Con la muerte de Escobar “respiramos aire puro porque el hombre duró más de 15 años de vida criminal. (Fue) el único capo que se ha enfrentado al Estado y la lección es que nadie que se enfrenta al Estado… (gana porque) o se va para la cárcel, se extradita o muere”, indicó el general en retiro de la policía, Luis Enrique Montenegro, quien era director de la Policía judicial cuando Escobar cometía sus fechorías.
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EFE
El mayor traficante de Colombia, Pablo Escobar Gaviria, quien murió abatido hace veinte años (2 de diciembre de 1993), dejó como oscuro legado en el país un modelo del narcotráfico que, si bien ha ido mutando su estructura con el tiempo, se mantiene todavía vigente.
Escobar dio sus primeros pasos con el tráfico de marihuana hacia EE. UU. y después consolidó su negocio y protagonismo internacional con ingeniosos envíos masivos de cocaína a ese país, empresa para la que fundó el temido Cartel de Medellín, que lideró pistas, rutas y hasta mercados.
“Pablo Escobar personifica una fase inicial importante del narcotráfico en Colombia”, dijo a Efe el sociólogo y director del centro de pensamiento sobre narcotráfico y conflicto Acción Andina, Ricardo Vargas, quien identificó elementos de orden social en el personaje.
“Proviene de una clase relativamente baja y encuentra una oportunidad en un país muy excluyente a través del narcotráfico y de la ilegalidad”, anotó, en alusión a un modelo que devino después en una cultura del “dinero fácil”.
Además, se preciaba de haber conformado “un ejército de jóvenes sicarios” que acababan con quien se interpusiera en su camino, fuera juez, policía, periodista o rival; escuela que derivó en bandas como “La Oficina de Envigado” que dirigía el extraditado narcotraficante y paramilitar alias “Don Berna” y que quedó reducida a combos.
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