Luis Sánchez Sancho

Amon-Ra y Atum-Ra

A propósito del artículo del intelectual nicaragüense Pablo Centeno Gómez, sobre la afición a los gatos del desaparecido poeta nicaragüense Carlos Martínez Rivas, el cual fue publicado en la sección Literaria de LA PRENSA el sábado 26 de octubre recién pasado, me pregunta un amigo lector si habría un error en el nombre de un dios egipcio que se menciona en dicho escrito.

Se refiere a que Centeno Gómez habla en su artículo de la diosa egipcia Bastet, de quien “en el antiguo Egipto se creía que era esposa e hija de Atum-Ra, dios del sol, o hija de Osiris e Isis. Bastet —deidad de la feminidad, de la ternura maternal, la música, la danza y la alegría—, se solía representar como un felino sentado de cuello estilizado o como una mujer con cabeza de gato, que en la mano porta un sistro”, escribió el investigador literario nicaragüense quien es especialista en la obra de Martínez Rivas.

La pregunta —o más bien dicho la duda— del lector, es la de que tal vez Centeno Gómez se habría equivocado al decir Atum-Ra (o acaso fue un error de LA PRENSA al transcribir su escrito), pues según su conocimiento en el antiguo Egipto había un dios que se llamaba Amón-Ra, pero no sabe nada de un tal Atum-Ra.

Pero la verdad es que ni Gómez Centeno se equivocó ni fue un error de LA PRENSA la mención del dios Atum-Ra: este sí era una de las divinidades principales de los egipcios, del mismo rango que Amón-Ra.

Atum, cuyo nombre egipcio era Itemu pero los griegos lo llamaban Atem o Atum, era un antiguo dios egipcio cuyo culto se practicaba principalmente en la ciudad y región de Heliópolis.

A Atum se le representaba con la figura de un hombre que lucía en la cabeza una doble corona, o bien como un anciano con barbas. En algunos casos se le imaginaba con la cabeza de carnero y en otros con la de mangosta (un pequeño mamífero carnívoro propio de Eurasia y África), pero en todo caso, su particular significación consiste en que fue el primer dios egipcio al que se le representó con el cuerpo de un ser humano. Hasta la aparición de Atum, todos los dioses egipcios solo tenían figuras de animales.

Amón, por su parte, cuyo nombre egipcio era Imen (Amón era su nombre griego) era el dios superior, equivalente a Zeus de los griegos y a Júpiter de los romanos, a quien se le adoraba originalmente en la ciudad y región de Tebas. Su culto se extendió después a Karnak y Luxor, y cuando Tebas se convirtió en la ciudad más importante de Egipto, Amón fue el principal de los dioses de todos los egipcios.

Ra era otro dios egipcio muy importante de los egipcios, simbolizaba al sol y en sus orígenes se le representaba con la figura de un hermoso halcón. Andando el tiempo, después que a partir de Atum los dioses fueron representados mediante las figuras de cuerpos humanos, la imagen de Ra fue modificada y convertida en la de un hombre con cabeza de halcón. Pero en las creencias de los antiguos egipcios Atum era también dios del sol y del cielo y se le consideraba como dador de la vida y por lo tanto también de la muerte.

Por razones políticas y religiosas derivadas de la unificación de todos los territorios egipcios bajo el reinado de un solo emperador —que los egipcios llamaban faraón—, los cultos de Amón y de Ra fueron unificados, y de allí nació la divinidad única que fue denominada Amón-Ra.

Por idénticas razones también fueron unificados los cultos a los dioses Atum y Ra. De esa manera surgió el dios Atum-Ra al que Pablo Centeno Gómez menciona en su artículo publicado en LA PRENSA sobre el poeta Carlos Martínez Rivas y su curiosa pasión por los gatos.

Amon, Atum y Ra eran tres dioses distintos de los antiguos egipcios. Por razones políticas y religiosas, al unificarse los reinos egipcios en un solo imperio, el culto de Amon fue unificado con el de Ra, naciendo así Amon-Ra, y lo mismo ocurrió con Atum, que pasó a ser Atum-Ra.

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