Siete demonios a exorcizar

En el ejercicio de la administración segura de operaciones, siempre se encuentran conductas que son cuestionables, que llevan tarde o temprano a lesiones o muertes. A veces, más que comportamientos, más bien parece que la persona puede estar “poseída” —figurativamente hablando— por ciertos demonios mentales. Esta persona no es necesariamente quien realiza el trabajo, puede ser su supervisor, gerente funcional o general, y a veces, toda la organización.

Carlos R. Flores (*)

En el ejercicio de la administración segura de operaciones, siempre se encuentran conductas que son cuestionables, que llevan tarde o temprano a lesiones o muertes. A veces, más que comportamientos, más bien parece que la persona puede estar “poseída” —figurativamente hablando— por ciertos demonios mentales. Esta persona no es necesariamente quien realiza el trabajo, puede ser su supervisor, gerente funcional o general, y a veces, toda la organización.

1. Prisa operacional desmedida: es increíble cómo esta situación puede interpretarse tan fácilmente como “hacelo rápido”, no importando la seguridad, lo cual es una instructiva sutil para un percance operacional. Los supervisores fallan a menudo en dejar en claro que la prisa operacional —aunque evidentemente necesaria— nunca debe pasar por encima de las reglas de seguridad. Este “demonio” aparece siempre en conjunto con su gemelo, que es la ausencia o falta de comunicación adecuada sobre las expectativas del trabajo a realizar.

2. Exceso de confianza: como dice mi colega Álvaro Chamorro, distinguido profesional del transporte de hidrocarburos, “cuando oye usted a alguien afirmar ‘qué me van a contar de cómo realizar esa tarea si tengo x años de experiencia’, téngalo entonces por seguro que esa persona está próxima a tener una fatalidad”. Es el demonio también llamado complejo de Supermán, una de las entidades más engañosas.

3. Juegos de manos: Si usted tolera esta situación, aliste la guayabera, que en breve tendrá que asistir a una vela, o la caja, porque a lo mejor va a ser la suya. Las empresas responsables tienen reglas cardinales que castigan las payasadas peligrosas.

4. Ausencia de revisión de procedimientos críticos: En trabajos con riesgos especiales, la inspección debe ser ejecutada in situ por personal con conocimientos sólidos.

5. Laxitud o blandura en la aplicación de las reglas de seguridad: No hacer cumplir las políticas, procedimientos y reglas es la peor apuesta que usted haga. Si establece una norma obligatoria, hágala cumplir aunque se acabe el mundo. La consabida postura “del pobrecito”, para eximir a alguien de una sanción disciplinaria, es una garantía de un próximo evento lamentable. Alístese.

6. Improvisación: buena parte de los eventos catastróficos ocurren por no tener planificación adecuada sobre cómo realizar el trabajo riesgoso. No contar con un plan a veces es visto absurdamente como una muestra de autosuficiencia. Nada puede reemplazar la planificación de una tarea en que las consecuencias pueden ser fatales. Siempre realice personalmente, o exija a sus contratistas, un plan de trabajo y su correspondiente manejo de riesgos.

7. Falta de conocimiento: vivimos en un país en el que la persona sin trabajo está muerta civilmente, por lo tanto, cualquiera se arriesga a hacer una actividad aunque no tenga la más mínima idea. Verifique las competencias y atestados de quien vaya a realizar un trabajo. Establezca reglas específicas que detengan el trabajo si no se tiene el conocimiento, el equipo de protección adecuado o las condiciones de seguridad establecidas para realizar la tarea.

(*) Consultor en Seguridad Industrial.

Blog: www.noalosaccidentes.wordpress.com

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