Pregunta: ¿Qué tienen en común un grupo de niños entre 9 y 10 años? Respuesta: Que son estudiantes. Que están en tercer grado de primaria. Que todos van a la escuela Triadelphia Ridge en Ellicott City, cerca de Washington DC. Y que para ellos aprender caligrafía resulta divertido.
“Me gusta escribir así a veces. Es bastante divertido”, dice Oren Dubensky después de que él y sus compañeros de 8 años lograran dominar su primera letra —la “I”— tras practicar los trazos básicos con el lápiz durante seis semanas.
“Es como si uno no tuviera que hacer más letras normales”, explica otra niña, Sophia Spence. “Podés hacer letras elaboradas en vez de solo letras normales”.
Pero fuera del aula, los adultos estadounidenses debaten para qué sirve la caligrafía en una era de cambios tecnológicos rápidos y profundos.
En Canadá, una encuesta de 718 estudiantes y maestros de segundo grado en la provincia de Quebec, principalmente de habla francesa, sugirió que quienes aprenden caligrafía logran mejores resultados en ortografía y sintaxis, gracias a una mejor capacidad gráfica.
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NO ES IMPORTANTE
El currículo escolar que comparten 45 de los 50 estados de la nación desde jardín de infantes hasta la escuela secundaria no dice nada sobre la caligrafía.
Simplemente requiere que se enseñe a escribir a mano, así como “a teclear”, una destreza antes llamada escribir a máquina y que según muchos hoy es más relevante que hacer garabatos en una hoja de papel.
“En Estados Unidos, relativamente pocas personas usan la caligrafía”, dice Morgan Polikoff, profesor asistente de política educativa en la Universidad del Sur de California, quien no ve “ninguna razón de peso” para que esta materia siga en el plan de estudios.
“Si en otros países todo el mundo escribiera a mano, se justificaría menos dejar de enseñarla”, reconoce Polikoff. “Aquí, la caligrafía ya está desapareciendo por la vía de los hechos, me parece”.
“Todo el mundo teclea, todo el mundo envía mensajes de texto, por lo que la caligrafía se ve como una especie de arte perdido”, opina Bernadette Lucas, directora de la escuela primaria Melrose Avenue Elementary School en Los Ángeles, donde el consejo escolar está invirtiendo treinta millones de dólares para proporcionar iPads de Apple a sus estudiantes.
LA OTRA CARA
A otros les preocupa que Estados Unidos pueda estar, por primera vez en su historia, educando a una generación que no sea capaz de firmar un cheque o leer la Constitución en su forma manuscrita original del siglo XVIII.
“Esto no debería estar sucediendo aquí y ahora. Todavía se usa la escritura a mano para las cosas cotidianas”, alega la legisladora de Carolina del Norte, Pat Hurley, principal impulsora de una ley de educación “de regreso a lo básico”, que obliga a enseñar caligrafía en el estado.
Hurley decidió hacer algo —“Demócratas, republicanos, todos estuvieron de acuerdo”, asegura— después de recibir a una clase de cuarto grado de su distrito en la Cámara de Representantes estatal en Raleigh.
“La maestra les pidió que escribieran una nota de agradecimiento en un papel con renglones”, dijo. “La de la maestra era caligráfica, las de los niños de impresora. Ahí me di cuenta de que no les estaban enseñando a escribir a mano”.
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