Psicóloga clínica
El dolor que deviene de una separación sentimental, fruto del rompimiento de una relación amorosa, por más positivo que sea ese rompimiento siempre genera dolor, el que debe ser asumido y aceptado.
Pero a veces nuestro pensamiento pretende que ganemos tiempo —como si pudiéramos sortear ese dolor, esquivarlo o enterrarlo— nos lanza a una carrera cuya meta es el olvido y la negación.
Meta engañosa que se irá alejando a medida que más cerca creamos estar de ella.
La razón pretende ir más aprisa que los afectos. El pensamiento es rápido y una vez asentados en nosotros, necesitan tiempo para ser absorbidos hasta aligerarse y perder su pesada carga agobiante.
La mente nos dice: “Olvídalos; no dejes que se asomen y te atormenten”.
Así no superaremos el dolor. Las cosas no mejorarán porque nos digamos, inocentemente, que “todo está bien”.
Cuando un amor se rompe y una relación se deshace, eso que llamamos “penas del corazón” no se diluyen así por así. Sucede que las heridas del alma no cierran de un día para el otro.
¿Cómo hacer para que curen efectivamente? El amor hacia uno mismo es imperante, pero en estos momentos debe ser más consciente porque necesitamos cuidar de nosotros.
Hemos dejado en segundo o último lugar personas, proyectos que atender y en esta ocasión vale reanudar los esfuerzos y retomarlos, para que así poco a poco vayamos poniendo en su lugar el dolor que nos causó el rompimiento sentimental.
Recuerda que siempre hay a quien amar y quien nos ame.
Gracias por todos los mensajes que recibo a diario, pidiendo consejos que tanto lo necesitamos. Sígueme escribiendo a [email protected].
Ver en la versión impresa las páginas: 5 B