Desde hace algunos años he venido planteando desde esta tribuna el riesgo que corre la isla de Ometepe si no se le brinda atención de forma integral al tema de la seguridad ciudadana, pero involucrándose todos los sectores: pobladores, alcaldías, empresarios locales, Policía, Ejército, Migración, Marena, Intur y quienes sean necesario.
El reciente reportaje escrito por la periodista Elízabeth Romero y publicado el pasado 11 de noviembre en el Diario LA PRENSA bajo el título “Isla bajo riesgo” pone en perspectiva la necesidad de aplicar “mano dura” contra cualquier manifestación de actos delictivos que se generen en la isla, también conocida como Oasis de Paz, donde aún reina la paz y tranquilidad.
Si bien se han registrado algunos delitos en esta Reserva de Biosfera, no se debe esperar a que estos escalen los niveles de peligrosidad y violencia ni tampoco las cantidades. Tanto las autoridades como los nativos no deben “dormirse en sus laureles” al considerar algunos asaltos, lesiones o violaciones como hechos aislados ni minimizarlos al asumir que “no son casos para alarmarse” y menos pensar que solo destaca “el raterismo”.
Sería un grave error no planificar, diseñar ni ejecutar un plan preventivo y operativo orientado a vigilar todo tipo de delito, incluyendo a ese enemigo silencioso que ha penetrado tanto a sociedades enteras como instituciones de Estado que actualmente sufren mucho: la droga. En el caso de Ometepe, este lugar no es una urbe de millones de habitantes como para no controlar cualquier brote de delincuencia.
Y bien lo expone Pablo Arcia, coordinador local de proyectos de responsabilidad social empresarial en Ometepe, al decir que el municipio de Altagracia ha sido conocido como destino de paz y tranquilidad, por lo que cualquier actividad delictiva que se registre, por muy leve que sea, afecta la percepción de seguridad.
Aunque hay limitaciones de recursos materiales y económicos, tanto la comunidad isleña como las instituciones tienen que definir sus prioridades en Ometepe y la seguridad, si no es la principal, debe ser la segunda más importante.
No es posible que desde el centro del municipio de Altagracia, hacia las comunidades de Santa Cruz, Balgüe o Mérida, se registren agresiones y asaltos sin que se capture a los hechores. En una isla donde no es fácil escapar de forma inmediata después de cometer un delito, se escuchan los reclamos de que la Policía no captura a los delincuentes. Eso es sencillamente inaceptable como también es intolerable saber que todos los días en el parque de Altagracia, o en algunos lugares del municipio de Moyogalpa, se consume cocaína, crack o marihuana y no pasa nada.
La seguridad, el orden y el desarrollo de Ometepe también requieren el importante cambio de actitud tanto de los particulares como de quienes dirigen las instituciones públicas. Y dentro de los particulares, es trascendental que padres y madres de familia velen por sus hijos, que los niños y jóvenes tomen conciencia de lo importante que es para la sociedad ometepina mantenerse alejados de flagelos como la droga u otro tipo de actividades delictivas.
Otro punto muy importante que he mencionado en otras ocasiones es que las autoridades y la comunidad deben ser rigurosas con saber quién llega a vivir a Ometepe, tanto nacionales como extranjeros, pues si los nativos no se cuidan junto con sus autoridades, ¿quién los va a cuidar? Si no se conserva la seguridad y otras virtudes de Ometepe, dejará de ser un Oasis de Paz. También hay quejas sobre extranjeros que promueven la venta, distribución y consumo de droga. Las autoridades deben investigar a fondo este asunto y aplicar lo que manda la legislación nacional.
Y en el caso de los nativos que incurran en delitos contra las personas, la propiedad pública y privada, contra la salud pública y contra el Estado mismo, se les debe aplicar todo el imperio de la ley.
También es recomendable que en ese cambio de actitud, quienes dirigen las instituciones públicas no autoricen ni promuevan actividades o “negocios” que propicien daño a la sociedad isleña.
En la medida en que los isleños promuevan diversas actividades orientadas a un verdadero desarrollo, en esa misma medida será un sociedad sana y próspera. Si en vez de otorgar un permiso para negocios insanos, se autoriza y financia una escuela para enseñar idiomas, las cosas mejorarán. Y así sucesivamente. Los isleños son dueños de su futuro. Ustedes mandan.
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