Querida Nicaragua: Con muy pocos días de anticipación para promocionarla publicitariamente, con poquísimos recursos y con una serie de inconvenientes que luego mencionaremos, se llevó a cabo el jueves 28 de noviembre la marcha en protesta por las llamadas reformas constitucionales, que no son otra cosa sino la ruptura total de nuestra Constitución.
Y constituyeron un gran triunfo para la democracia y para quienes la defendemos porque llegaron alrededor de 300 o 400 personas, era día de trabajo, lo cual significa que todos los empleados de las empresas privadas grandes y pequeñas no pudieron asistir, lo cual estaba previsto por los organizadores, pero era necesario hacer presencia y protestar frente a la Asamblea precisamente en los momentos en que los diputados arrodillados aprobarían el dictamen de mayoría respectivo.
Algunos comentaron que la marcha había sido un fracaso, aduciendo de que si es verdad que la inmensa mayoría de la población es opositora al gobierno danielista, deberían haber asistido a la marcha 100 mil o 200 mil personas. En qué cabeza cabe que un día jueves, a las 9:00 de la mañana, cuando todo el mundo está trabajando, habría en la marcha una concurrencia masiva.
La marcha de protesta del jueves pasado demostró que hay espíritu de lucha, que esto no es más que el comienzo de una serie de actividades que se realizarán no solo en Managua, sino en las cabeceras departamentales y en los municipios. Sobre todo demostró que hay una juventud consciente que con todo su vigor está dispuesta a luchar para que se terminen los cacicazgos, los caudillismos y sobre todo las presidencias vitalicias y dinastías hereditarias como las que pretende el señor don Daniel.
Lo que vemos ahora en el gobierno danielista es la vieja película que estamos cansados de ver en el pasado. El mismo don Daniel la vio, cuando como joven inquieto por la tragedia dictatorial y dinástica que vivía el pueblo nicaragüense, optó por la lucha clandestina y al final por la lucha armada.
Nosotros no queremos lucha armada porque la experiencia nos está diciendo que tras una guerra surge un nuevo dictador queriéndose apoderar de la nación y sintiéndose con el derecho de hacerlo por haber luchado en la guerra y haber obtenido la victoria.
Eso hizo don Fidel y lleva 54 años en el poder; eso hizo el propio Ortega con sus camaradas relegados a segundos planos, y ahí lo tenemos. De 1979 a 1990 gobernó 10 años. De 1990 a 2006 gobernó desde abajo 16 años más y de 2007 hasta ahora cumplirá otros 10 años. En total 20 años desde arriba y 16 desde abajo. Y el gusanillo del poder le ha picado fuertemente, porque ahora deja el paso libre a la reelección indefinida, cuenta con un Consejo Electoral dócil y aborregado, con una Asamblea Nacional que atiende sus órdenes a pie juntillas bajo la amenaza de ser desaforados si pretenden cambiarle una letra a los proyectos que bajan del ejecutivo.
Un pueblo entero está observando cómo su República muere, cómo se quiere instalar una presidencia vitalicia con amagos de dinastía, y es por esto que los movimientos populares cívicos irán aumentando. La marcha del jueves pasado fue exitosa porque hay jóvenes que luchan, mujeres decididas a enfrentar con valentía a la dictadura, hombres que no vacilan en hacerse presentes cuando se trata de reclamar los sagrados derechos ciudadanos. Vimos en la marcha mujeres heroicas, profesionales, políticos, obreros, todos aquellos que no están sujetos a un horario de trabajo, los que tenemos independencia plena en nuestros trabajos. Esos pudimos ir a la marcha, miles más se quedaron con el deseo de participar. Pero todos estamos conscientes de que hay que luchar recordando la sabia expresión martiana: “La libertad cuesta cara, pero hay que decidirse a defenderla, o resignarse a vivir sin ella”. El autor es gerente de radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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