Regulación de redes de acceso

Las entidades regulatorias y las responsables de emitir políticas públicas han eliminado de forma paulatina los monopolios legales. No obstante, la práctica regulatoria ha demostrado que el fin del monopolio legal no significa el fin de la regulación de los precios, ni la competencia plena en ciertos segmentos del mercado de las telecomunicaciones.

Hjalmar Ruiz Tückler (*)

Las entidades regulatorias y las responsables de emitir políticas públicas han eliminado de forma paulatina los monopolios legales. No obstante, la práctica regulatoria ha demostrado que el fin del monopolio legal no significa el fin de la regulación de los precios, ni la competencia plena en ciertos segmentos del mercado de las telecomunicaciones.

La regulación y la reglamentación incluso tratan hoy día de evitar los abusos anticompetitivos mediante leyes que impiden determinados tipos de conductas, como la fijación colusoria de precios o impiden determinadas estructuras de mercado tales como los oligopolios muy concentrados, todo con el fin de fomentar la rivalidad incluso entre las grandes empresas. Se trata, en efecto, de un control público, sin propiedad pública.

En general los economistas están de acuerdo en que muchos segmentos del sector de las telecomunicaciones no tienen características de monopolio natural. Así, por ejemplo, la competencia basada en la infraestructura entre operadores múltiples de servicios de larga distancia y de servicios móviles celulares, ha demostrado ser duradera y sostenible. No existe, sin embargo, un consenso económico sobre si la red de acceso fija alámbrica sigue siendo un monopolio natural y, de ser así, hasta qué punto.

La regulación de las redes de acceso, juegan un importante papel para el desarrollo de la competencia en la oferta de servicios de banda ancha. La regulación plantea un modelo de desarrollo progresivo de la competencia en escalera, desde la reventa, hasta la desagregación completa del bucle en el caso de tecnologías alámbricas.

Los primeros pasos (reventa, bitstream) permiten una competencia con un nivel de inversión bajo por parte de los nuevos operadores entrantes, y un nivel de diferenciación de la oferta igualmente bajo. Los últimos niveles (bucle desagregado y bucle compartido) requieren una inversión muy superior por parte de los entrantes, pero igualmente permite un nivel de diferenciación de la oferta mucho mayor, casi equiparable al despliegue de una infraestructura de acceso alternativa.

Que existan o no características de monopolio natural en la red de acceso puede no ser importante. Dado el desempeño históricamente pobre de la mayoría de los monopolios legales, en especial en los países en desarrollo, la mayoría de las instancias decisorias no creen que los beneficios teóricos del monopolio natural puedan tener lugar en un entorno de monopolio legal.

Así, son cada vez más quienes opinan que la introducción de la competencia conlleva ventajas comparativas favorables para todo el sector, y aunque pueden perderse economías de escala para algunos operadores, se señala que dichas pérdidas están más que compensadas por las ganancias de eficiencia debidas a la competencia.

Tras la introducción de la competencia, un gran número de antiguos operadores establecidos han conservado un poder monopólico residual en el mercado durante largos periodos. Este es el caso por ejemplo en la red de acceso del servicio telefónico básico.

Ahora mismo se impulsa en Centroamérica el despliegue de servicios de banda ancha y esta red de acceso cobra vital importancia principalmente en los centros urbanos.

No tenemos al momento evaluaciones sobre los costos de duplicidad de la mencionada red y del impacto que pueda tener el acceso compartido a la misma. Ha llegado el momento de evaluar la conveniencia de la apertura total del bucle de abonado como estrategia para la rápida implementación de los servicios de súper banda ancha basados en tecnologías alámbricas, en tanto se hace otro tanto en las redes de acceso inalámbricas y con movilidad.

(*) Consultor

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