Carlos René Ramírez

Paradigma de reconciliación y unidad nacional

La historia de Nicaragua está llena de ejemplos de gobiernos que se han instalado y que quieren permanecer para siempre y en su mayoría han gobernado para bienestar del que manda y su familia. Así fue el caso de los Somoza, cuyas violaciones y tropelías fueron tantas que tuvo que haber una guerra para acabar con esta dinastía y dictadura creyendo que sería sustituido por un régimen que se encausaría en una administración democrática y respetuosa. Pero esto fue una ilusión, por las tendencias comunistas del sandinismo, sobre todo por su inspiración en Cuba que inundó de propulsores de esta misma idea y eran los que ejercían el verdadero poder.

El desastre vino a Nicaragua como llegó a Cuba y nos sumergimos en una vorágine poderosamente destructiva de nuestra moralidad, buenas costumbres y malos manejos que carcomieron la floreciente economía que ostentaba nuestro país. Antes de 1979 se combatía la pobreza con vigor y eficiencia sin mayores aspavientos de logros. Nuestros campesinos tenían acceso al crédito y se les financiaba desde una manzana de siembras de granos básicos acompañado de una asistencia agronómica incluyendo créditos a mediano y largo plazo para inversiones sustentadas con sus ingresos por los cultivos anuales que dio como resultado que miles de pequeños agricultores mejoraron su situación económica, fueron inducidos a elevar su productividad y producción aumentado sus ingresos y capital, pasando a tener una “vida verdaderamente bonita”, sin la demagogia de darles un chanchito, unas gallinas, porque eso ya lo tenían.

En 1988 el sandinismo cerró el crédito rural y al campesino se le cortó su fuente de recursos, produciéndose un escandaloso retroceso, que subsiste en la actualidad y ahora vemos que solamente existen consignas y palabras que tratan de engañar diciendo que toda va bien para el hombre del campo, cuando en realidad en el área rural es donde se sufre más y la pobreza es mayor. Es posible que en el área urbana haya menos pobreza, pero nuestro país es eminentemente agrícola y en este sector todavía no hay una institución que asimile el exitoso crédito al pequeño agricultor de antes del 79, que fue distinguido por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como el mejor programa en Latinoamérica.

Ahora todo está politizado y ocupan el nombre de una cooperativa, que indudablemente no lo es, para convertirla en el banco partidista sin lograr mayores éxitos. Lo que era sandinismo se convirtió en orteguismo y vino a ser otra dictadura todavía más espuria y destructiva que el somocismo. Hablan de democracia directa pero esto lo dicen los que no son demócratas, porque quienes sí lo son respetan el resultado de las elecciones y no institucionalizan el fraude. Tampoco respetan la institucionalidad, la libertad de expresión, no aceptan críticas, agreden al pueblo que se manifiesta por algo justo como los ancianos del INNS y los que protestan contra MPeso, desplegando a las turbas motorizadas ante la indiferencia cómplice de la Policía.

Se supone que el Gobierno gestiona el bien común, atiende las opiniones que llevan una intención de saneamiento, dialoga con los diferentes sectores de la sociedad y no con uno solo, respeta a la Iglesia católica que busca el bien común no solamente de sus feligreses sino de toda la nación, y no la insulta diciendo que son provocadores de guerra y terrorismo. Un gobierno democrático no hace ninguna exclusión ni discrimina a ninguna persona o grupo social. Entonces estos que pregonan la democracia directa creen que es la que ejercen los partidarios oficialistas y no el pueblo con sus decisiones colectivas, prevaleciendo únicamente los intereses del dictador. No saben que actualmente solamente en Suiza y EE.UU. hay democracia directa y esto que los suizos la tienen solamente en dos de sus cantones y los norteamericanos en solo unos pocos estados.

Ningún buen ejemplo nos pueden dar las palabras de “reconciliación y unidad”, porque ninguna de estas acciones se lleva a cabo, pues no han pedido perdón por todos sus atropellos ni buscan la unidad del pueblo nicaragüense. Estas palabras rimbombantes son para aparentar, pero que en realidad son producto de maquinaciones mentales diabólicas que no tienen nada de cristiano y solidario. El objetivo final de toda esta farsa es perpetuarse en el poder.

El autor es cooperativista, fue funcionario del BNN.

COMENTARIOS

  1. el carolingio
    Hace 13 años

    No estoy con las arbitrariedades de Daniel y creo que esto no tendra buen se r fin pero tampoco estoy con las bondades que tenia el somocismo, por eso lo derribaron en lo que si se debera ser enfatico es en la reflexion, hay tiempo de parar en proceder con error y reconocer sus errors, pero las ambiciones destruyen cuando de politica mal llevada se trata

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