Cuando una lesión en la rodilla se volvió aguda, Marvin Benard no tuvo muchas opciones. Trataba de intentar continuar en el juego y poner en riesgo su salud para el resto de su vida, o irse a su casa con lo conseguido hasta ese momento.
Optó por lo segundo, a pesar que en su corazón existía la certeza de que aún podía batear el picheo de las Ligas Mayores, robarse algunas bases y atrapar muchos elevados en los jardines. Pero a los 32 años, Benard estaba fuera del beisbol.
“Por la forma como trabajaba y me cuidaba, me había hecho la idea de jugar hasta los 38 o 40 años. Pero no hay frustración en mí y creo que Dios me bendijo con lo que me dio. A mí no me miraban muchas posibilidades”, admite el nica.
De acuerdo a Baseball Reference, Benard pudo haberse ganado 13.7 millones de dólares en su carrera que se desarrolló con los Gigantes.
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Benard fue un ejemplo de perseverancia y determinación. Cada vez que se le presentó un obstáculo, se impulsó con más fuerza y lo venció. Trabajó duro para ello, pero “la mancha de sopa” en el mantel fue su vínculo con los esteroides.
“Me equivoqué y he asumido las consecuencias. Al inicio fue duro de sobrellevar ese asunto, porque sé que hay gente que no le da crédito a mi trabajo y cree que lo que conseguí fue por los esteroides, pero yo sé que trabajé duro”. asegura.
Tras elevarse a .290 con 16 jonrones, 100 anotadas y 64 remolques en 1999, Benard logró una mejoría sustancial en su salario y para el 2002 y 2003 estaba ganando 4.2 millones de dólares por campaña, tras un pacto por 11 millones.
“Sé que me gané lo que se me pagó. Me equivoqué y eso no estuvo bien, pero mi conciencia está tranquila. Cada error que he cometido en mi vida me ha llevado a ser la persona que soy hoy día. Así que ahora veo hacia adelante”, afirma.
Adelante podría estar un puesto como entrenador de bateo en una escuela o una universidad. Pero para cumplir ese objetivo, Marvin tiene que disponer de un título de estudios superiores y en eso ha centrado sus esfuerzos ahora.
“He vuelto a estudiar porque necesito mi título para ser coach en una universidad, que es mi deseo. Por ahora no quiero vincularme al beisbol profesional porque eso me demandaría mucho tiempo y me alejaría de la casa”, explica el nica.
Benard reside en el estado de Washington y ha tenido ofertas de varios equipos para ser coach de bateo o scouts, pero las ha rechazado. Quiere enseñar en la universidad, dice con insistencia.
Mientras ese momento llega, Benard estudia y entrena a su hijo Isaac, quien será elegible para el “draft” (sorteo del beisbol amateur de Estados Unidos) en el 2014 y se asegura que podría ser seleccionado en una ronda considerable.
“Isaac no corre como yo lo hacía, pero tiene buenas herramientas y vamos a ver qué pasa cuando llegue el ‘draft’. Él está entusiasmo”, aseguró el exbigleaguer pinolero.
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