La pintora Julie Aguirre recrea en su pintura parte de su vida y reflexiona sobre el ser femenino. LA PRENSA/A.AGUERO

Primitivista

Ver pintar a Olmer Madrigal, su esposo, fue para la pintora Julie Aguirre la puerta de entrada al mundo de las artes plásticas. “Miraba la alegría con que pintaba sus paisajes y rostros”, recuerda, realizada como maestra del primitivismo de rostros, paisajes e interiores.

Ver pintar a Olmer Madrigal, su esposo, fue para la pintora Julie Aguirre la puerta de entrada al mundo de las artes plásticas. “Miraba la alegría con que pintaba sus paisajes y rostros”, recuerda, realizada como maestra del primitivismo de rostros, paisajes e interiores.

Con un estuche de pintura y unos lienzos pequeños comenzó a bocetear paisajes y rostros. Fue el primer regalo que le hizo Olmer, entonces en 1973. Al siguiente año exponía unos bodegones y flores junto a obras de su esposo en la Alianza Francesa. Fue su iniciación.

“Recuerdo que llegó un señor —en ese entonces no sabía quién era— a ver la exposición, y días después escribió en LA PRENSA; comentó que le gustaban mis pinturas, que eran incipientes pero que tenían futuro. Era Jorge Eduardo Arellano. Más adelante lo valoré”, relata Aguirre.

Animada dice que se aventuró a participar en un certamen que se celebró en el Teatro Nacional Rubén Darío. Entre el jurado estaba el pintor Róger Pérez de la Rocha, y el promotor de arte Roberto Parrales. Esto para la artista fue una buena señal, porque a ambos les gustó lo que hacía.

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Uno de los premios que le dio mucha satisfacción fue el recibido en un concurso de artes plásticas en 1988, donde salió ganadora del I lugar Asilia Guillén, entre el jurado estaba el pintor indigenista Leoncio Sáenz.

En nuestro país los pintores no son dados a escribir notas sobre arte y menos sus biografías. Impulsada por rescatar la biografía artística de su esposo, la escribe; luego el estar relacionada con el mundo de los primitivistas la lleva a redactar notas que salen publicadas en libros y suplementos culturales.

En los últimos siete años su batalla ha sido por la vida. Dos infartos, y operaciones en el corazón no han logrado que deje de pintar y dirigir la Unión Nicaragüense de Artistas Plásticos (UNAP) y la galería Praxis.

“He sobrevivido gracias a mi trabajo”, dice emocionada, porque ahora su meta es exhibir en marzo del 2014 una retrospectiva de lo mejor de sus obras y celebrar así el mes internacional de la mujer, y su vida como pintora primitivista nicaragüense.

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MELANCOLÍAS DE MUJER

Si bien Olmer la animó e influenció, la pintora buscó su propio espacio, formas y colores, y desde su sensibilidad de mujer fue poco a poco creando su universo pictórico que la autorretrata.

“La mujer siempre está presente en mis temas y muchas veces pinto mi autorretrato”, confiesa Aguirre, quien por 40 años se ha dedicado a pintar la historia de la “mujer-sola, de la mujer-mamá y papá, y de la mujer-hija”.

Estos aires de melancolías que tienen muchas de sus obras, explica, tienen sus raíces en la muerte trágica de su esposo a manos de la guardia nacional, ocurrida durante el régimen militar de Anastasio Somoza García.

Cuenta que un 7 de septiembre de 1978 habían salido a vender sus pinturas, regresaron a casa con cajas de alimentos, luego él volvió a salir para nunca más volverlo a ver vivo. Lo habían denunciado que tenía armas en la casa, y la sospecha vino por lo de las cajas.

“Cuando la guardia llegó lo primero que le preguntaron fue que dónde estaban las “cajas”, no entendía, para estos momentos ya lo habían torturado. Me amenazaron, golpearon y buscaron las cajas que estaban en la cocina, y que tenían comida”. Esto fue la época más peligrosa en su vida, porque además sufrió persecución, recuerda.

Sola con su hija de 2 años, Alenka Madrigal, y aún de luto, vuelve a tomar su paleta de colores. “Para estos días no tuve tiempo ni de llorar, lo que sentía era enojo, LA PRENSA me publicó un artículo y gracias a ese reportaje de lo que viví, estoy segura, me salvó la vida”.

Después de este duro golpe se prepara y expone nuevas obras en la Alianza Francesa, así como las que había dejado Olmer. Sus temas de finales de 1978, recuerda, eran escenas preinsurreccionales del barrio María Auxiliadora en su ambiente de agitación y quemas de llantas.

Para estos días el pintor Róger Pérez de la Rocha le regaló un cuadro sobre el rostro de Olmer bañado de sangre. Esto la impactó profundamente y tuvieron que guardar el cuadro. Su mundo interior se desmoronaba, y llegó hasta sentir deseos de tomar un arma y cobrar la vida de su esposo, confiesa al transmitir su coraje por la injusticia.

DE LA PINTURA AL MURAL

La caída de la dinastía de los Somoza, y los aires de cambio, le hicieron retomar su rumbo: la pintura, y dimensionarla. Así participó en la primera reunión en la Escuela de Bellas Artes en un ambiente de hermandad. Se propuso participar en talleres de pintura y trabajar en las exposiciones de los pintores.

Su salto vendría después, cuando el poeta Ernesto Cardenal sugirió que se hicieran murales. Leonel Cerrato y Alejandro Canales fueron los primeros que levantaron las manos y formaron sus equipos junto con Genaro Lugo, María Gallo, y otros.

Inquieta, le dijo a la pintora Hilda Volg, que formaran un grupo con el “Indio” (Manuel García). Así nace el primer mural primitivista de Nicaragua, realizado en el parque Luis Alfonso Velásquez, lamentablemente borrados años después por funcionarios del entonces alcalde Arnoldo Alemán.

Este trabajo de arte público monumental ingenuo fue materia de estudio en varias universidades de los Estados Unidos, señala Aguirre.

Después de este episodio, sucedido en los años noventa, se marchó a Guatemala y solo regresó por invitación del padre Miguel D’Escoto Brockmann a pintar un mural en la casa Benjamín Linder, en Monseñor Lezcano.

Otros de los murales alusivos a la mujer los pintó en Jinotega, y en el barrio de Santa Rosa, en Managua.

Cultura Pintura archivo

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COMENTARIOS

  1. Waleska R. Cisne
    Hace 13 años

    Una gran mujer con una gran trayectoria… un abrazo a mi estimada Julie!!!… sos un ejemplo a seguir!

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