con Occidente y de ampliación de la libertad personal, un importante giro que, por el momento, cuenta con la aquiescencia del líder supremo de Irán, el poderoso ayatolá Alí Jamenei. En la imagen, el presidente al brindar una conferencia de prensa tres días después de ser electo. LA PRENSA/AP/EBRAHIM NOROOZI

Irán mira al mundo

El cambio del gobierno iraní, con la sustitución del radical Mahmud Ahmadineyad por el moderado Hasán Rohaní, y la firma de un principio de acuerdo nuclear marcaron el 2013 en Irán y abrieron el camino para que el país empiece a resolver la crisis que le enfrenta con el mundo.

Teherán/EFE

El cambio del gobierno iraní, con la sustitución del radical Mahmud Ahmadineyad por el moderado Hasán Rohaní, y la firma de un principio de acuerdo nuclear marcaron el 2013 en Irán y abrieron el camino para que el país empiece a resolver la crisis que le enfrenta con el mundo.

El 14 de junio Rohani se hizo por sorpresa con el 50.7 por ciento de los votos al decantarse los electores por apoyar la propuesta más moderada y dar claramente la espalda a los candidatos principalistas y continuistas.

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Hasán Rohani no ha sido capaz de cumplir promesas sencillas, como el abrir de nuevo las redes sociales a la población, por la férrea oposición de los conservadores, que temen una “colonización cultural” de un capitalismo e imperialismo de los que consideran a EE. UU. el máximo exponente.

El mandatario iraní también se ha encontrado con la imposibilidad de cumplir su promesa de poner en libertad a los líderes de la oposición Mir Hosein Musaví y Mehdí Karrubí, en arresto domiciliario, acusados de sedición y traición a la patria y que han pasado ya más de mil días detenidos.

Si ha podido impulsar reformas económicas, financieras y comerciales, que lograron en el último trimestre del año estabilizar el cambio del rial iraní. Pero aún queda un arduo trabajo para que el nuevo Ejecutivo iraní logre sacar a flote una economía que padece de una inflación del cuarenta por ciento, una recesión de seis puntos y un paro del veinte por viento.

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Los ocho años de gobierno de Ahmadineyad, y en especial los cuatro últimos, habían deteriorado enormemente los lazos de Irán y la economía del país, asfixiada por las sanciones internacionales, medidas populistas y una mala gestión. También se habían limitado aún más las libertades personales y habían incrementado las detenciones políticas, sobre todo tras las protestas que siguieron la polémica reelección de Ahmadineyad en 2009 que la oposición consideró un fraude.

LOGROS NUCLEARES

Una de las primeras decisiones de Rohani fue cambiar al jefe negociador nuclear y poner en su lugar a su ministro de Asuntos Exteriores, Mohamed Javad Zarif, un experimentado diplomático, educado en Estados Unidos y que viola abiertamente las normas establecidas con su uso del Facebook y el Twitter, vetados por el régimen y a los que no se puede acceder sin un “proxie” para evitar la censura.

En los últimos meses Zarif se convirtió en el protagonista de la política iraní, al frente del equipo negociador en Ginebra, que consiguió el 24 de noviembre, firmar un histórico principio de acuerdo nuclear con la comunidad internacional, representada por el Grupo 5+1: EE. UU., Rusia, China, Francia y Reino Unido, más Alemania.

Según el denominado Plan de Acción de Ginebra, Teherán se compromete a congelar las partes más polémicas del programa nuclear iraní, que las principales potencias denuncian desde hace una década como un intento de lograr la bomba nuclear, acusación que Irán niega.

El texto obliga a Irán a dejar de enriquecer uranio a más del 5 por ciento, disolver la mitad del que ya tienen enriquecido al 20 por ciento, no avanzar sus actividades en las plantas nucleares de Fordó y Natantz ni el en reactor de Arak y permitir amplias inspecciones del Organismo Internacional para la energía Atómica (OIEA). A cambio, la UE, la ONU y los países participantes se comprometían a levantar ligeramente algunas de las durísimas sanciones económicas que sufre Teherán y a no imponer nuevas.

AVANCE Y RETROCESO DEL ACUERDO

El pacto encontró su primer escollo el 19 de noviembre, cuando EE. UU., penalizó a 19 nuevas empresas e individuos por llevar a cabo actividades económicas que a su entender suponían “apoyar el programa nuclear iraní”. Irán consideró la medida contraria al “espíritu de Ginebra”, y ordenó levantarse de la mesa al equipo técnico que negociaba en esos momentos en Viena la implementación del acuerdo.

Días después, se calmaron los ánimos y Zarif anunció que Irán seguiría adelante con las negociaciones nucleares, que deben acordar la implementación del texto firmado y culminar en un pacto nuclear definitivo en un plazo de seis meses.

Los sectores más conservadores han criticado el acuerdo y, también, el cambio de tono de Rohani, que se considera un inicio de apertura de Irán al mundo y un acercamiento a EE. UU. Este tuvo su momento culminante en septiembre, en el viaje de Rohani a Nueva York para participar en la Asamblea General de la ONU, cuando este mantuvo una conversación telefónica con el presidente de EEUU, Barack Obama, la primera entre dos jefes de estado bilateral desde la revolución islámica, en 1979.

El silencio de Jamenei ante los cambios y su espaldarazo al equipo negociador nuclear han acallado la censura de los más extremistas y han permitido avanzar en los nuevos objetivos en materia de relaciones internacionales y nuclear.

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