José Antonio Robleto Siles
Coincido con muchos compatriotas que las reformas constitucionales no benefician al pueblo en absoluto, benefician al grupo de poder que encabeza el presidente Daniel Ortega, quien solamente anhela su provecho personal y el mando político, con menoscabo de la estabilidad nacional.
Recuerdo de un pasado que siempre es de actualidad, es el del somocismo, que asumió el derecho de vida y muerte sobre el pueblo nicaragüense para saciar con el poder las ambiciones políticas de los Somoza y con una política populista mantenedor una causa que aprovechaban ellos y sus a familiares, sin importarles el descrédito moral, político y administrativo de Nicaragua.
Todos los 39 artículos de la Constitución a reformar, o más bien a cambiar, en su conjunto apuntan a la consolidación de un poder absoluto a largo plazo, que se viene generando y se siente desde hace rato a través de las violaciones recurrentes a la Constitución.
Por supuesto que coincido con la Conferencia Episcopal, cuando manifiesta que en estos momentos no son necesarias reformas constitucionales, porque en nada benefician al pueblo, solo al comandante Ortega. Los obispos razonan “que la actual propuesta de reformas a la Constitución, vistas en su conjunto, está orientada a favorecer el establecimiento y perpetuación de un poder absoluto a largo plazo, ejercido por una persona o un partido de forma dinástica o por medio de una oligarquía política y económica”.
Soy de la opinión que si los diputados de la bancada de oposición se sientan a discutir y negociar las reformas las van a avalar y le harían el juego a Daniel Ortega. Este y su grupo saben lo que pueden ceder o no, participen o no los diputados de oposición.
Hay que tomar en cuenta que las reformas tienen lógica para Daniel y en lo estratégico no va a ceder. Hay algunos artículos a cambiar que no son esenciales para sus objetivos y son los que van a ceder para dar atol con el dedo.
El problema para Ortega será la legitimidad de las reformas, una vez aprobadas, tanto nacional como internacional, independientemente de su aprobación con sus 63 votos que le dará legalidad pero no legitimidad, más las consecuencias que se pueden derivar.
Solo el referéndum y el plebiscito son los procedimientos constitucionales de la democracia directa del pueblo, lo demás es autoritarismo. Si Daniel se compromete a utilizar este procedimiento de consulta popular de la verdadera democracia directa, la oposición bien podría sentarse a discutir y negociar los cambios que desea Daniel.
Estoy de acuerdo con el general Hugo Torres, quien manifestó en lo referente a los militares, que Ortega embarró al Ejército y solo me quiero referir únicamente a que los militares se van a retirar cumplidos los 40 años de servicio en las Fuerzas Armadas.
El general Somoza mantuvo a un grupo de generales fieles a él por más de 40 años; las consecuencias fueron que para ascender de grado las promociones de oficiales tardaban muchos años, ejemplo, para ser ascendido de teniente a capitán se tardaba de 10 a 13 años como promedio, debido a que no retiraba a sus generales fieles y esto causaba el embotellamiento de las promociones. Había una inconformidad general en la oficialidad y también era del conocimiento de los oficiales de baja graduación cómo Somoza corrompía y enriquecía de manera premeditada a los militares fieles a él.
Quiero concluir este escrito vertiendo algunas reflexiones para el comandante Daniel Ortega: el cáncer que ha causado mucho daño a Nicaragua se llama presidentitis. Esta enfermedad crónica la padecieron el general Emiliano Chamorro y el general Anastasio Somoza García, quien la heredó a sus hijos: el general Anastasio Somoza y su hermano el ingeniero Luis Somoza. Ahora el comandante Daniel ha quedado en evidencia, por su conducta, por su práctica y por sus ambiciones, que es portador de este del mismo gen político del somocismo y pareciera que lo lleva al mismo derrotero.
Carlos Marx en el aspecto filosófico decía “La práctica es el criterio de la verdad”. Señor Ortega: Usted ha saboreado el poder, tiene suficiente dinero para vivir y heredar a sus hijos, déjeles un futuro tranquilo sin que tengan que agachar la cabeza o vayan algún día a vivir en el exilio.
La vida es un accidente y hay que saberla vivir. Hay que tener mucho cuidado con los malos consejeros, oportunistas, aduladores y lame botas.
Su hermano el general Humberto Ortega, hombre conocedor de la historia de Nicaragua, con suma sabiduría se retiró justo a tiempo aún teniendo los fierros en sus manos. El autor es ex teniente de la GN.